miércoles, 25 de febrero de 2009

Es un camara lenta...

No me siento bien, tal vez no lo estoy,
me siento cansado, desanimado, sorprendido,
dolido.
Algunas veces no lo demuestro,
en un tiempo fui buen actor;
me escondía, sufría en silencio y solo,
ya no acostumbro a hacerlo, auque lo pienso.
Pero no quiero hacerlo.
Porque es como tirarse a un abandono de silencio,
prefuero expresarlo -como ahora-, con gestos, miradas,
silencios y ausencias.
Ha conversaciones que te cambian,
temas que te llegan por sorpresa
y quebrantan,
otros que te cuesta trabajo dejarlos ir.
No quiero silencios Dios, quiero escuchar tus palabras
que me sorprenden y colocan en una realidad,
que si bien duele da esperanza, amor y fe en ti,
para poderla resistir y vivirla,
disfrutando del calor del hogar en donde se encuentra paz,
pero no la paz de ausencia de dolor y guerra,
sino una paz que conforta, alienta y da gozo.
Hoy a pesar de mi, fue un buen día,
la búsqueda y la ironía del otro me hizo recordarte y reorientarme.
Lo pensé y lo sigo pensando,
todavía no cambio ni me he retractado,
nuestra sociedad parece que nos obliga a hablar,
cuando tú nos mandas a ser y dar.
Todos dicen algo, o decimos,
hay una necesidad de construir la realidad de una forma que tenga sentido,
Malditos poetas donde están que el mundo está siendo victima del deconstruccionismo!
Dónde están cuando se les búsca y necesita?
Las palabras hoy como ayer salvan, por eso es necesario recobrarles el sentido y valor.
Hoy no escribimos palabras sueltas al viento, para nada,
son tesoro precioso,
las escribimos para que se lean y escuchen,
por ese acto casi mágico de artícular y darle sonido a los símbolos para entendernos...
Qué te digo cuando escuchas de mi un "te quiero"?
Hablar ayuda a recobrar esperanza,
porque hablar te da esperanza,
pues escribimos en algún momento para no sentirnos solos,
sino para buscarnos y una vez encontrados,
hablarnos de frente, uno acerca del otro: conocernos.
Escribimos y hablamos para llenar el vacío entre nosotros mismos,
para encontrarnos en nuestras respuestas
y reconocernos en la medida que entiendes mis silencios en mis comas...
Hoy, Señor mío, me sacaste de mi mismo,
me hiciste buscarte.
El diálogo es la expresión más bella del hombre,
por medio de el se construyen realidades,
nosotros construimos a partir de éste
y así damos fe de que somos hechos a tu imagen y semejanza,
Dios creador.
Pero los argumentos construyen laberintos,
donde nos podemos esconder en la comidada de esos sitios,
para no escucharte, no responderte, simplemente ignorarte.
Para ti no hay obstaculo, eso lo sé, me da aliento,
tú sorprendes al astuto en su astucia y al sabio en su necedad,
lo desnudas derribando sus barreras,
para que se enfrente a tí en toda tu santidad, justicia y majesuosidad,
para reconocernos nada y faltos ante lo completo y absoluto de tu ser.
Nos hablas para responderte y la historia misma del hombre es tan solo
un cúmulo de respuestas diferentes y un espacio para pronunciar otras.

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