martes, 27 de agosto de 2013

¿Para qué sirve la teología?



Dejo un fragmento de un libro muy interesante que sirvió como introducción a temas como teolofía y misión integral.

¿Para qué sirve la teología?[1]
René Padilla

Relativamente pocos evangélicos latinoamericanos consideran que la reflexión teológica es indispensable para la vida y misión de la Iglesia. La idea que prima entre nosotros es que la teología es un mero pasatiempo de intelectuales. Un ejercicio mental que distrae la atención de una elite que no tiene interés en los aspectos prácticos de “la Obra”. Un juego efímero, inútil.
Admitamos de entrada que con demasiada frecuencia los teólogos han dado ocasión a esa actitud negativa hacia la teología. Han olvidad que su labor sólo tiene sentido si se mantiene vinculada estrechamente al ser y quehacer de la Iglesia. Han adquirido para  la teología la carta de ciudadanía en el mundo de las disciplinas académicas, más preocupados por su propio status que por la fidelidad del Evangelio. Han “profesionalizado” la reflexión teológica y la han aislado de otras disciplinas humanas, privándola así de toda posibilidad de concreción histórica.
Sin embargo, hay razones de peso para afirmar que en lo que atañe a la vida y misión de la Iglesia, no basta el pragmatismo, es decir, el énfasis en el cómo divorciado del por qué y el para qué.

Una razón es que sin la iluminación de la Palabra, la acción se transforma en activismo sin sentido de dirección. A la teología le compete la importante tarea de evaluar lo que se está haciendo, y de evaluarlo a la luz de la Palabra para ver si en efecto está contribuyendo a los objetivos del Reino de Dios y si justicia. En un mundo como el nuestro, en que estamos constantemente sujetos al condicionamiento de la sociedad de consumo, muchas veces somos tentados a adoptar prioridades y metas que poco o nada tienen que ver con los valores del Reino. Por ejemplo, el número de personas que asisten a nuestras reuniones, el tamaño de nuestros templos o de nuestros presupuestos, y otras cosas por el estilo. Necesitamos desarrollar la capacidad de juzgar nuestros logros (¡y fracasos!) a partir de la revelación de Dios en Jesucristo y no de los valores que nos impone la sociedad secular. Desde esta perspectiva, el único éxito que podemos ambicionar en nuestra acción es la del siervo a quien su señor le dijo: “Bien, buen siervo y fiel; en lo poco ha sido fiel, en lo mucho te pondré”. En otras palabras, el éxito verdadero es la fidelidad. Y la teología nos ayuda a detenernos para comprobar hasta qué punto estamos logrando ese éxito. Cumple así una función crítica respecto a la acción.
Otra razón es que la fe tiene que articularse de tal modo que responda a los nuevos desafíos e interrogantes que surgen de la situación del mundo contemporáneo. Las respuestas del pasado tienen su valor, y mal hacen quienes piensan que no hay nada que aprender de las generaciones que les precedieron ene l seguimiento de Jesucristo.  Para evitar los errores de ayer y entender mejor los problemas de hoy, necesitamos una perspectiva histórica. Queda en pie, sin embargo, la necesidad de mostrar el significado concreto del Reino de Dios en relación con los problemas de dimensiones planetarias planteados por el mundo moderno, cada generación  de cristianos tiene la magna tarea de proclamar el Evangelio dentro de su propio contexto socioeconómico, político y cultural. Y eso requiere su propio retorno a las fuentes de la fe evangélica con la disposición a escuchar lo que el Espíritu de Dios dice hoy a su pueblo por medio de la Palabra en su situación concreta. La teología, pues, cumple la función de articular el mensaje de Dios, mostrando su pertinencia a cada nuevo contexto.
Ambas funciones de la teología que hemos mencionado están íntimamente vinculadas a la misión de la Iglesia. La descripción de la misión cómo la partera de la teología tiene buena base. Si la misión tiene que ver con la manifestación del Reino de Dios en el mundo por medio de la palabra y la acción de la Iglesia para la gloria del trino Dios, la teología viene a ser la reflexión que quiere poner tal palabra y tal acción a tono con el Evangelio en cada situación específica.
De lo dicho se desprende que la falta de interés en la teología, tan común entre evangélicos latinoamericanos, es sólo un síntoma de la despreocupación por la fidelidad del Evangelio y su pertinencia a la situación en nuestra misión. A cuenta de ser “prácticos”, sustituimos la Palabra por palabras y la acción por activismo. Como consecuencia, nuestra proclamación deja mucho que desear desde la perspectiva del Reino. Y lo mismo puede decirse de la calidad de la vida espiritual de nuestras congregaciones. Como bien dijo un gran teólogo escocés, P.T. Forsyth, hace casi un siglo,
En cuestiones de religión, la experiencia se va al suelo si no es sostenida por la teología… Se puede tener un alma piadosa sin mucha teología, pero no se puede tener una iglesia piadosa por mucho tiempo. Será una iglesia débil y, luego, una iglesia mundana: no tendrá la capacidad para resistir el condicionamiento del mundo, sus definiciones claras y sus métodos positivos.  
Un punto más en relación con el tema: si toda la Iglesia es misionera y si la teología es inseparable de la misión, entonces la reflexión teológica es una tarea que compete a todo el pueblo de Dios. La teología, como la misión, no es propiedad de una elite: es una responsabilidad y un privilegio de todo seguidor de Jesucristo.


