martes, 28 de febrero de 2017

Sobre el ateísmo en la Biblia

Hace unos días los titulares de varios periódicos daban la noticia de que Francisco “dijo”, “insinuó” o “sugirió” que “es mejor ser ateo que un católico hipócrita”. Algunos bien intencionados ateos tal vez celebraron la declaración y probablemente algunos fieles cristianos (católicos y evangélicos principalmente) se  quedaron perplejos. Y tal vez algunos conservadores evangélicos dispensacionalistas “corroboraron que el Papa es el Anticristo”.

No es mi intención defender a Francisco, pues considero que los hechos fueron diferentes a como los presentaron los periódicos. Ejemplo: cinco periódicos distintos: RT noticias en español, El Universal, Excélsior, Univisión y El País.

Periódico         Encabezado de la nota                         
1. RT noticias: El papa Francisco insinúa que "es mejor ser ateo que un católico hipócrita"
2. El Universal: “Es mejor ser ateo que un católico hipócrita”, asegura el Papa
3. Excélsior: “Mejor ser ateo que un católico hipócrita”: Papa Francisco
4. Univisión: El Papa sugiere que es mejor se ateo que un católico hipócrita

5. El País: El Papa denuncia la doble vida de algunos católicos 

Quien haya leído las noticias encontrará que casi todas citan las mismas palabras de Francisco. Una de esas  frases, Francisco dijo: “Cuantas veces hemos oído todos decir “si esa persona es católica, mejor ser ateo”. Básicamente leemos que, en opinión del Papa, para algunas personas el catolicismo no  resulta atractivo a causa de la doble moral de ciertas personas que se asumen como católicas. Son las personas que ven la doble moral de algunos católicos, quienes, según Francisco, prefieren ser “ateas”, en lugar de católicas.

Regresando al asunto de los periódicos. Cuatro de cinto periódicos mencionados arriba pusieron en boca de Francisco el “mejor ser ateo”. El periódico que más se apegó en su titular al contenido de la noticia fue El País de España. En fin, no podemos negar que un titular como el que aparece en los otros cuatro resulta más atractivo para leer mientras se naufraga por las redes sociales.

Sin embargo, ya encarrilado en el tema propongo una reflexión para quien desee seguir leyendo.
Una reflexión

Es interesante notar que en la Biblia no se hace mención de los “ateos” en los términos que significan para nosotros, esto es: la negación de Dios. Esta postura mayormente nos llega de la Ilustración y el auge de las ciencias modernas. Parece ser que la única ocasión en la Biblia donde aparece la palabra “ateo” es en Nuevo Testamento, específicamente en la carta de Pablo a los efesios, capítulo 2 y verso 12: 

“recuerden que en ese tiempo ustedes estaban separados de Cristo, excluidos de la ciudadanía (comunidad) de Israel, extraños a los pactos de la promesa, sin tener esperanza y sin Dios (ateos) en el mundo.”

Recordemos que la palabra “ateo” proviene del griego ἄθεος, compuesta del prefijo ἀ- ("no") y θεός ("dios"), que literalmente significa: “sin dios”. De tal forma que el “ateo”, etimológicamente, podría definirse más como una persona sin fe en dios (aunque no esté necesariamente implícita la duda de su existencia). No como una persona que niega la existencia de Dios. No obstante, en la actualidad “ateísmo” se identifica más con la segunda acepción: la negación explícita de la existencia de Dios.

En esta publicación no pretendo hacer una defensa de Dios planteando argumentos apologéticos al estilo de la vieja guardia. Sin embargo quiero explorar brevemente cómo el ateísmo tal como lo entendemos generalmente hoy, producto de la Ilustración y el auge de las ciencias modernas,  no aparece en la Biblia, ni en la Antigüedad, y cómo es que, a pesar de que muchas personas se asuman como ateos, se sigue rindiendo culto a algo o a alguien.

