viernes, 4 de octubre de 2013

Al desierto se asiste por invitación



El desierto es un sitio de soledad y silencio a donde generalmente no se va por iniciativa propia sino por invitación de Dios. Estamos rodead@s de personas, pendientes, agenda, etc. que pocas veces permanecemos en silencio y soledad, incluso, podemos estar aturdidos o gritando en Internet aun cuando en un cuarto no haya otra persona. Al desierto se asiste por invitación y es difícil rechazarla, es cuestión de discernimiento para entenderse dentro de él. ¿Qué haré ahora?
Henri Nouwen dice que en “la soledad puedo desmontar mi andamiaje: nada de amigos con quienes charlar, nada de llamadas telefónicas, nada de asistir a reuniones, nada de música ambiental, nada de literatura evasiva, sino tan sólo yo desnudo, vulnerable, débil, pecador, desposeído, roto, mi nada. Es precisamente esta nada lo que tengo que afrontar en mi soledad, una nada tan terrible que todo en mí clama por amigos, mi trabajo y mis distracciones, de modo que pueda olvidarla y convencerme de que valgo algo. Pero esto no es todo. En cuanto decido quedarme en mi soledad, hay ideas confusas, imágenes perturbadoras, fantasías incontrolables y asociaciones absurdas que saltan en mi mente como monos en un banano. La cólera y la avaricia comienzan a mostrar sus horribles semblantes. Hablo larga y hostilmente a mis enemigos y tengo sueños lujuriosos en que aparezco rico, influyente y muy atractivo –o pobre, feo y necesitado de consolación inmediata-. Trato así otra vez de escapar del abismo tenebroso de mi vida y recomponer mi yo falso con toda su vanagloria.” 


