Desde hace unos meses se vive un ambiente acalorado en México entorno a la propuesta que la Presidencia hizo para reformar la Constitución para permitir los matrimonios entre personas del mismo sexo. Las reacciones no se pudieron esperar. Por un lado, las personas en favor de este tipo de iniciativas “lanzaron las campanas al vuelo”. Los principales diarios y medios electrónicos celebraron la noticia en primera plana acompañándola de elogios y reconocimientos. Al mismo tiempo se generaron otro tipo de reacciones, digamos contrarias. Estas reacciones vivieron de parte de los sectores de la sociedad que los medios de comunicación, críticos de blog, usuarios de Twiter, Facebook, intelectuales y activistas sociales denominan como “conservadores.” Esta amplia gama heterogénea de “conservadores” no está de acuerdo con la iniciativa Presidencial y consideran, con base en su opinión personal, fe, ideología o libre expresión, que el Estado debería reconocer únicamente como matrimonio y familia...
Interpretando la economía de los bienes raíces, sorteando las olas de la oferta y la demanda. Sin mucha planeación pero con mucha locura o fe (que a veces pueden ser sinónimos), decidimos mudarnos de casa. El cambio, aunque abrupto, resultó sorprendentemente favorable. Gracias a Dios conseguimos una casa adecuada y con mejor ubicación en la misma área. Lo titánico de la tarea fue empacar nuestras cosas, trasladarlas e instalarlas en el nuevo lugar. El ejercicio, además de físico fue profundamente emocional. La última mudanza fue hace 5 años. Nuestra hija mejor aún no nacía. Éramos otras personas y con menos cosas. No soy fan de las mudanzas, llevo más cambios de casa en mi historia personal de los que me gustaría. Siento que tantos cambios no me ayudaron a “echar completamente raíces” en un solo sitio y tal vez yo necesitaba esa seguridad. En cambio, los cambios me otorgaron los superpoderes de la adaptación y la flexibilidad. En esta mudanza Ale y yo queríamos c...
Introd ucción Desde hace unas semanas, particularmente desde el 20 de enero, reconozco en mi corazón frustración, impotencia y angustia. No es solo el nuevo presidente en EUA sino la maquinaria evangélica que lo sustenta acríticamente. Es vergonzosa la irresponsabilidad y ligereza con la cual líderes y pastores se apresuraron a elogiar y ungir durante la campaña a cierto candidato al punto de rayar en proclamarlo casi como “salvador” una vez que asumió el cargo oficialmente. Aquí no importa si el compromiso se va con la derecha, la izquierda, los conservadores, los libertarios o los progresistas. El error es el mismo. El compromiso acrítico e irresponsable nos seduce al suponer que apoyar determinado proyecto político e ideológico es equivalente a la causa del Evangelio. Así entonces, la oposición política es vista como oposición al Evangelio. Y el otro que piensa distinto es un enemigo de la fe, Dios y la patria. Al leer las noticias de nuestros vecinos, y tambi...
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