Como mencioné anteriormente, en la Biblia sólo aparece una vez la palabra “ateo” y hace referencia al “estar sin Dios”, no a dudar de la existencia de Dios. (No Adrián Romero, Jesús no se declaró ateo en la cruz). Tengo la sospecha que solamente en una sociedad sustentada en los viejos cimientos cristianos se puede expresar el ateísmo sin sufrir consecuencias como en la Antigüedad. Recordemos que tanto en Grecia o Roma, el tema de la religión y los dioses era tema también político. Declararse “ateo” en Grecia equivalía a una declaración política contra el dios o la diosa de la polis, y acarreaba consecuencias penales. Algunos filósofos hicieron declaraciones “ateas” al cuestionar la naturaleza de los dioses, o para burlarse de las prácticas religiosas de su tiempo. Incluso nombrar “ateo” a una persona era una especie de acusación. Recordemos a Sócrates, a quien le acusaron de “corromper a la juventud y no creer en los dioses de la polis”. El filósofo fue condenado a morir bebiendo la cicuta.  

La negación de la existencia de Dios tal vez es cosa de la modernidad porque encontró en la ciencia y el progreso de la razón humana el sustituto perfecto. Desde la Ilustración algunos europeos celebraban la independencia de Dios y las explicaciones desde la fe para comprender el mundo. Con el auge de las ciencias naturales y la razón, el método científico permitía al hombre entender el universo y sus leyes. Recordemos  como Laplace respondió a Napoleón, cuando el emperador de los franceses le cuestionó por qué no mencionaba a Dios en su trabajo sobre la mecánica celeste: “Señor, no necesito esa hipótesis".

Desde entonces la ciencia y la religión parece que se han metido a un debate épico. Los unos para “demostrar” la existencia de Dios en términos científicos o razonables. Los otros para terminar de sepultar a dios con los avances y descubrimientos científicos que “explican” el universo y la vida científicamente. No pretendo resucitar ese viejo debate. Cada vez espero que termine de pasar.

¿Qué pasa con la Biblia? En toda la Biblia no hay un lugar donde se cuestione la existencia de Dios. Se da por sentado que él es Creador, e intervino en la historia para hacer un pacto con un pequeño pueblo, como parte de su proceso de revelación y redención cósmica que culminó en Jesucristo. Las primeras palabras de la Biblia son: “En el principio Dios creó los cielos y la tierra…”. Los autores no compartían una cosmovisión moderna poniendo en duda la existencia del Creador. No trataron de explicar el universo científicamente. El Génesis no debe ser leído como un tratado científico, ni siquiera por cristianos.

Sin embargo, en las Escrituras si encontramos, particularmente en el Antiguo Testamento, algunas inquietudes sobre Dios, pero que no podríamos llamar ateas, en el concepto moderno del término que niega la existencia de Dios. Así el Salmo 14 dice:

Piensan los insensatos: “No hay Dios”.
Son perversos, su conducta es detestable,
no hay quien haga el bien.
El Señor desde los cielos contempla a los humanos
para ver si hay algún sensato que busque a Dios.
Pero todos se han pervertido,
se han corrompido sin excepción;
no hay quien haga el bien, ni uno solo.

 Y el Salmo 53
El insensato piensa: “No hay Dios”.
Son perversos, su conducta es detestable.
No hay quien haga el bien.
Dios desde los cielos contempla a los humanos

Completemos este panorama con otros textos más como Job y Eclesiastés. En el primero de estos libros, el justo Job cuestiona la acción de Dios, su aparente castigo no tiene correlación con pecados cometidos. ¿Por qué Dios hace esto? Job desea presentar su queja a Dios, de quien a pesar de su circunstancia,  no duda su existencia. El autor de Eclesiastés, por su parte, pone énfasis en los absurdos de la vida, su pesimismo es tal que incluso sorprende. Pero no se queda ahí, hay algo diferente, el sin sentido adquiere un tono distinto cuando introduce a Dios: “Lo mejor que puede hacer el hombre es comer y beber, y disfrutar del fruto de su trabajo, pues he encontrado que también esto viene de parte de Dios”.