Sufrí un accidente vehicular, alguien irrumpió en nuestro carril y nos golpeó de frente, salí del automóvil sin complicaciones, caminando, sin dolor. Todo fue confusión, nerviosismo y miedo. Posterior al trauma del accidente y las diligencias legales mi cuerpo resintió lo inevitable. Algo en mi cuello no estaba bien, no obstante no le di importancia y, a pesar de asistir al médico, dentro de mí me decía que todo estaba bien y podría continuar la vida como si nada al día siguiente. Me equivoqué. Dios nos guardó de algo peor, sí, pero no de las consecuencias naturales que un impacto de esa naturaleza afecta a nuestro cuerpo, mi cuerpo. Naturalmente los médicos recomendaron reposo y descanso. Quedé “en la banca”, fuera de la jugada. Recluido en casa, sin poder asistir, planear o supervisar. Pero ¿Por qué le tenía miedo a esto? ¿Por qué algo dentro de mí me impulsaba a aminorar los daños y salir por la puerta a enfrentar el mundo?   Fue todo esto lo que desencadenó una serie de preguntas cuyas respuestas no eran sencillas, por lo tanto, guiado por Espíritu que penetra lo profundo de nuestros corazones, las respuestas fueron mostrando aquello que no se quiere ver y mi necesidad de Jesús.
Imágenes corrompidas del  liderazgo.
Desde hace tiempo he mostrado una actitud escéptica al concepto de “líder” usando en las comunidades de fe, es un “cargo” que no escuchaba en la iglesia cuando era niño, las palabras en ese entonces eran “párvulos”, “intermedios”, “jóvenes”, “dorcas”, varones”, “diácono”, “pastor” y “obispo”. Ahora las iglesias están llenas de líderes y cada vez más esa palabra define un “puesto” que una actitud. ¿De repente nos surgió la necesidad de sobresalir? Se habla de “liderazgo de servicio”, como el “primero en hacerlo”, el primero aquí, el primero allá. Incluso, liderazgo no sé si viene del todo implícito con “responsabilidad”, en síntesis, una división del trabajo, las obligaciones y los beneficios. Pero no cometeré el mismo error que observo en algunas comunidades: traer la jerga y terminología de la administración al cuerpo de Cristo. En ese sentido buscando una palabra en el Nuevo Testamento que nos ayude en este sentido leo que al referirse a los seguidores de Jesús, se usan palabras como “iglesia” o “discípulos”, el término cristiano se emplea solo tres veces en el Nuevo Testamento. John Stott explica esto de la siguiente forma: “En cierta forma, uno desearía que la palabra “discípulo” hubiera continuado en su uso a lo largo de los siglos, a un de que los cristianos fueran conscientes de su condición de discípulos de Jesús y tomaran con seriedad la responsabilidad de estar “bajo disciplina”.
Menciono esto porque pienso que la iglesia y la subcultura evangélica han producido discursos, tradicionales o innovadores, no enraizados en el evangelio. Se reproducen imágenes donde los discípulos son líderes y éstos son definidos con base a una lista de cotejo donde se indican sus características y funciones. Aquellos que amamos a Jesús y deseamos seguirle con toda nuestra vida habremos de anhelar ser discípulos en lugar de líderes. Ya tenemos un maestro, un Carpintero de Nazaret.
El discípulo de Jesús no puede hacer todo ni sabe hacerlo todo. Filipenses 4:13 no es una palabra mágica ni garantía de Dios para esto, léase en su contexto.
El discípulo de Jesús no puede ir sólo. El evangelio no es para llaneros solitarios, es un llamado en comunidad por el Dios comunidad para hacernos un pueblo y anunciar juntos el evangelio al mundo.
El discípulo de Jesús no puede estar bien siempre, y no debe sentir la necesidad de estarlo. Detrás de esto se puede esconder una mentira diabólica de autosuficiencia con la que no se puede pretender seguir a Jesús. Además, el discípulo de Jesús no está ajeno al mundo, está en el mundo y es enviado al mundo por Jesús, pero no es del mundo. Sin embargo a veces experimentamos el dolor e injusticias de un mundo caído y en franca oposición a Dios.
El discípulo no siempre tiene que  hacer para los demás, de hecho no necesita hacer, en Marcos 3:13 Jesús llama a sus discípulos para estar con él,  y después de esto son enviados, el llamado por lo tanto es para estar con Jesús como prioridad y no para hacer. La iglesia es el cuerpo de Cristo donde todos somos ministrados unos a otros, pastoreamos y somos pastoreados, velamos por los demás porque también alguien vela por nosotros. Una hermoso cuadro de la primera comunidad lo presenta Lucas en Hechos 2: 43 “Todos los que habían creído estaban juntos y tenían todas las cosas en común; 45 vendían todas sus propiedades y sus bienes y los compartían con todos, según la necesidad de cada uno. 46 Día tras día continuaban unánimes en el templo y partiendo el pan en los hogares, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, 47 alabando a Dios y hallando favor con todo el pueblo.”
Mis preguntas desde “la banca” no eran porque estaba intranquilo con el Señor o su Palabra, sino con mis propios prejuicios, la imagen corrompida del discipulado cristiano. Ese estar fuera no era una reacción piadosa sino los berrinches de mi pecado de autosuficiencia. ¿Pero por qué Dios la permite? Es una muestra de su amoroso cuidado. En el desierto, diría Nouwen nos salta nuestra propia humanidad, “Entramos en la soledad primeramente para estar con nuestro Señor, y sólo con Él. Nuestra primera tarea en la soledad es, entonces, no prestar atención excesiva a los muchos rostros que nos asedian, sino mantener los ojos de nuestra mente  y corazón en el que es nuestro divino Salvador.”   
  