[1] El presente texto es la Introducción al libro de C. René Padilla.  Discipulado y misión. Compromiso con el Reino de Dios. Buenos Aires: Ediciones Kairos, 1997.

lunes, 19 de agosto de 2013

Leer

A finales de los noventa llego a casa un cassette sobre los mensajes subliminales en las canciones “del mundo”, término acuñado por los hermanos de una iglesia pentecostal para referirse a la música “secular” o simplemente que no cantan personas cristianas y no habla de Jesús. El punto es que la cinta en cuestión explicaba que las canciones contienen mensajes satánicos ocultos que solo pueden escucharse cuando se les toca “al revés”. 

En la larga lista de artistas que exponía el narrador, y de quienes nos dejaban escuchar algunos mensajes ocultos, desfilaban cantantes cuyos nombres no recuerdo ni siquiera la mitad. El temor se apoderaba de mí al saber que una ingenua tonada, unas trompetas de fondo entonaban alabanzas al demonio, a ese ser malvado que tantas veces había escuchado a mi abuela Karla reprender. En fin, un puberto de doce o trece años nunca se preguntó el cómo descubrieron esa maliciosa práctica ni mucho menos con qué sofisticado aparato electrónico de última tecnología a finales del siglo XX hacían reproducir las canciones “al revés”. En cambio comencé yo también a hacer grandes descubrimientos referentes a exponer las astucias diabólicas en los anuncios de la leche, los comerciales de la TV y las caricaturas. De alguna forma creía que todo poseía algo malicioso, por supuesto, menos las canciones que me agradaban y que vergonzosamente eran “del mundo”. Sucedió una tarde, cuando Laura Pausini pegaba con todo en la radio con “Entre tú y mil mares”, que satisfecho de los resultados de mis investigaciones le compartí a mi hermanita, a quien instruía en la precaución de cuidar nuestros castos oídos cristianos, mi interpretación de dicha canción y de cómo yo, en mi genialidad e inteligencia, deducía que la letra era una afrenta directa ante la gloriosa segunda venida de nuestro Señor Jesucristo. Expuse mi caso, recite algunos versos ante los ojos atentos de mi hermana que me veía más con lástima que sorpresa, y después de hacer miS lúcidas conclusiones me dijo: “No creo que diga eso, como que está hablando de un muchacho ¿No crees?” Me di pena ese mismo instante, veía más de lo que realmente había, o, por decir en términos correctos, escuchaba más de lo que realmente se decía.
No puedo olvidar este incidente, puesto que pueden suceder interpretaciones distorsionadas de la Biblia que son genuinamente equivocadas. Mi experiencia con la lectura de la Biblia se remonta a mi infancia, a la lectura de mis padres, la hermana Petra, las oraciones de la abuela, las clases de escuela dominical, las reuniones en casa del tío abuelo, las exposiciones en la iglesia que asistí cuando eran adolescente y el ministerio estudiantil a donde el Señor me entregó cuando ingresé a la Universidad.
Definitivamente he aprendido que para entender lo que está escrito en la Biblia se necesita leer sin prejuicios y con responsabilidad, por respeto a la distancia temporal y cultural que nos separa de los autores y lectores. Sólo así creo que su lectura es Palabra de Dios.

La historia del cristianismo está manchada de oscuras etapas donde los “seguidores de Jesús” han justificado determinadas acciones, no precisamente fieles a las enseñanzas del Nazareno, con la Biblia. Regularmente escucho, aunque cada vez con más humildad y menos soberbia intelectual, sermones completos o versículos descontextualizados en las predicaciones de los domingos. Algunas personas que enseñan la Palabra bien les haría tener una hermanita como a mía que con sencillez les diga: “No creo que diga eso, ¿No crees?”

