martes, 18 de octubre de 2016

Reconciliándome con mis manos

Hay tantas oportunidades donde fundamentar tu identidad y todas ellas tan frágiles y efímeras; como “maldecidas” por un mundo líquido donde aparentemente ya nada es sólido ni puede permanecer. Como cristianos estamos inmersos en un contexto histórico específico, también somos “hijos o hijas de nuestro tiempo” y siempre necesitamos a las demás personas para que nos dejen ver nuestros puntos ciegos.

Para mi este tema de la identidad salió a colación en este tiempo en Vancouver. El fin de semana conversaba con Arturo Nacho, de Bolivia, sobre su experiencia como migrante en Canadá y la charla, a pesar de ser breve, me animó a escribir lo que ya llevaba procesando en la cabeza.  

La historia comienza así…
Antes de venir a Canadá trabajaba como profesor en un colegio jesuita y además tenía una responsabilidad administrativa. Dicha responsabilidad incluía dar clases, coordinar eventos, reuniones, gestionar procesos, permanecer rodeado de personas y con capacidad de tomar decisiones en el área. Trabajo al fin y al cabo. Pedro, uno de mis mejores amigos, con su sarcasmo característico acostumbra a decir: “Somos obreros calificados”, refiriéndose a nosotros como trabajadores universitarios clasemedieros. El oficio y el lugar son dignos, ése y cualquiera,  no hay problema con ellos por sí mismos. Es sólo cuando dejamos que éstos nos definan. Para mí no fue tan clara la influencia que el trabajo estaba haciendo en mi identidad. Pero ahora que ya no estoy ahí ni “soy” eso que hago es más claro.

Supongo que como muchos de mi generación, crecí con buenos y genuinos consejos maternos y paternos como los siguientes: “Estudia para que seas alguien en la vida”. O alguno como: “Estudia para que no termines haciendo limpiando vidrios”. Tal vez sean consejos validos en los términos de quien los brinda, pero no son ingenuos y esconden esos lados oscuros que nos atan a prejuicios. Aceptaré por ahora estos consejos como invitaciones para ser responsable en las responsabilidades que se me confieren.  
No obstante surge una pregunta: ¿Cuáles son los problemas con esas invitaciones? No generalizaré sino hablaré de mi experiencia personal y como profesor de adolescentes y obrero de COMPA entre los universitarios.

“Estudia para que seas alguien en la vida”. “Estudia para que no termines haciendo limpiando vidrios”.
Este tipo de declaraciones no son ingenuas, como ya mencioné. Aunque con eso no quiero decir que quien las ha dicho haya sido conscientes de las limitaciones que a continuación voy a exponer. Tomar estas invitaciones sin reflexión conlleva algunos riesgos como los siguientes:

1) Promueven falsas esperanzas. Porque instrumentalizan la educación con fines económicos. Además genera expectativas económicas o sociales irreales que la educación universitaria en un sistema económico neoliberal no puede satisfacer.

2) Reducen la inteligencia a los aspectos teóricos o a los procesos mentales y desestima el trabajo manual. Presuponer que es mejor el “trabajo mental” que el “trabajo manual” es un error gravísimo muy común. Uno que yo estaba cometiendo ya. Porque parte de una concepción errónea del ser humano. Hemos sido hechos para usar las manos, pies, razón, dedos, músculos y todo el sistema nervioso central para transformar y preservar la naturaleza con creatividad e ingenio. 

3) Motivan el individualismo. Si nuestra meta en la vida es ser el mejor de la clase, alcanzar el mejor trabajo, mandar a los demás o que los demás hagan “ciertas actividades inferiores” por mí. ¿Dónde queda el aspecto comunitario? No hay posibilidad para la fraternidad cuando las personas son vistas como competencias. No hay amor por el prójimo, no hay servicio, no hay compasión sino lástima. Uno puede pretender medir al resto de las personas con la medida de uno mismo. Pero con la lógica de esa medida otro más rico nos medirá. Este aspecto del individualismo y la realización económica como objetivo de la vida es un tema comúnmente cristianizado con suma facilidad y de muchas formas, a tal grado que cuando está hecho es difícil transformarlo.

