sábado, 7 de diciembre de 2013

"La adoración no es algo que se experimenta sino que es algo que hacemos..."



Aunque provengo de una familia cristiana con trasfondo pentecostés, no soy el ejemplo más adecuado para un cristiano efusivo en las reuniones. Disculpen ministros de alabanza si no grito, levanto mis manos, salto o danzo cuando me lo piden desde la plataforma, muchas veces no “siento” necesidad de hacerlo y muchas otras, la gran mayoría, aunque dicen que es la forma de adorar, les desobedezco conscientemente y sin remordimiento. Perdón por no seguirles la corriente. Sin embargo, procuro reconocer que tengo un cuerpo y que adoro con él, extendiendo mi mano, inclinar la cabeza, eso lo aprendí en los libros de maestros como Henri Nouwen y Michel de Certeau. En fin. 

El problema no es seguir la corriente, sino que los otros suponen que al no hacerlo no participo en la adoración, que al no gritar, saltar o llorar no adoro, o por lo menos no fervientemente. Sí experimento sentimientos al compartir con todos estos momentos de música pero pienso que son, la mayoría de las veces, mi reacción al escenario montado de la música y forma parte más de una reacción comunitaria que tal vez la Psicología o Mercadotecnia podrían explicar mejor. 
Hace unos meses me regalaron el libro El camino de Jesús. Una conversación sobre las diversas maneras en que Jesús es el camino de Eugene H. Peterson, Editorial Patmos, si ustedes pueden conseguirlo es una lectura bastante enriquecedora y desafiante en la vida cristiana. Mientras leía llegué a una parte sumamente interesante que trata sobre el punto descrito en los primeros párrafos.  
El propósito del autor es “una conversación sobre la espiritualidad propia de las como Jesús es el Camino". Es decir, Jesús como el modelo de nuestros medios para alcanzar la meta. Esto lo explica con un contraste entre el Jesús como la verdad y Jesús como el camino, citano a Juan 14:6, en su opinión, la idea JESÚS LA VERDAD es mucho más fácil de aceptar y seguir, pero no precisamente la más certera. La idea es simple, JESÚS LA VERDAD lo hemos convertido en un concepto abstracto, despersonalizado y del cual podemos desligarnos, dominar y manipular; en cambio JESÚS EL CAMINO es vivir como Jesús en nuestra cotidianidad, es personal y relacional. La metáfora camino apunta a cómo seguimos a Jesús, nos atrapa y obliga a responder con nuestra propia vida. JESÚS EL CAMINO es replantear los medios para alcanzar el fin, si el fin es el REINO DE DIOS, los medios son JESÚS, es decir, el REINO se alcanza siendo como Jesús, siguiéndole, por lo tanto, el libro es un cuestionar nuestras formas, métodos y técnicas para reconocer si éstas se parecen a lo que Jesús es o si simplemente estamos siguiendo otro camino.
Salvo que en otra ocasión escriba algo más sobre el libro, por el momento me gustaría compartir aquí ideas tomadas del capítulo 5: “Elías: “Ecóndete en el arroyo de Querit”, específicamente del subtema dedicado a Baal, espero al final poder aclarar por qué elegí esta porción.
En este apartado de su libro, Peterson se concentra en el pasaje del Monte Carmelo (Crónicas 18), en el encuentro entre Elías y los 450 profetas de Baal, cuando se preparan dos altares para reconocer quién es el Dios verdadero mediante la respuesta de Jehová o Baal por fuego que consuma los sacrificios. A continuación señala la forma de adorar de los profetas de Baal, quienes inflaman y exacerban sus sentimientos danzando, gritando y sangrándose: “la trascendencia de la deidad se reduce al éxtasis de las emociones manipuladas”, en ese tipo de culto se exhibe la participación de los sentimientos. Se hace un show sensacional para atraer al pueblo que observa e incorporarlos al teatro para responder de forma masiva a este culto manipulado. Pero este tipo de llamado no tiene éxito, Baal no responde. 

En cambio, el profeta de Dios, Elías, se ve austero ante la pompa de la competencia. A diferencia del otro equipo, él no danza, grita ni se lastima, él ora de forma tranquila y breve, mostrando así la diferencias abismales que nos ponen los pelos de punta: “en el culto a Jehová algo se dice: son palabras que llaman a hombres y mujeres a servir, amar, obedecer, cantar, adorar, actuar con responsabilidad, decidir. El culto auténtico implica el estar presentes al Dios vivo que penetra toda la vida humana. La proclamación de la palabra de Dios y nuestra respuesta al Espíritu de Dios toca todo lo que está involucrado en el ser humano… la participación de los sentidos no queda excluida… se expresa en la solidaridad comunitaria… en la liturgia… el silencio solemne”. En conclusión: “Por más rica y variada que sea la vida sensorial, siempre está definida y ordenada por la palabra de Dios. Nada se hace simplemente para el bien de la experiencia sensorial involucrada. Esto elimina toda manipulación propagandista y emocional”.
Después el autor relaciona esto con su contexto norteamericano que nosotros tanto copiamos, al menos en la comunidad donde asisto. La “experiencia de adoración” no es necesariamente “adoremos a Dios”, el autor explica la diferencia “la experiencia” tiene sentido para una persona a diferencia de la “adoración”, que tiene sentido para Dios. Es decir, en el culto no busco satisfacer mis necesidades emocionales, descargar mis energías. “En la experiencia de adoración la persona ve algo que la entusiasta y la comienza a rodear con envolturas espirituales”. Se conectan sus emociones con lo supremo, esto significa, que la adoración parte de mí y termina en un marco religioso.

