Dos por diez, dos por diez.
“Dos por diez, dos por diez, pásele doñita, dos por diez”, grita el joven delante de su puesto de fruta; “¡Agarre y corra, agarre y corra!..., a pagar a la caja, agarra y corra… a pagar a la caja”, se escucha replicar la escandalosa y gruesa voz de otro vendedor. “Dos por diez, dos por diez doñita, la naranja para el jugo de la mañana, dos por diez el kilo, dos por diez”. Responde desde la esquina el joven defendiendo su puesto. “Ándele señito, pásele y se lo muestro sin compromiso”, interviene en el coro de vendedores una mujer con anteojos gruesos sentada en un banquito. “¿Es lo menos?”, pregunta una potencia compradora a la dueña del puesto por un pantalón. “Sí doñita, es lo menos, está casi nuevo, todavía tiene la etiqueta, ahí véale, es de buena marca, cincuenta dólares nuevo, yo se lo estoy dando en setenta y cinco pesos”. “A dos por diez, dos por diez las naranjas para el jugo de las mañanas, a dos por diez, pásele, venga y llévele que se acaba y me voy, a dos po...