Venir a Vancouver tenía la implicación de renunciar a mí antiguo trabajo y buscar uno acá. Por las limitaciones de idioma, de ley y por el rol de migrantes en el que ahora estamos, obviamente no podía suponer conseguir un empleo similar. No responsabilidades administrativas, no coordinación de equipo, no reconocimiento social, no oficina, etcétera, etc. La búsqueda inició. Gracias a Dios la oportunidad se dio rápido pero en lugar de alegría generó confusión. Conseguí un empleo como housekeeping en Carey Center, en el campus de la universidad. El trabajo es simple y sencillo: limpiar y arreglar el cuarto. Es una actividad sencilla, limpiar el baño, poner las toallas, jabón, shampoo, cambiar las sábanas de la cama, poner nuevas, limpiar y aspirar. ¿Cómo yo ahora realizaría esta actividad? ¿Cómo era posible?

Esa fue la crisis que desencadenó toda una serie de cuestionamientos y reconocimientos internos. Algo en mí estaba mal, quebrado y no me había dado cuenta. Me había tragado la mentira de creer que mi valor como persona depende del trabajo que desempeño y que hay una clasificación del trabajo entre “inferior” o “superior”. Probablemente para nuestras culturas exista y sea aceptado socialmente. Pero no creo que esa sea cierto desde una perspectiva cristiana del mundo.

Yo quién “enseñaba” a otros ahora aprendía como limpiar lo que un huésped usó y arreglar adecuadamente un cuarto que otro disfrutará. A pesar de lo obvio del trabajo demanda un desempeño meticuloso en cada detalle y apertura para ser corregido en los errores naturales de quien lo hace por primera vez. Además, sumado el conflicto de mi poca comunicación en inglés. Mi orgullo estaba hecho pedazos. Dios probablemente debió disfrutar sonriendo la escena. No creo que burlándose ni que haya hecho todo eso para hacerme sentir mal. Sino que lo pienso como un padre que se ríe por lo absurdo del berrinche de su hijo. Pero Dios no está lejos de mi trabajo aquí en Canadá, de hecho está cerca.

En mi nuevo trabajo conocí a personas fascinantes de otras partes del mundo. Por ejemplo: Ki Pan, Ruth y Amy de India o Yoseb de Corea. La mayoría de ellos inmigrantes también por estudios de posgrado o como yo, pareja de estudiante de posgrado en Regent College u otra escuela del campus.
"Marca que Ki Pan dejó hoy en un pizarrón mientras limpiábamos el salón.

El segundo día de trabajo mientras limpiaba la tina del baño y tomaba una toalla para secar la pared recordé una historia de Jesús en los evangelios que me quebró. Era la historia cuando Jesús lavó los pies a sus discípulos. No recordé el orden preciso de las acciones pero un detalle fue claro: Jesús tomó la toalla. El Señor tomó la toalla como yo en ese momento la tenía; él para lavar los pies de sus discípulos y yo para limpiar un baño que algún discípulo o discípula suya del siglo XXI, de quien sabe qué parte del mundo,  usaría a su paso por Vancouver.

Después Dios susurró otras palabras del Evangelio, no necesariamente textuales pero sí  de la misma historia: “Si yo el Maestro he hecho esto…”. Eran probablemente las once de la tarde en el baño de una habitación del segundo piso y yo había escuchado la voz de Dios tan claramente hablándome, sanándome, invitándome a dejarme transformar por él. Ahora creo que si en México existiera un “santo patrono de los housekeeping” sería Jesús mismo.

Ahora dejo la historia textual que está en Juan 13:
3. Con plena conciencia de haber venido de Dios y de que ahora volvía a él, y perfecto conocedor de la plena autoridad que el Padre le había dado, 4 Jesús interrumpió la cena, se quitó el manto, tomó una toalla y se la ciñó a la cintura. 5 Después echó agua en una palangana y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba a la cintura…
13 Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque efectivamente lo soy. 14 Pues bien, si yo, el Maestro y Señor, les he lavado los pies, lo mismo deben hacer ustedes unos con otros. 15 Les he dado ejemplo para que se porten como yo me he portado con ustedes. 16 Les aseguro que el siervo no puede ser mayor que su amo; ni el enviado, superior a quien lo envió. 17 Si comprenden estas cosas y las ponen en práctica serán dichosos.