Me emociona leer la Biblia, en ella leo acerca de Dios, de cómo hombres y mujeres a lo largo del tiempo han tenido una experiencia con el Dios del Pacto y como sus vidas fueron transformadas a raíz de eso. Además, le fascinan las historias de Jesús, la Palabra de Dios.
Cuando me enseñaron a estudiar la Biblia fue grandioso, reamente entendía lo que decían esas palabras, y no sólo eso, me desafiaban (como lo siguen haciendo) a responder personalmente al Dios que las inspiró. Creo que la Reforma de Lutero nos regresó a la “Sola Escritura” y debemos dedicarnos a ella con esmero y responsabilidad. La deuda es enorme. El trabajo pendiente todavía mucho. Pero toda la Escritura, como dijo Pablo, es inspirada por Dios y útil. Además, contiene las Palabras de Dios que sigue hablando al mundo.
Agradezco a Dios por permitirme formar parte de una comunidad que aprende de la Palabra, que me enseña la Palabra y que me invita a que la comparta y la enseñe a otros para obedecerla juntos y responder, también juntos, en comunidad, al Dios comunidad que ha hablado.



  

martes, 13 de agosto de 2013

Cristianos y las fronteras



Del 5 al 9 de julio se llevó a cabo Borderlands, un proyecto de servicio organizado por los movimientos de estudiantes de IFES, COMPA (México) e Intervarsity (EUA) con el propósito de aprender juntos sobre el tema de migración. El evento tuvo dos etapas, en Tijuana y en San Diego-Los Ángeles, una región que comparte una misma problemática, la migración ilegal de mexicanos a Estados Unidos y la deportación de los mismos de aquel país. En esta ocasión tuvimos la oportunidad de que Daniel Carroll nos acompañara, él nos ayudó a pensar teológicamente el tema a la luz de  las Escrituras. Daniel, el profesor Daniel, mejor dicho, compartió de momentos algunos pasajes del Antiguo Testamento para observar la vida de hombres y mujeres importantes en la narrativa bíblica y que fueron inmigrantes como por ejemplo: Abraham, Isaac, Jacob, José, Moisés, Daniel, Sadrac, Mesac, Abednego, Ruth, Esther, Jeremías, Nehemías y Jesús, por mencionar algunos. Para mi sorpresa la escritura estaba llena de inmigrantes.
               
El hilo conductor de las charlas de Daniel es precisamente su libro Cristianos en la frontera. La inmigración, la iglesia y la Biblia, del cual me gustaría hacer algunos comentarios. Daniel encarna la encrucijada del latino en EUA, de madre guatemalteca y padre estadounidense, aborda la cuestión desde su propia experiencia de vida, permitiéndose hablar desde la perspectiva “del sur” y del norte. Al respecto comenta: “Me siento cómodo tanto con el inglés como con el español, ya sea hablado, leyendo o escribiendo, mi corazón palpita fácilmente entre ambos mundos.” Aun cuando conoce la lógica de las dos perspectivas e incluso, como él mismo lo expresa, aunque su libro no parte de un lugar “neutro” (claramente se ubica a su discurso en una agenda promigrante), él se decide por una perspectiva distinta, la de las Escrituras. De tal forma que su libro nos ofrece un panorama general sobre cómo aborda la Biblia el tema de la migración, con la intención de generar nuevas ideas desde las Escrituras en las comunidades evangélicas estadounidenses que se encuentran frente a este debate en los Estados Unidos .
                