Con estos textos sobre el escritorio, arrebatadamente cabría la aclaración de que en el Antiguo Testamento no hay un germen de ateísmo en cuanto a negación de Dios. No obstante, sí hay una duda sobre si Dios está actuando en la historia. Considero que los autores del Antiguo Testamento tienen esa preocupación en mente. El autor de los salmos opina que los “insensatos”  no niegan a Dios, sino niegan que él vaya a hacer algo, por lo tanto, se sienten en libertad de cometer maldades sin temor a recibir un castigo de parte de Dios. Mientras tanto, Job considera que Dios no está actuando bien con relación a él y a su condición justa.

Nuestro contexto es diferente, sin embargo, ¿Cabría la posibilidad de que alguien fuera realmente ateo? Hablando como quien niega la existencia de Dios, sí. Hablando como quien no cree en Dios, sí. ¿Contra qué dios se está reaccionando así? Por ahora creo que el dios que cultiva más ateos es el Dios de la fe cristiana. No estoy queriendo decir hay más de un dios, sino simplemente que es ante el Dios de la fe cristiana: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, que las personas reaccionan declarándose ateas por diferentes circunstancias. ¿Por qué? Es una buena pregunta. No estoy completamente seguro, pero tal vez tiene que ver por las implicaciones éticas de adorar a este Dios.


Sin embargo, ¿Es posible que las personas que se asumen como ateas no adoren a alguien o a algo? Me temo que no. A pesar de que la secularización proponía el repliegue de lo religioso, hoy podemos reconocer que el mundo sigue siendo igual de religioso que antes. Si bien la búsqueda de espiritualidad ahora encuentra diversas opciones en el mercado, vemos que las personas siguen adorando a alguien o algo. Incluso quienes niegan que existe un Dios.

Hay un resurgimiento de religiones nativas o autóctona. En Islandia se planea construir un templo en honor a los dioses nórdicos como Thor u Odín. En México y América Latina hay innumerables asociaciones que retoman danzas y fiestas de las religiones prehispánicas. Incluso en Estados Unidos seguidores del satanismo develaron una escultura en Detroit y abrieron un templo nuevo en Salem. Todo esto sin mencionar aquellas personas que no le ponen nombre a su dios, pero que la ciencia todopoderosa o el progreso humano ocupan el lugar de una divinidad. Todos adoramos. Incluso al dinero.

Los ateos podrán vivir negando la existencia de Dios, pero no podrán de dejar de adorar. El problema real es qué o a quién adoramos. A qué cosa o qué persona le estamos dejando ser señor de nuestra vida. De ahí surgen más preguntas, algunas de ellas podrían ser: Cómo es esa divinidad, cuál es su carácter o cómo se relaciona con los seres humanos. O en todo caso, ¿Cómo concibo el mundo, mi vida y las relaciones con las demás personas y la naturaleza, si la búsqueda del dinero, el prestigio o el poder son el dios que he decido adorar?

El Dios revelado en las Escrituras y por Jesús pone el amor a Dios y el amor al prójimo como el mandamiento más importante. Cuando este Dios no es el centro de nuestra adoración lo está siendo otra cosa. El debate de una ética sin Dios que la sustente sigue vigente. Entonces, tratando de terminar siendo controversial,  no hablemos de “ateos”, sino de “idólatras”. 

viernes, 17 de febrero de 2017

Prayer of a Latin-American in Vancouver

*Gracias a Alejandra Ortiz por su ayuda en la traducción de este poema.

Este poema fue publicado en este blog primero en español
"Oración de un latino en Vancouver", puedes leerlo aquí: leer en español

Oh God
You know me better than I do
And better than all of them
You understand why I cannot
Stop seeing you on earth
Even if in this place my brother and sisters
Are fixated to see you in the heavens
Glorious and admirable
Full of grace and true truth
I don’t know if they know
But they pray and praise you
Even with metaphors of power
But for me and my own
Power is oppressive
It exploits
The powerful are not our friends
Nor from our countries
Not even here where we are migrants
Because they impose their desires with force
Their biblical interpretations
Destroy our governments
Invade our land
Steal our natural resources
They apply to us their treaties and their theology
With that experience as heritage
You will know to forgive me
If I don’t adore you or pray like them
Or if I don’t look for you in the heavens
In a throne with all your crowns
Over your bloody forehead
Oh my God
I don’t only see you in an idea or in the truth
But incarnate here on earth
Walking with us
Suffering as us
The onslaught of the conqueror
Like in our colonized and
Neo-colonized countries
Surrounded by those who give life
With all their limitations and deficiencies
Here we adore you and pray
With our songs and with dancing
With your image speaking through common stories
Questioning the teachers of the law
Ejecting the merchants from the temple
Contradicting the empire
You will know to forgive me
If I adore you and do it from the margins
Looking for you on earth
As your main expression of love
Assuming full humanity
Dying as one more victim
Of all the dictatorships and
Resurrecting.

martes, 7 de febrero de 2017

Las tentaciones. Parte I.