Estamos tan llenos de fragilidad como de eternidad.
Puedo soportarlo todo, estoy bien, debo estar bien. El accidente me mostró que definitivamente estaba equivocado, soy más frágil de lo que yo mismo imaginé. ¿Por qué Dios no nos creó con una coraza para proteger nuestro pecho o la cabeza? Creo que el plan original no incluía la violencia. Aquí hay algo que el Señor habla a mi vida: No eres invencible, no eres el paladín del Reino, es Jesús, yo soy vaso de barro, frágil, polvo. La lesión me incapacitó algunos días, me impide desarrollarme con independencia en mis actividades cotidianas familiares, laborales, ministeriales, etc. incluso me detiene a andar a una velocidad lenta, portando un collarín mostrando a todos mi necesidad de este instrumento en mi cuello para evitar provocarme un daño más severo. Mi independencia fue destrozada en un instante y no supe cómo. Estos días dependo de otr@s, no a partir de mi lesión, sino que ésta me hace consciente de cuánto lo he sido en mi andar diario a pesar de mi autoengaño de ser plenamente independiente. “Baja las escaleras con cuidado, no subas demasiado rápido, no puedes hacer esto, despacio Abdiel, despacio”. John Stott al hablar de dependencia explica muy bien que la imagen del discípulo de Jesús pocas veces tiene la connotación de dependiente, las iglesias refuerzan la idea de un líder fuerte, autónomo, dispuesto a guiar, cargar y andar siempre por sí mismo. Es una mentira diría Stott, “La negativa a depender de otros no es una marca de madurez sino de inmadurez… Todos hemos sido diseñados para ser una carga para otros”. El ejemplo de dependencia máximo es Jesús, que viene al mundo y nace, ¡el bebé que llora en los brazos de esa jovencita es el Creador del mundo!
Pastorear y ser pastoreado
De repente me encontré rodeado de personas que me aman, personas amadas por mí pero ahora ellos viniendo a verme, preguntando sobre mi estado, ofreciendo su ayuda, oraciones. Pertenezco a una comunidad, estoy inserto en una comunidad de fe que se preocupa por mí. Su amor me desarma, me hace llorar. Tiempo para abrazar, hay momentos de ofrecer apoyo y sostén a otros, una oración, un abrazo, pero ahora era tiempo de recibir, de dejarse abrazar, amar, cuidar. Hay que aprender a recibir amor. Dejarse abrazar y cuidar.
Dios no desperdicia nada, usa todo para sus planes, no sé bien cómo ni creo que deba saberlo. Agradezco al Espíritu Santo por mostrar a Jesús en la Palabra, a la comunidad que me ama, pregunta, sostiene. Este tiempo me invita a trabajar mi dependencia de Dios, a arrepentirme de mi pecado de autosuficiencia, a reconocer mi fragilidad y alabar a Dios por el cuidado que tiene de nosotros.
El devocional en la mañana del día del accidente fue en el Salmo 61, y ésta mi oración:
Dios que escuchas, escúchanos y por tu Espíritu haznos orar lo que necesitamos orar, como estos salmos. Gracias porque eres refugio. Me acerco confiado en que debo orar más y preocuparme menos. Síguenos guardando en ti, cuida a Ale, te pido por los estudiantes de Compa Tijuana y por los nuevos, por la siguiente semana y por dirección. Gracias porque Tú nos sostienes en tiempo de desesperación. Amen.


martes, 1 de octubre de 2013

Sus manos



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Nunca hay una señal de alarma si la responsabilidad radica en otra persona, invade tu cotidianidad sin avisar, la arrolla y con su fuerza la transforma, produce un cambio…
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Cuando hay consciencia del daño, pues semejante violencia no puede suceder sin romper ni producir dolor, la adrenalina no siempre permite el trauma. Hay dudas, preguntas, a veces miedo. El otro, si lo hay, es la primera preocupación, una reacción deseable de una persona que todavía valora más la vida por encima de los materiales.
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Reconociendo los daños se procura al responsable, hay una ráfaga de preguntas lógicas con las que bien podría acribillar. Hay confusión, reina el interés, se alzan las palabras, hay estirones y empujes, el dinero es el móvil. Casi nadie dice: “Gracias a Dios”. Tragedia vial a la espera del desenlace.
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Una autoridad se acerca a esperar el mejor postor, se alzan las ofertas, la falsa tranquilidad, una integridad ambivalente, ojos que observan a la espera de palabras y promesas. No reina la paz, un nuevo choque de realidad, la querella se traslada de arena a uno más salvaje.
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Confusión, caos…
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Se despliega una maquinaria de  intimidación, aparecen los hombres con dientes afilados, hacen gala de sus garras, amenazan silenciosamente con una sonrisa maldita. Una danza de gestos y miradas que acribillan ante la complacencia de los juzgados asentados sobre el fango de sus desperdicios. Esta oscuridad que se alimenta de esperanzas nos quiere cubrir, cree poder ganar, tomar la vida y devorarla. ¡No! ¡No! ¿Nos dejarás caer en sus manos Señor? ¿Te complaces en su  maldad e injusticia? Tú nos librarás, es la esperanza llena de luz en esta sala fría e inanimada de condenación.
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Estás de pie, aquí, allá, arriba, abajo, nos abrazas y limpias nuestras lágrimas, burlas los planes de los perversos, te ríes de sus preparativos, frustras su maldad con la ingenuidad del cordero que al mismo tiempo es león. Abres la puerta para brindar salida, con tus manos tiras el cerco, rompes la red de quienes procuraban nuestro mal.
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Paso la tormenta, hay paz, mi dolor en la espalda y tus brazos con los que me cargas, brindas el descanso, nos llenas de nuevo con tu paz, estás aquí, allá, arriba, abajo, nos abrazas y limpias las lágrimas de nuestra cara. Pones nuestra insignificancia delante de nuestra mirada, estamos tan llenos de fragilidad como de eternidad. Humedeces con ternura tus manos para restaurar estos vasos de barro, sonríes, no estamos quebrados, estamos en tus manos.