El capítulo primeo es una perspectiva general de la inmigración hispana a los Estados Unidos, un breve recuento histórico, no una monografía académica de difícil lectura y tampoco agota al lector con muchas estadísticas, que se pueden consultar revisando las direcciones electrónicas en la sección final del texto. Este primer apartado se enfoca por sacar a la luz una “dimensión ignorada” en el fenómeno de inmigración, menciona las aportaciones de los hispanos a la cultura estadounidense.
                Desde mi punto de vista el aporte más significativo del libro son los capítulos tercero, cuarto y quinto. En el capítulo segundo “De inmigrantes, refugiados y exiliados”, Daniel sienta las bases a partir de las cuales abra de verse o debería de verse a todas las personas inmigrantes, esto es: como creación de Dios. Es decir, con valor y dignidad inherente por su calidad de seres humanos creados a imagen y semejanza de Dios. Con esto parece que el autor nos está sugiriendo un violento giro en nuestras perspectivas, dejar de ver a las personas por su situación legal, sino por su condición de creaturas a la imagen de Dios. Después de esto, nos lleva de la mano a un recorrido por las experiencias del pueblo de Dios donde el hilo de la inmigración es una constante, con lo que se puede concluir de que “El texto (La Biblia) ofrece un rostro humano a los migrantes. Ellos son probados y discriminados; quieren tener una casa y asegurar su familias; adorar a Dios: trabajar en diversos empleos; unos por propia opción, otros porque son dotados en maneras especiales, quiere erigirse en autoridad, anhelan volver a su tierra mientras otros deciden quedarse en su nuevo país; luchan para encajar en la cultura diferente que los rodea, con cuestiones de lenguaje, costumbres, fe, policía, economía y leyes. Son también individuos intimidados. Pecan, son imperfectos en todos sus caminos. En otras palabras, la Biblia ofrece al lector escenas muy reales, situaciones y caracteres extraordinariamente verdaderos. Esos inmigrantes y refugiados son más que todo personas, personas atrapadas por las pruebas y las alegrías de la vida. Esa es la vida diaria, pero el texto enseña que esas vidas son puestas contra una muralla mucho más grande. Esa gente es parte del plan de Dios en el despliegue de la historia humana.”
                En el tercer capítulo aborda el aspecto jurídico de la Ley sobre el migrante, muestra el cuidado que Dios tiene por los extranjeros entre el pueblo de Israel. Daniel comenta atinadamente que en una sociedad agrícola, basada en el trabajo de la tierra y donde ésta pasaba de generación en generación, el extranjero quedaba fuera de toda posibilidad de acceder al sustento y lo dejaba a la misericordia de la cultura mayoritaria. Por lo tanto, al no gozar de una red de familia extensa que lo apoye, el extranjero era una minoría vulnerable que debía ser cuidada y no explotada. Por lo tanto el capítulo inicia abordando la práctica de la hospitalidad entre los pueblos del Medio Oriente, y el pueblo de Dios debía tener una motivación distinta para practicarla, “Ser hospitalario es imitar a Dios”. Después, Daniel aborda la legislación judía sobre el extranjero y encuentra que la Biblia habla de un Dios que se encarga de proteger al extranjero “legalmente” para que tenga la capacidad de suplir sus necesidades más básicas. Esta actitud de hospitalidad debía provenir de un pueblo con historia de inmigrante mal tratado en Egipto, e incluso, aún en posesión de la tierra de Canaán, como extranjeros en la tierra de Dios que les entregaba a los israelitas. Este capítulo tiene la intención de hacer pensar a los cristianos de la cultura mayoritaria a ver el cuidado de Dios por los extranjeros y cuestionarse su modo de operar actual a la luz de las Escrituras.
                El capítulo cuatro aborda el tema desde el Nuevo Testamento, en Jesús y el uso que hace del extranjero (samaritano) en sus parábolas como modelo de relación genuina con Dios, rechazando a la cultura mayoritaria. Después hace una referencia a la primera carta de Pedro, dirigida a los expatriados, probablemente en dos sentidos, expatriados a causa de su fe y a causa de vivir, por su estilo de vida apegada a la obediencia de Dios, como extranjeros en un mundo diferente. Antes de terminar el capítulo, se detiene para hacer un llamado a la hospitalidad siguiendo el modelo de la iglesia primitiva              que abría sus puertas para recibirse unos a otros y compartir el pan. Finaliza su apartado haciendo un estudio de Romanos 13, donde se hace un llamado a respetar a las leyes humanas. Daniel tiene la postura al respecto que las leyes reflejan la cultura y la cultura forja las leyes, de tal manera que antes de obedecer las leyes hay que reflexionar si éstas son justas y si se apegan a los valores del Reino. Advierte los peligros de una obediencia ciega de leyes injustas. Él comentaba durante Borderlands, con el sentido del humor que le caracteriza: “Los gringos creen que por tener leyes sus leyes son buenas”.
                Daniel termina su libro moviéndonos de nuestro sitio, no pretende dar una nueva perspectiva de la inmigración como cristianos, sino que nos expone las Escrituras para que a partir de ellas respondamos nosotros ahora en franca coherencia con lo que creemos: “Cristianos en la frontera esgrime todos estos argumentos para motivar a los creyentes de esta cultura –y a los hispanos- a pensar, hablar y actuar como cristianos en cuanto a la inmigración”. Recuerdo, no es un libro ingenuo, sino enmarcado en una agenda política específica que tiene como objetivo transformar un sistema político y una cultura con la enseñanza de nuestro Señor Jesús.
                Definitivamente deben leer este libro, en algún lugar de la red podrán encontrar donde comprarlo, si no es así, busquen a Daniel en Facebook y pregúntenle directamente a él.  

