jueves, 23 de marzo de 2017

En camino a la paternidad y maternidad


“Son los hijos herencia que da el Señor,
son los descendientes una recompensa.
Salmos 127:3

En noviembre del año pasado nos atropelló la alegre noticia de que en el vientre de Alejandra crecía ya una nueva vida. Ya, ahí dentro, maravillosamente una célula se multiplicaba y multiplicaba, la vida floreciendo ante nuestros ojos absortos. Una persona viene en camino para habitar con nosotros y nosotros por siempre con ella.

Nuestro hijo o hija crece sorprendiéndonos día a día. Es un misterio desarrollándose, una persona también distinta que aún no conocemos pero amamos profundamente desde ya.

Ahí dentro, en la seguridad que proporciona mamá, tú también te vas encontrando y conociendo hija o hijo nuestro. Y a pesar de las distorsiones del ambiente donde ahora vives, el mundo exterior te llega cada vez más en luces y sonidos. Y tú vendrás al mundo, como tu padre, que también le da por hacerle de poeta escribió: “Nace violentamente el ser humano al mundo entre sudor, sangre y dolor y el mundo le nace estrepitosamente,  inquietantemente desigual. 

Hay tanta belleza en este mundo hecho por Dios, que tu madre y yo estaremos fascinados de ayudarte a descubrirlo, hasta que puedes hacerlo tú misma o tú mismo para encontrar tu propio camino. Pero por ahora creces ahí, al abrigo del vientre materno, descubriendo los movimientos de tu propio cuerpo y teniendo sueños hermosos que nunca recordarás. Hasta allá te llega nuestro amor y nuestras oraciones por ti. Que Dios que te conoce mejor que nosotros te bendiga y te ayude a llegar con bien. Que su amor te inunde en todo su ser y que a lo largo de toda tu vida puedas también tú amarle.


lunes, 20 de marzo de 2017

¿Por qué algunas iglesias evangélicas no son comunidades que reciben a nuevas personas en la vida de la congregación?


Introducción y limitaciones de esta reflexión

Primero: En este texto me enfocaré en la iglesia en tanto una realidad social, como un grupo de personas con capacidad de establecer relaciones interpersonales (a) entre sus miembros, y (b) entre sus miembros y la localidad donde está insertada. Cuando una iglesia local experimenta esto podemos llamarla, para efectos prácticos del análisis: “comunidades”. No obstante, no todas las iglesias locales se caracterizan por esa vida en comunidad. Cuando una iglesia local no experimenta “comunidad” la llamaré “iglesia cerrada”, para diferenciarla y remarcar el carácter institucional que prima en ellas.

Segundo: Asumo que la iglesia local participa como agente de la misión de Dios para el establecimiento del Reino de Dios y que esto es fundamental. A  tal extremo que pudiera decirse que hay misión sin iglesia, pero no puede haber iglesia sin misión. Aunque en este análisis la misión se da por sentado como inherente a la iglesia, no se profundiza la relación entre la misión y la vida social de la iglesia, como se aborda en este trabajo, tal vez esto puede constituir una de las debilidades del mismo.  

Tercero: En este comentario trato de hacer una reflexión general a partir de observaciones personales en por lo menos 3 congregaciones locales de diferentes denominación en la misma ciudad de Tijuana. Sin embargo, considero que este análisis pudiera ayudar a describir y explicar a otras congregaciones, independientemente de su adscripción denominaciones o localidad si cumple con dos característica particulares. No obstante, la primera de ellas puede prescindirse más no la segunda. (1) son iglesias que pertenecen a una denominación con pastores itinerantes, esto es, que hay una instancia responsable de designar los pastores a las iglesias y de cambiarlos cuando considere necesario a sus intereses organizacionales. (2) Son iglesias que llamaré “consolidadas”, lo que en otros términos quiere decir: “iglesias con por lo menos 5 o más años de haberse fundado”.  Este análisis deja de fuera a las iglesias “jóvenes” o las de reciente fundación. No obstante, nos surgen dudas y curiosidad de analizar también las etapas fundacionales de una congregación, pues como se verá más adelante, en ellas se gesta la semilla de lo que, al paso del tiempo, podrá desarrollarse y convertirse en una iglesia “cerrada”.


Iglesias cerradas
Condiciones materiales sustentables

Las iglesias consolidadas generalmente cuentan, mediana o satisfactoriamente, con los recursos y medios considerados por ellas mismas, o sus denominaciones, indispensables para llevar a cabo la misión. Estos pueden ser: edificio, un ingreso constante de ingresos por vía de ofrendas, diezmos y otro tipo de donaciones en especie, muebles e inmuebles, equipo electrónico (bocinas, micrófono y consolas), instrumentos musicales, salones para clases, cuneros, en algunos casos cocina. Ahora parece que también debemos incluir: recursos multimedia, página web, recursos y predicaciones online, etc.  El aspecto material es importante pues alrededor de la administración y destino de estos recursos es que se establecen grupos familiares que compiten entre sí o con el pastor en turno para asignar y destinar los recursos materiales de la congregación.

