Mis papás son millennials: Un hermoso amanecer de luz
Las primeras veces que abracé a Luciana mientras lloraba por la noche me sentí absorto. No saber por qué lloraba, o no saber qué hacer para ayudarla a dejar de hacerlo fue (y sigue siendo) una sensación radicalmente nueva para mí. Nuestra hija, con tan sólo su presencia, me enseña a percibir la cotidianidad de forma diferente. “Ay hija –le decía- tú no tienes la culpa, pero te tocaron padres primerizos y además, millennials”. Por supuesto, sin conocer todavía nuestro lenguaje, esas palabras no significaron nada para ella. Sólo escucha un sonido familiar que ha venido aprendiendo desde meses atrás, cuando estaba en el vientre de mamá. Para Luciana, mi voz o la voz de Alejandra, no transmiten conceptos sino la seguridad de que está en compañía de quien la aman. Y Luciana Erandi llega a nuestras vidas recordándonos el inmenso amor de Dios. Nueve meses de espera no son suficientes para asimilar el nacimiento de una nueva persona. La noche que partimos al hospital lo hic...