De pasitos lentos...
Caminaba lento, calzaba zapatos negros, gruesos y pesados, que no le dejaban dar largos pasos, por eso pedía las clases en la planta baja, para no sufrir en los escalones. Era chaparrito, canoso y con lentes gruesos, de mirada perdida, extraviada; gritaba para ser escuchado lo que él consideraba la verdad, era grosero, no le importaba "per Baco, per Baco", decía sin cesar, que en español no es más que un "por Baco, por Baco", sabía latín, era exseminarista. Su nombre Lorenzo, pero nadie lo recordará así, se autodenominaba "Tojo", porque prefería ponerse el mismo un apodo, y era versátil, podía ser el nombre de un admirante japones de la segunda guerra mundial o un diminutivo de lo que el consideraba un "tojodido". Era anciano, o lo es, no se si vive. Al menos lo respetabamos, era el único que se sentaba en las bancas del pasillo a platicar, nos sacaba de ondas, nos gustaba con el platicar. Sentado al lado de una muchacha le preguntaba: Tienes no...