martes, 6 de agosto de 2013

Inicio de año

El tiempo -afirmarían algunos expertos o por lo menos unos cuantos instruidos en materia- no existe, es una convención que los seres humanos inventamos para organizarnos. En fin, el tiempo, ese tiempo mecanizado no siempre alcanza a medir con exactitud los asuntos de los seres humanos. 
Me explico. Hay personas que iniciados los primeros días de enero no "sienten” precisamente que comienzan un “año nuevo”, probablemente porque llevan proyectos iniciados o los momentos de vida son todo menos inicios.  Algunos amig@s que conozco inician sus años por marzo, julio o noviembre. Personalmente mis años inician a finales de julio, o al menos los últimos cinco, y con inicio de año no me refiero precisamente a una escala de medición de tiempo sino a procesos de vida en términos de ese escritor que atinadamente dijo: hay tiempo para todo lo que se hace debajo del sol. Basta echar un vistazo al calendario para reconocer que mi año está recién iniciado. Estos inicios a mediados se debe a que se conjugan diferentes variables, mis ritmos de trabajo están definidos por los semestres y ciclos escolares, todos ellos arrancando a finales de julio, principios de agosto.
Julio 2013 es el año de mis veintisiete y de muchos buenos inicios, aunque también de algunas renuncias y momentos de discernimiento. Gracias a Dios tuve la oportunidad de terminar el año con mi mejor amiga y novia en una ciudad que se nos abrió a que la descubriéramos juntos. Por otro lado, inicié este nuevo año en otra parte del mundo, apartado de mi realidad, mi zona de confort y cotidianidad. Pero fue bueno. Dios se vale de muchas formas para tratar con nosotros.
El verano siempre es dinámico, todo lo contrario al invierno, mi estación favorita. El sol invita a moverse para buscar la caricia fresca del viento que Dios sopla desde lo alto para refrescarnos. Este año tuvimos oportunidad de participar de nuevo en Borderlands, un proyecto de servicio sobre migración en Tijuana-Los Ángeles, con estudiantes de los movimientos de IFES,  COMPA-México e Intervarsity-EUA. Esta realidad tan cercana nos demanda asumirla desde la perspectiva del reino y lejos de convertirse en sencilla se desenmascara con toda su crueldad y complejidad. Mi oración es que los estudiantes y asesores que nos hemos involucrado seamos desafiados por Jesús y su Palabra para comprometernos con los que sufren a causa de la migración, para anunciar con nuestra vida encarnada en esta problemática, las buenas nuevas del reino de Dios.    
Otro espacio de trabajo en el verano fue el Encuentro de Formación de Líderes con la comunidad de COMPA en Valle de Bravo, este tiempo de enseñanza y pastoreo de Dios por medio de su Palabra y la comunidad renovó las fuerzas de todos. El Espíritu de Jesús nos invita a seguirle en su gran encomienda de anunciar el evangelio a todo el mundo.

Principio de agosto, ya han pasado semanas de todo esto, no sé si es un mal hábito de historiador o una desorganización de mi parte, pero escribir las experiencias al mismo tiempo que éstas están sucediendo siempre se me dificulta. Prefiero dejar que el agua revuelta se asiente, pienso que es posible ver con claridad cuando el corazón está tranquilo. Sin embargo, sigo el buen consejo que me dio una monja en diciembre pasado, “El que nota y no anota, ignora”, por lo tanto escribo algunas líneas desorganizadas que no me doy a la tarea de ordenar hasta tiempo después. Me ayuda a tener una perspectiva mucho más  plural de mí mismo.
Para iniciar esta nueva etapa:
  • Caminar con agradecimiento a Dios y responsabilidad en mi relación de noviazgo con Alejandra.
  • Regresar a la disciplina del estudio bíblico
  • Impulsar a los estudiantes a comunicar el evangelio de valor y guiados por el Espíritu
  • Orar para ser dirigido a tomar buenas decisiones
Gracias por:
  • La familia, mi mejor amiga y novia.
  • Mis amigas y amigos con los que comparto el caminar
  • La comunidad de fe en la comunidad y el movimiento estudiantil