Lo simbólico 

Muchas veces los grupos de poder no sólo tienen el monopolio de la distribución de los recursos materiales. También tienen el monopolio de lo simbólico. Con esto me refiero al control de espacios simbólicos dentro de la congregación: "responsabilidades en la enseñanza", "roles públicos durante el servicio o liturgia" y los "grupos de alabanza."


Grupos familiares de poder

Cada iglesia puede contar con uno o hasta cuatro grupos familiares de poder. Estos son los apellidos de las familias fundacionales de la congregación, cuyos miembros tienden a asumir responsabilidades clave en la vida de la iglesia. Con el paso de los años estos grupos van formando alianzas por matrimonios entre hijos e hijas. Formar alianzas permite también evitar las fracturas estructurales entre los grupos familiares y la continuidad en las responsabilidades clave de la iglesia. Tal vez el lastre constante de la "división" de las iglesias evangélicas se explique por medio de esta fractura en los grupos de poder, en lugar de las "diferencias teológicas" a las que apelan los disidentes. 

Estos grupos familiares actúan como grupos de poder y ejercen su influencia a toda la congregación. La larga historia de la congregación es también la historia de la actividad de los grupos familiares de poder. De ahí que la dinámica eclesial, su identidad y tradición han sido forjadas por estos grupos y se convierte en modelo y regla para el presente de la iglesia. Esto puede ser positivo en muchos términos si se reconoce que existe influencia de estos grupos, y mientras ésta no se exalte a la categoría de verdad absoluta incuestionable.

Grupos familiares de poder y denominación eclesial
Estos grupos familiares existen independiente de la denominación a la que pertenece dicha congregación y funcionan al margen de la misma en adaptaciones superficiales, por donde corre la sangre de la tradición local. Incluso, puede existir caso donde una misma familia sea grupo de poder en dos iglesias distintas, inclusive en ciudades distintas.

Algunos de estos grupos familiares cuentan entre sus miembros con uno o  más pastores, lo que les permite tener mucha más libertad de acción en las congregaciones locales. Más si los pastores ascienden en responsabilidades regionales o nacionales dentro de la organización o denominación. En estos casos, los grupos familiares con miembros dentro de la organización en esos niveles cuentan con cierta inmunidad frente a las disposiciones locales del pastor en turno o la denominación.

Si la denominación a la que pertenece la iglesia elabora planes de carácter nacionales, los grupos familiares, que cuentan con individuos en áreas estratégicas de la congregación, reciben primeramente estos documentos y son los responsables de comunicarlos al resto de la congregación. En este proceso de comunicación sucede una operación de depuración y adaptación de los protocolos nacionales para la vida local de la iglesia sin que la congregación llegue a enterarse de ello, “Obedézcase, pero no se cumpla”, como rezaba la vieja fórmula castellana medieval de derecho.

Grupos familiares de poder y censura
El riesgo más grande que representan estos  grupos familiares de poder se encuentra en la capacidad de actuar como censura. Esta censura se puede ejercer de facto en cambios estructurales que afecte a los intereses de los grupos o en la integración de nuevos individuos o familias a la iglesia y particularmente a las áreas de responsabilidad de la misma. Ya que el deseo de las nuevas familias por incursionar en áreas de responsabilidad de la iglesia representan sospecha y desconfianza, al dudar de su lealtad o capacidad. Los grupos familiares de poder siempre enarbolaran un discurso de continuidad que apela a la tradición eclesiástica local.

Para protección de la iglesia, los grupos familiares han establecido convenciones sociales para evaluar y aceptar a nuevos miembros. La iglesia puede estar abierta a todos los visitantes y quienes deseen congregarse en ella, hasta cierto punto. Cuando una persona “es nueva” se le llama “visita”, su presencia en la iglesia es deseable, pues generalmente se asocia con el éxito de la congregación. No es raro que domingo a domingo se realicen conteos de “las visitas” y sea motivo de alegría por parte de la congregación, aunque las personas “visitantes” hayan llegado por pie propio sin ser creyentes, invitados por una persona de la congregación o venido de otra iglesia local. Sin embargo, cuando “la visita” pretende convertirse en “miembro” de la iglesia, participar de la vida de la misma e influir con sus ideas, experiencias y capacidades en la toma de decisiones  de la nueva congregación, la respuesta es una evaluación.

