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El amor sin cursilerías

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Hoy iniciamos un grupo de estudio bíblico en casa, Ale y yo decidimos que nuestro amor por las personas implicaba abrir el "corazón" (más allá de una frase bonita pero inmaterial), la casa y la Biblia. Así que hoy, justo hace unas horas, terminamos.  Para ser la primera reunión, no llegaron todas las personas convocadas, pero en un grupo de cuatro hombres nos acercamos al texto de 2da de Juan. Me encontré con otros tres hombres, mayores que yo, en nuestra sala hablando de amor pero sin cursilerías, porque el amor del cual el Anciano Juan habla no permite traer a la mente esas metáforas modernas y  plastificadas. El llamado discípulo del amor es enérgico, categórico y  claro: el amor es vivir cumpliendo los mandamientos que recibimos desde el principio. La cuestión es que cruza "amor" y "mandamiento" para volverlos inseparables. Pero no es suya esta cuestión, la aprendió del mismo Jesús, pues recordamos que una vez que le preguntaron sobre el más importa...

Recuerdame

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Jeremías 2:1-13   El dicho reza: “recordar es volver a vivir”, algunas mujeres y hombres de avanzada edad cuando observan los cambios presentes (casi siempre los negativos lo dicen, como si el pasado haya sido mejor) de los cuales son testigos suspiran y dictan la sentencia: “En mis tiempos…” y continúan sus descripciones de tiempos mejores sepultados en el pasados. No faltarán las comparaciones de fotografías del “antes” y el “después” que afirman visualmente esto mimo. No cabe duda que algo de nosotros se va quedando en los hechos pasados y éstos nos van haciendo. La historia, o los hechos pasados, pueden estar enredados en nuestra memoria como una doble tensión: a) Aburrimiento-emoción y b) Parte de nuestra identidad-parte de aquello que queremos olvidar.             ¿Fueron los tiempos pasados mejores? El Predicador del Eclesiastés nos diría: “No te preguntes por qué los días antiguos fueron mejores que estos, p...

¿Qué ves?

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Jeremías 1 Él era joven, había vivido sus primeros años en tiempos de crisis, pero las cosas ahora pintaban mejor, tenía el mundo por delante y un futuro prometedor, pertenecía a una buena familia, vivía en los suburbios de la gran capital, el centro político y cultural de su época, las últimas reformas del país favorecieron el oficio familiar, gozaba de prestigio y todo apuntaba a una brillante carrera. En definitiva, eran buenos tiempos y el joven Jeremías podía sonreí de cara al futuro. Hasta que un buen día algo sucedió, Dios llegó y transformó radicalmente todo esto. Después aquel encuentro nada seguiría igual. Primero, decisiones importantes, dejar el oficio familiar, inmediatamente después aparecen los problemas familiares, padres asustados que no entienden y tienen miedo por ver como el hijo abandona un oficio noble y prestigioso por un arranque de locura juvenil; en seguida, abandonar el hogar y mudarse a la gran ciudad, allí la fama que le espera no es la de un hombre p...

Sobre testimonios, testirollos y tristemonios

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Algunas cosas simplemente hay que decirlas, pero más allá de la máxima de “la forma del contenido”, o como dices las cosas, hay un escalón más alto y de igual importancia que bien podríamos sintetizar en una frase útil como esta: “el para qué del contenido”. Nuestras palabras son importantes, el poder de la vida y la muerte está en nuestra lengua, de tal forma que conviene ser prudente en el uso de tal instrumento. De ahí que no se haya equivocado el sabio árabe que dijo: “Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio : no lo digas”. En verdad tiene razón. Sin embargo, esta pequeña frase llena de verdad pudiera ser un pretexto para el hijo de Dios guarde silencio ante la realidad y que desea llevar una vida cómoda con el mundo, apartado de los problemas de la sociedad. Pero por otra parte hay un Señor al que pertenecemos que nos exhorta a levantar la voz por el oprimido y buscar justicia. Estas aparentes tensiones vuelven deliciosa la convivencia con el Creador y la comunidad...