“El pueblo de Dios con formación bíblica no usa el término “adoración” como la descripción de una experiencia” El uso bíblico para ese término se refiere a “la respuesta a la palabra de Dios en el contexto de la comunidad del pueblo de Dios”. En términos bíblicos, “la adoración no es algo que se experimenta sino que es algo que hacemos, sin tener en cuenta cómo nos sentimos al respecto o si siquiera sentimos algo. La experiencia se desarrolla a partir de la adoración y no al revés”. Remata esta idea la conclusión: “En el único lugar del mundo bíblico donde sabemos que se alienta la “experiencia de adoración” es en el culto a Baal… la adoración a Jehová está definida por la palabra clara y fidedigna de Dios. Nada depende de los sentimientos o el estado del tiempo”.

“El camino de los profetas como Elías es purgar nuestra imaginación de las presunciones de este mundo sobre cómo vivir la vida o qué es lo que cuenta.” Ayudarnos a reconocer las mentiras que hemos asumido y regresarnos al camino, al sendero simple de fe y obediencia  y culto de Dios. En Elías encontramos la capacidad de “discernir los caminos del mundo y Jesús, manteniéndonos firmes en la presencia de Dios”.
Me preocupa que muchos de los llamados cultos de adoración son 90% música, cantos bien ensayados entretejidos con momentos de oración ¡Pero que se desprenden de la letra de las canciones! ¿No les ha tocado estar en el servicio dominical y que de repente están orando la letra de una canción? ¡Ese es el detalle! La manipulación de las emociones es una tentación diabólica; la música de piano de fondo para el llamamiento, la preparación de treinta minutos (o más) de música para el momento de la Palabra. Grandes recursos y tiempo para equipos de alabanza y pobres o mediocres exposiciones bíblicas como predicación. No estoy en contra de los tiempos de alabanzas en la liturgia, no, pero sí en convertirlos en la prioridad.
El que tiene dones para la música, ¡úselos! Pero sométalos a la Palabra; los que disfrutamos de la música, hagámoslo pero no la convertíamos en mediadora entre Dios y los hombres. La adoración tiene que ver todo con Dios y no en cómo nos debemos sentir. Pensemos el próximo domingo cuál es la actitud de nuestro corazón para asistir, vamos para sentirnos bien disfrutando de un momento de éxtasis comunitario o para responder juntos a la Palabra de Dios que escuchamos. En conclusión, no usemos el culto para servirnos a nosotros mismos sino para responder juntos al Dios que nos sigue hablando. 


