miércoles, 25 de septiembre de 2013

No sabemos estar solos

Para ella:

Nos despedimos por la tarde para irnos juntos, yo a donde ella iba y ella para quedarse conmigo. La distancia es una ficción (¿Cuánto se puede separar a los enamorados sin que sobrevivan?) y una metáfora desgastada (¿Qué distancia plantas entre dos personas que se aman?). Hay solo tiempo entre sus labios y los míos, el espacio es una perspectiva sin consideración o una hipótesis por demostrar. 
No podemos pensarnos aislados el uno del otro cuando la misma vida nos envuelve, y aunque ella duerme y trabaja  o yo trabajo y río, nos abraza el mismo cielo. 
Nunca estamos solos nosotros dos, ¿Cómo estarlo si el mismo Dios nos tiene en sus brazos? 
Es cierto, hay solamente palabras entre su corazón y el mío, una especie de puente por donde nos encontramos aquí o allá. ¿Qué es esa oscuridad? Es el tiempo no alumbrado por nuestra presencia, la habitación a donde asisto a orar por ella, el pasillo por donde sus recuerdos me vienen a encontrar. 

No estamos solos, no permanecemos solos, sus besos están tatuados en mis labios y mi abrazo la cobija donde reposa su cabeza. 

No, no estamos solos, no queremos estar solos... recién nos encontramos y no, no sabemos estar solos. 

lunes, 23 de septiembre de 2013

Invitaciones acuáticas

***Regreso al escritorio con poesía, no podía ser distinto***



¿No observas como violento se acerca y como apaciblemente se va? El mar franquea nuestras fronteras sin ponerle límite a nuestra mirada. Detiene nuestros pasos  pero echa la imaginación a volar.

Me invita, te invita a vaciar nuestros pensamientos en su profundidad y colmarnos el corazón de su inmensa paz. 

A ratos de lejos le veo y mis ojos resecos reclaman la brisa del mar. 
Yo quiero ser un árbol plantado a orillas del mar y con sus olas me haga cosquillas al ir y regresar.

Por las noches cuando dormir no puedo sueño con el mar,
le dejo inundarme los sueños y arrullarme cuando a su entera libertad le da por cantar
suena, silva y suena
                                   ¡Ruge el violento mar!

Yo amo, yo amo vivir cerca del mar, lo amo de la misma forma en la que miedo me da, porque yo le temo, yo le temo al furioso mar. 



Estoy de frente, pequeño e insignificante, de frente al grandioso mar y le escribo, yo le escribo al mar. A puño y letra redacto al mar con la misma paciencia de quienes le roban peces al mar y tengo visiones donde creo llenar con mis palabras el mar.