Disfruto mi trabajo aquí, soy libre de mi lado ciego. Entiendo mejor que antes esto y mi identidad puede ser afirmada en Dios como Jesús tenía la suya afirmada en el Padre cuando lavó los pies de sus discípulos. Nosotros, los housekeeping servimos al pueblo de Dios para brindarles un lugar limpio y cómo donde puedan descansar a su paso por esta ciudad donde Dios también les trajo. Comprender esto me da paz. Hay algo interesante en limpiar, puedo ver un “antes” y “después” del trabajo. Es fascinante, es un regalo ver el fruto del trabajo. Es algo que no se puede apreciar a simple vista como profesor o como asesor en COMPA.

La hora del "lonche" es una fiesta de sabor porque compartimos un poco la comida que cada quien preparó y la historia que hay detrás de ella y de nosotros. Me siento afirmado en el Señor, veo con gratitud su provisión por medio del trabajo, veo el amor de mis compañeras y compañero de trabajo en la paciencia que me tienen por el idioma. Veo a Dios sanando y me veo reconciliándome con mis manos.

Cómo continuará la historia
Llegará un tiempo para regresar a casa, a Tijuana y reincorporarme a una nueva aventura en tema de trabajo. Seguro regreso a mi rol de obrero en COMPA y probablemente también enseñe. No sé en dónde ni cómo. Pero al menos hoy, aquí en Vancouver, he aprendido algo. Al regreso puedo servir mejor. Dios no desperdicia nada en nuestras vidas para transformarnos y hacernos cada vez más a su imagen.

Gracias Señor.
Amén.


miércoles, 12 de octubre de 2016

Entretejer la vida

Ya casi cumplimos dos meses aquí en Vancouver y seguimos entretejiendo la vida con otras personas. Lo primero fue establecernos, conocer, reconocer y apropiarnos de la nueva ciudad, nuestro nuevo rol y asumir la realidad de nuestro tiempo aquí. Ahora estamos más avanzados en eso, ya sabemos en qué mercados comprar las cosas, donde comprar la fruta o verdura, qué mercado tiene lo necesario para el desayuno y dónde ponen mejores especiales. Creo que es tiempo de tejer. Como la abuela. Veo que ahora pasamos de los lugares a las personas. A entretejernos con otras y otros.
Atardecer en Jericho Beach, donde corremos.
El cambio nos distanció de nuestra red de personas. Pero aquí estamos siendo invitados por Dios a sumarnos a otras, a construir creativamente con otros una comunidad distinta y a ver la mano de Dios permitiendo los encuentros. Ahora me asombro positivamente al reconocer rostros y alegrarme por encontrarlos. 

Particularmente Regent College es un punto de encuentro. Para nosotros ha significado conocer amigas y amigos de Canadá, EUA, Nueva Zelanda, Australia, Brasil, China, Hong Kong, Inglaterra, India, Corea del Sur y Zimbabue. Es un encuentro con la diversidad del Reino de Dios y por lo tanto la celebramos y la compartimos. Tantos acentos diferentes del inglés me facilitan el aprendizaje de la lengua pero también algunas veces lo dificultan. Para mí es más difícil entenderles a las personas de Australia y Nueva Zelanda. Una buena sorpresa fue conocer la calidez de los canadienses. No se afectuosos como los latinos pero tienen un interés genuino por los demás y se muestran abiertos y dispuestos a enseñarnos su país y a que se los enseñemos a partir de nuestras observaciones.

Todos llegamos a Vancouver con una historia detrás y por llamados diferentes de Dios. Es interesante encontrar nuestras dudas o preguntas en otra persona y orar por la respuesta de Dios. Este tiempo es de transición, todos sabemos que no nos quedaremos aquí, al menos la mayoría. A todos nos gusta la ciudad.