jueves, 5 de diciembre de 2013

Génesis de la gracia



Desde siempre me gustan las grandes narrativas, tengo una fascinación por los macrorelatos con intenciones de omnisciencia que dejan de lado ningún detalle, por el contrario, los abarcan todos desde todas las perspectivas en una misma historia, al mismo tiempo. Esto puedo reconocerlo en mí desde una temprana edad,  cuando niño jugaba usando la mayoría de mis juguetes imaginando escenarios completos, una ciudad, una batalla, una rebelión, etc. Por supuesto, me gustaba tener el control de todos los personajes y sus situaciones, por lo regular cada muñeco tenía su propia historia y no la modificaba, solo cambiaba las situaciones donde se desenvolvía. Sin embargo, mi hermana, años más chica que yo, también deseaba participar del juego y no siempre era favorable para mí porque estropeaba el acomodo de los juguetes, les inventaba otra historia, los villanos eran buenos, los buenos malos y otros cambios similares. Su intervención destruía el mundo que esa tarde imaginé para divertirme.
                Pienso que ese gesto de destrucción es el mismo que se representa en el libro de Génesis, en capítulo 1 y 2 vemos a Dios creando todo forma armónica y perfecta a partir de la nada, usando únicamente su Palabra como medio creador. Termina ese episodio de perfección con los seres humanos, hombre y mujer, creados para vivir en relación con Dios, hechos a su imagen y semejanza, y con el mandato cultural de transformar la creación y para gobernar, en nombre de Dios y de la forma que Dios reina, la tierra creada por él.
                No obstante en capítulo 3 se desata la tragedia de la humanidad, el mal, representado en forma animal, por lo tanto parte de la creación divina y no como un ente ajeno a la voluntad creadora de Dios, logra hacer dudar a los seres humanos de la confiabilidad en la Palabra de Dios “No comerás del árbol del bien y del mal”. Bajo la promesa de “llegarán a ser igual que Dios”, los seres humanos desobedecen a su Creador, se rebelan ante su hacedor, usurpan el papel de Dios para establecer que es el “bien” y el “mal”. Las consecuencias de esta rebelión son catastróficas, la armonía que disfrutaban los seres humanos en el jardín donde su Creador los puso se rompió, todas las relaciones se quebraron, la de la humanidad con Dios, la de los seres humanos entre sí y la de ellos con la naturaleza.
                Parece que del capítulo 3 al 11 el autor, autores o compiladores de Génesis se esfuerzan por demostrar las consecuencias de la rebelión, pero estas consecuencias nos las cuenta por medio de historias, desde el asesinato de Caín, pasando por el diluvio, hasta la Torre de Babel se nos dan pistas para reconocer que algo anda mal con los seres humanos y que ya no son más que la sombra de lo que debieron ser. No obstante, en cada momento que se muestran los efectos destructivos de la rebelión también se hace evidente destellos de la gracia divina que intercede a favor de sus creaturas, solamente el incidente de la Torre de Babel no tiene esta pista que forma un patrón: pecado-juicio-gracia. Además se presentan las historias de personas, el linaje de Caín que termina con Dios dispuesto a juzgar la tierra por la maldad de los seres humanos; y el linaje de Set que nos lleva  a Noé, quien “halló gracia ante los ojos del Señor” y a través de él, sobreviviendo al diluvio, nos encontramos con Abraham en el capítulo 12. Génesis capítulo 11 termina con una radiografía con resultados devastadores, el pecado, el usurpamiento del derecho de Dios de hacer las reglas, y sus consecuencias devastadoras no ha sido eliminado, aún después del juicio de Dios por medio del diluvio. La última historia de esta sección nos habla de una torre “tan alta como el cielo” que los seres humanos construyen para “hacerse un nombre”, el momento más culminante de la arrogancia de las creaturas creadas en el sexto día. Un rechazo total de Dios por parte de la incipiente sociedad.
                No obstante, no todo parece estar perdido, leyendo con detenimiento estos mismos capítulos cualquiera puedo notar los pequeños actos de gracia que revelan a Dios obrando calladamente en la historia humana para resolver el problema de la humanidad.
3:15 Dios promete que de la descendencia de la mujer alguien aplastará a la serpiente
3:21 Dios hizo vestiduras de piel para los seres humanos y los vistió
3:24 Dios expulsa a Adán y Eva del jardín y le impide el acceso al árbol del bien y del mal para que no lo tomen y así provocar que su estado corrompido perdure de esa misma forma para siempre.
4:6 Dios busca a Caín.
4:15 Dios pone una señal en Caín para evitar que lo maten.
5:24 Dios toma a Enoc
6:3 Dios pone límite a la vida de los seres humanos
6:8 Noé halla gracia ante Dios
7:16 Dios cierra la puerta del arca construida por Noé.
8:1 Dios envió un viento para que bajen las aguas del diluvio.
8:21 Dios promete no destruir más la tierra y establece una alianza para no destruir de nuevo toda la creación.
9:1 Dios bendice a Noé y su familia
12: 1 Dios llama a Abraham y le hace una promesa

Como podemos ver, Génesis nos habla de dos comienzos, el de la creación y la humanidad, y el de Abraham y su familia que se convertirán en un gran pueblo con una relación especial con el Dios creador.
No espero haber hecho una gran hermenéutica de estos pasajes, sino simplemente tomar nota de detalles para llamar la atención en algo que se me ocurrió llamar el Génesis de la Gracia, no estoy seguro que haya leído ese título, por lo que lo supongo original, pero si alguien, como seguramente sucede (no hay nada nuevo bajo el sol), ya lo vió, escuchó o leyó en otra parte, les suplico por favor disculpen.

En resumen, en el libro de Génesis (a manera de comentario, tampoco vimos nada sobre el autor/es o compiladores, ni estilo literario, etc.) vemos a Dios como creador (Gn1), estableciendo el modelo de vida en su creación (Gn2), la desobediencia y rebelión de los seres humanos (Gn3) y las consecuencias de este acto (Gn 3 - 11). Pero no solemnte eso, sino también todos los actos de gracia que enumeré anteriormente, donde vemos sí el juicio de Dios castigando la desobediencia, pero también su interés de resolver el problema de raíz para restablecer, de nuevo, todo, a su propósito original (que cumplirá en Jesús).
El Génesis de la gracia es reconocer que desde el principio ha sido Dios el más interesado en buscarnos, aún cuando nosotros somos los rebeldes y el más comprometido en que ese encuentro suceda.  La división que existe en los libros de la Biblia en Antiguo y Nuevo Testamento no delimitan la Gracia a Jesús y su mensaje en el NT, sino que lo culminan como la gran narrativa divina de Dios desde Gn 3, con la promesa de un descendiente de la mujer. Por lo tanto, la Ley no precede a la gracia, sino que existe una Ley para los que han experimentado la Gracia, solo aquellos que han experimentado la gracia de Dios son invitados a vivir sometidos a su voluntad en obediencia bajo la bendición de Dios, tal como lo debió ser.