Hace unas semanas escuché un sermón en la iglesia West Point Baptist Church sobre el pasaje de las tentaciones de Jesús en Lucas 4:1-13. Caló hondo. En las primeras semanas del año 2017, cuando se inicia un año más con todas sus posibilidades, de repente me encuentro llamado a revisarme a la luz de las tentaciones de Jesús. Cuando dejamos que sea la Biblia la que nos lea, inevitablemente nos encontramos con Dios y con nosotros mismos. Así, tal cual es y tal cual nosotros somos hoy, en este tiempo-espacios, con nuestra historia, anhelos, deseos, experiencias y sueños.

Esto me ha llevado a dedicarle más tiempo a la lectura, meditación y oración del pasaje. Invito al lector o lectora a acompañarme en este proceso que estaré registrando en diferentes entradas del blog explorando las tentaciones desde las siguientes aristas.
  1. La privatización y cristianización de las tentaciones de Jesús
  2. El pasaje de Lucas 4:1-13 en el contexto del Libro Lucas-Hechos
  3. Las tentaciones de Jesús en la narrativa bíblica
  4. Las tentaciones en el arte. Un breve recuento.
  5. ¿Cuáles son las tentaciones para nosotros hoy?


En ningún momento pretendo que este esfuerzo agote el tema sino invite a la reflexión y vivencia de la fe en cada uno de nuestros contextos. Espero estas ideas nos inviten al diálogo, a continuar dejándonos leer por la Escritura y a la vivencia de la fe en adoración y misión por la obra de Dios en nuestra vida.  

La privatización y cristianización de las tentaciones de Jesús

El primer aspecto del que me gustaría hablar es sobre ese desplazamiento desapercibido por el cual la tentación se convierte en algo privado e individual. Lo que he llamado “la privatización”. Es interesante como en la cultura el término “tentación” ha sido atado casi totalmente a la sexualidad o la lujuria. De tal modo que “tentación” se convierte en una advertencia  o invitación a ejercer la sexualidad de cierta manera o fuera de cierto marco moral. De hecho, en Tijuana algunos tables dance usan la palabra “tentación” en su publicidad como punto central. No obstante, cuando leemos el relato de Lucas ninguna de las tentaciones tiene como objeto la sexualidad. El diablo no le ofrece a Jesús jovencitas desnudas para su placer, como aparecen representadas en el arte las tentaciones de San Antonio.

Trabajo con jóvenes universitarios en el ministerio universitario y alguna vez colaboré en el equipo de un grupo de jóvenes en la iglesia a la que asistí. Con frecuencia en estos contextos se pueden escuchar a jóvenes cristianos reconocer sus tentaciones en el área sexual: sus culpas por dejarse llevar en un momento apasionado con su pareja, sus problemas con la pornografía y la masturbación o la atracción por personas del mismo sexo.  Algunas iglesias trabajan intencionalmente estos temas con sus grupos de jóvenes.

Sin embargo, esta pequeña muestra me deja ver lo mucho que la “tentación” ha sido llevada al área privada, donde no tiene relación con el resto de las personas. Esto es un engaño. Lo que leemos en el texto de Lucas  es a Jesús siendo tentado a transformar piedras en pan para alimentarse; adorar para recibir los reinos de la tierra y lanzarse desde el pináculo del templo para ser reconocido como el Mesías por los judíos. Las tentaciones estaban dirigidas a cuestionar la identidad misma de Jesús como Hijo amado en quien Dios está complacido. La tentación incluía el poder, el dominio, el cumplir su misión por la cual fue enviado por el Padre bajo otros estándares que excluían el servicio, la obediencia y el sacrificio.