Con David, María y Joy
Ahora, con todo y mi inglés deficiente, tejo la vida con David, un amigo canadiense de Alberta, que habla muy bien español por su estancia en Bolivia y con quien Alejandra y yo hemos descubierto el gusto por las caminatas (Hiking dicen por acá). Joy rompió mi estereotipo de los ingleses, primero, no tiene el típico acento británico, es de trato cálido (fue la primera que nos saludó con abrazo por acá) y muy simpática. María de Nueva Zelanda comparte con nosotros su realidad de la vida en comunidad, nos cuenta los desafíos, nos invitó a cenar y a pesar que su inglés es más difícil para mí, cuando converso con ella casi siempre nos reímos. Tanner e Ivy son una pareja de canadienses muy divertidos con quienes disfrutamos la aventura de un viaje. Anni, otra británica, que también rompió mi estereotipo por su calidez. Y muchas otras personas, por no hablar de Ki pan, Ruth y Amy de la India y Yoseb de Corea con quienes trabajo. Y me faltaría mencionar a la familia Colby que nos recibe con amor y cuidado. La mayoría lejos de nuestras familias y de nuestra tierra pero ahora aquí caminando como peregrinos con el pueblo de Dios.  Estamos aquí, disfrutando, caminando en medio del bosque, sentándonos a la mesa para comer, preparando alimentos juntos, estudiando en la Biblioteca, compartiendo la misma clase. ¿Acaso estos destellos no son anticipaciones del Reino? Por ahora somos una comunidad imperfecta de peregrinos en un lugar que no es el nuestro. 
David haciendo tortillas de harina

Este tiempo de sabático es como escuchar a Dios diciéndonos que disfrutemos su creación, hagamos amistad con personas que jamás hubiéramos conocidos de no ser porque Él nos sacó de donde estábamos. Caminemos juntos con ellos, crezcamos juntos, sigamos a Dios juntos. No siento que sea a establecernos en Vancouver como cuando el profeta Jeremías les escribió una carta a los deportados de Jerusalén en Babilonia diciéndoles que se establezcan, construyan casas y las habiten. No. Este es un tiempo de transición para caminar  otro ritmo con el Señor pero un tiempo con fecha de regreso. Las noticias de nuestro contexto, de Tijuana, de México, de América Latina nos llegan hasta acá y nos siguen doliendo igual. A ellas seremos regresados, a su tiempo.


miércoles, 5 de octubre de 2016

El error político de los evangélicos latinoamericanos de esta década


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México
La Presidencia envió una iniciativa de reforma de ley para que todas las personas sin importar sus preferencias sexuales puedan acceder al matrimonio. Esto, es un tema de justicia que permite a las parejas (todas) quedar bajo la protección que el Estado ofrece a los miembros de un matrimonio.  
Como respuesta, “grupos de la sociedad civil”, organizaciones pro familia forman, organizaciones parte directa o indirectamente de la iglesia católica y un sin número de iglesias evangélicas forman el Frente Nacional por la Familia.
¿Cuándo se pregunta por qué los evangélicos se alían con este tipo de iniciativa se escuchan mayoritariamente teorías de la conspiración, desvariadas, infundadas, incoherentes y desinformadas respuestas? Algunas de estas son: “Se quiere imponer en México la ideología de género”, “El lobby gay es el responsable”, “La ONU está detrás de esto”. Un dirigente del Frente en México dijo:
“La ideología de género nos la están imponiendo las grandes corporaciones mundiales: la ONU, el Banco Interamericano, el Banco Mundial, la están imponiendo a México y a otros países; quieren despoblar a los países del tercer mundo para quedarse con las materias primas de los países del tercer mundo (…), no existe riqueza que no sea producida por el hombre, cuando despoblamos a un país, como es lo que se quiere hacer en México, estamos despoblando al país a largo plazo. Si la familia está enferma, también está enferma la sociedad y los problemas sociales afectarán a la economía”.[1]
¿Qué dicen los evangélicos? Los que participan activamente en este movimiento básicamente lo mismo. Sin saber que al hacerlo citan más al Papa que al Jesús del Evangelio.

Colombia
52 años de guerra. El gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia llegaron a un acuerdo sobre un cese al fuego sometido a plebiscito. El pueblo colombiano votaría Sí o No a dicho acuerdo. Por desgracia la mayoría voto por el No. Estimaciones generales de la Confederación Evangélica de Colombia dicen que de 10 millones de evangélicos, probablemente votaron 4, “la mitad por el No”. Tal parece que el voto evangélico si no definió, al menos inclinó el resultado final por el No.
¿Por qué un país devastado por la guerra vota contra un acuerdo de paz? Un acuerdo “imperfecto pero con los arreglos necesarios para terminar el conflicto”, según lo describe Harold Segura, pastor y teólogo.[2] Aún más. ¿Por qué los evangélicos colombianos se promulgaron en contra de este acuerdo de paz dejando de lado los valores cristianos de reconciliación y perdón?
Bueno la respuesta incluye: alianza con sectores de la iglesia católica para defender la familia porque el acuerdo para la paz contenía “ideología de género” que se pretendía imponer en Colombia. Esto es mentira. Tal parece que los ideólogos de estos movimientos confunden “equidad de género” con “ideología de género”, lo que sea que ésta última sea. Una búsqueda rápida en Google sobre “Ideología de género” arroja resultado de páginas citando al Papa Francisco, muchas páginas ligadas a la iglesia católica y de organizaciones españolas de derecha.