Creo que el reconocimiento de cualquiera de nuestras tentaciones en el  contexto de la comunidad de fe es importante para ser fortalecido por hermanos y hermanas. En este contexto nadie es juez de nadie y todos participamos de la misma gracia del Señor, podemos extendernos la gracia unos a otros y acompañarnos en las áreas en las que nosotros somos faltos.

Esto me lleva a la siguiente cara de la tentación: la cristianización de las tentaciones. Como mencioné anteriormente, la tentación se entiende en lo privado y se limita casi únicamente al área sexual. Pero qué hay de la tentación al poder, de la soberbia, la tentación al dinero o el de la autosuficiencia. Me gustaría ver más en el contexto de la iglesia a personas admitiendo su tentación al poder o a la avaricia. ¿Por qué esto no sucede con la misma regularidad? Porque creo que hemos cristianizado alguna de estas tentaciones y las hemos llamado “éxito” o “bendiciones”. Si el hermano alcanzó cierta posición de liderazgo y se hace obedecer: “¡Qué bendición!”; si la hermana busca y desea poseer más dinero por el dinero mismo: “¡Qué bendición!”. Una tentación flagrante es la de ejercer un liderazgo  basado en el poder y no en el servicio, tal como lo enseñó Jesús. Esta es una tentación que está acabando con muchas personas del pueblo de Dios.



Por lo que veo necesitamos caminar dejar de privatizar las tentaciones. Si las buenas noticias son integrales porque Jesús es el Señor de toda la creación, la redención afecta a todo el cosmos y no hay área donde Jesús no sea el Señor. Me atrevo a decir que la tentación también es integral, nos afecta en toda la complejidad como seres humanos, en la forma que se nos invita a tergiversar las relaciones que establecemos con Dios, otras personas, la creación y nosotros mismos.

Conozco amigos cuyas mayores tentaciones no son en el área sexual y más de algunos les tenemos “envidia”. Pues sus mayores tentaciones son en otras áreas de la vida. No sin sentido del humor alguien alguna vez dijo: “te cambio de tentación”.  Pero esto nos deja ver la grandiosa oportunidad que existe en la comunidad. Algunas personas pueden ayudarnos a caminar siguiendo a Jesús, con su presencia, con su amor, con sus oraciones, recordándonos quien es nuestro Señor y lo que ya ha hecho por nosotros. Insisto: la tentación al poder es un tema que se debería hablar más en el contexto del liderazgo. Cuanta salud traería si las personas en liderazgo reconocen esto y son acompañadas por otros a vivir en el amor y servicio como Jesús.

¿En qué áreas de la vida somos realmente tentados? La tentación sólo invita a asumir otro camino que no es el de Jesús, este camino, en cualquier área de la vida inevitablemente causará dolor, sufrimiento y muerte, a nosotros y a los demás.

El escritor (o escritora, quien sabe) a los Hebreos dijo:

Y ya que contamos con un sumo sacerdote excepcional que ha traspasado los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, mantengámonos firmes en la fe que profesamos. Pues no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades; al contrario, excepto el pecado, ha experimentado todas nuestras pruebas.  Acerquémonos, pues, llenos de confianza a ese trono de gracia, seguros de encontrar la misericordia y el favor divino en el momento preciso.
Hebreos 4:14-16

Tenemos esperanza, Dios no está sentado en un trono observándonos para esperar el momento en el que fallamos y castigarnos con su garrote. No. Esa imagen no corresponde al Dios revelado por Jesús. No. Dios no nos ha excluido. No. El Padre amoroso nos ha perdonado de nuestros pecados y nos los recordará jamás. No. No estamos solos ante nuestras tentaciones, Jesús, el Hijo de Dios, Dios-con nosotros-, experimentó la tentación. Jesús mismo fue tentado y sabe qué experimentamos nosotros en esos momentos. Él venció a la tentación. No. No podemos en nuestras fuerzas resistir la tentación. Es Dios mismo en nosotros, por medio de su Espíritu, el que nos da el poder para resistir y vencer.

Tenemos esperanza. Dios está con nosotros.