Preguntas y más preguntas
¿Por qué la intromisión de los evangélicos en la política está siendo desde la derecha? ¿Por qué se suben a la arena pública y política en temas relacionados principal y mayoritariamente sobre sexualidad? ¿Por qué cuando se pretende hacer sobre temas de justicia o crítica al gobierno se censura y se pide “someterse a toda autoridad”?
¿Cómo explicárnoslo? ¿Cómo dialogar cuando se habla de estos temas desde la mentira y desde una posición de autoridad? Sobre un post anterior un pastor simplemente me dijo:
“Me parece que estás muy verde en el tema. Esperare (sic) qué (sic) te documentes  más para qué(sic) comentes algo más objetivo”.
Interesante, un contacto en Facebook compartió una nota de la BBC[3] sobre la participación evangélica en el No de Colombia y sorpresivamente una persona le comento lo siguiente:
“creo que tu juicio subjetivo no responde a la realidad del pueblo Cristiano en Colombia y es mas (sic) bien las subjetividad (engañoso es el corazón) la que muchas veces nos juega malas pasadas, los procesos sociales y políticos debemos verlos con objetividad, sus razones y fundamentos deben construir nuestra intervención”
Encuentro paralelos en las opiniones de las dos persona que están en desacuerdo conmigo y mi contacto de Facebook. Ambos nos acusan de “subjetivos” en cierto tema por el simple hecho de no estar de acuerdo con ellos o sus ideas en determinado tema. Al tacharnos de “subjetivos” desacreditan nuestras opiniones pero sin ofrecer argumentos racionales para eso. Es simplemente un plumazo de “autoritarismo” que no sabe cómo responder y evidentemente está equivocado.

¿Cómo entendemos todo esto?
No sé. Pero veo:
1. irresponsabilidad de los líderes que evangélicos que se suman a estos movimientos sin realizar una investigación seria de los temas y además suman a sus feligreses.
2. explotación de la ignorancia (y también irresponsabilidad) de una gran cantidad de fieles evangélicos que no tienen acceso a la información fuera de los comentarios que el pastor.
3. un problema de interpretación bíblica que pretende clasificar los asuntos políticos entre “los importantes” (como esto de la familia) a los que hay que hacer cabildeo y los “secundarios” (como el de justicia, corrupción, violencia, reconciliación o paz) donde nada más hay que orar o simple y descaradamente guardar silencio. Todavía no quiero soltar este punto porque creo que aquí está la esperanza.
4. una agenda política conservadora impulsada por muchas iglesias evangélicas de la mano con sectores de la iglesia católica…

Errores
1. La incapacidad de dialogar y la apertura a la posibilidad del error. Algunas personas piensan que por ser pastor (sin estudios formativos) tienen licencia para opinar sobre todos los temas sin ser cuestionados o equiparan, erróneamente, su palabra como Palabra de Dios.
2. Los evangélicos nos estamos perdiendo la oportunidad de estar ahí con las minorías y sus luchas, que son muchas veces las luchas por la justicia, igualdad o paz. La identificación evangélica con el poder o el estatus quo es a todas luces errónea (y si se me permite el tono: hasta satánica).
3. Confusión de aspectos políticos con asuntos bíblicos, aunque la fe en el Jesús de la Biblia sí tiene implicaciones políticas. Es decir, muchos de los discursos vestidos pírricamente de versículos sobre la familia (por ejemplo) no son exposiciones bíblicas sino discursos políticos fuertemente ideologizados, conservadores y completamente debatibles.
Dios tenga misericordia de nosotros.
Señor perdónanos.