Todos los aspirantes a miembros con derecho pleno reconocido serán remitidos a un proceso de evaluación, reeducación y homogenización a la cultura eclesiástica local. Esto se da independientemente de si se realiza o no un discipulado bíblico, paralelo a este o, en el peor de los casos, cuando se da éste proceso de asimilación a la cultura bajo el nombre discipulado cristiano. De acuerdo a la denominación, el aspirante puede ser admitido en la congregación después de ciertos ritos como el bautismo, un curso doctrinal, poliglosia, etcétera. Sin embargo, estos ritos no son suficientes para la cultura eclesiástica local, pues ésta tiene sus propios ritos de iniciación y aceptación.

Los nuevos miembros se enfrentan a la cultura eclesiástica, abanderada por los grupos familiares de poder con dos opciones: (1) aceptarla, respetando los cotos de poder y asumiendo los espacios secundarios de la vida de la iglesia o (2) pretendiendo ingresar a espacios exclusivos, ya ocupados, o intentando cambiar parte de la cultura eclesiástica. Cuando esto último sucede se generan un rechazo tajante de parte del grupo o de todos los grupos familiares. Sin embargo, cuando este intento de cambio cuenta con el aval de un grupo familiar o varios se generan tensiones entre los grupos de poder. Si se da este caso una facción luchará para mantener el curso y la estructura de la iglesia por la senda de la tradición, conservando así sus privilegios; mientras que la otra facción promoverá transformaciones en aras de la modernización y ganar de esa forma cierto poder en la nueva organización.  Pero por lo general, cuando los cambios provienen de los nuevos miembros nunca sucederá nada a nivel estructural. Aunque puede ser que encuentren ecos y realidad en individuos o grupos pequeños, que no forman parte de los grupos familiares de poder. Estos pequeños cambios a nivel micro pueden suceder con o sin ayuda de los líderes locales, mientras no llamen la atención, pues del contrario serán cuestionados, supervisados y neutralizados por el pastor en turno o los grupos familiares de poder.

De comunidad a iglesia cerrada
Cuando una iglesia local cuenta con grupos familiares de poder que defienden una tradición local o una identidad de lo que ellos entienden como iglesia, la vida de la congregación se dirige a la formación de un club social. Este club existe para beneficio propio, como lugar seguro para la crianza sana de niños, un lugar apartado de los peligros “del mundo”, una cabeza de playa de moralidad pero estéril en su servicio a los demás y en su vida misionera.  

Cuando una iglesia se convierte en un club social es muy complicado revertir este rol. Es un proceso largo y doloroso que por lo menos puede llevar una generación. Algunas veces los líderes se esfuerzan por volcar a la iglesia hacia afuera, pero no obtienen los resultados deseados. Ya sea por el corto tiempo con que cuentan antes de ser cambiados, o por un cambio precipitado orquestado por los grupos familiares de poder. El problema radica que estos grupos se han empeñado en identificar “iglesia” con su propia “experiencia”. Se necesita una transformación de los imaginarios desde las Escrituras como desencadenador de esas trasformaciones.  

La Palabra y el Espíritu Santo
La iglesia fue establecida por Jesús, no por ella misma. Jesús es la cabeza de la iglesia, que es su cuerpo. A él responde toda la iglesia alrededor del mundo y en cada localidad. Jesús es Señor de la iglesia local por encima de cualquier grupo familiar de poder. Esta es una verdad que debe recordarse en todo momento. Pero esto no quiere decir que la autoridad absoluta en la iglesia recae en la persona que pastorea a la congregación, con lo que estaríamos incurriendo en el extremo contrario: donde el pastor ejerce toda autoridad en todo asunto de la congregación y la vida de las familias. Jesús mismo dijo que aunque los gobernantes ejercen su poder despóticamente, entre ustedes, sus discípulos no debe ser así. Pues quien desee ser considerado importante póngase al servicio de los demás, y hágase servidor de todos. La tentación del poder se encuentra sutilmente dentro de muchas de nuestras congregaciones, y sólo la Palabra y el Espíritu nos pueden librar de ella.

El desafío de tornar comunidades a las iglesias cerradas es sólo obra del Espíritu, pues esto implica la trasformación de los corazones y deseos, así como  el arrepentimiento y la nueva vida. Esto puede iniciar cuando la Palabra se comparte íntegramente y las personas se encuentran con Jesús en el Evangelio. No tenemos delante de nosotros un desafío pequeño sino un problema grave latente que impide que la vida de la nueva creación ilumine a las localidades donde la iglesia local está insertada. Aunque el trabajo primordialmente es obra del Espíritu, también demanda el compromiso profundo de líderes y miembros de la iglesia. Es con el amor de Dios que amamos a nuestros hermanos y hermanas, y en ese mismo amor exhortamos, enseñamos y corregimos. Todos somos miembros de un mismo cuerpo, la responsabilidad de volver a ser comunidades cristianas donde la vida nueva del Reino esté presente es responsabilidad de todos los discípulos y discípulas de Jesús.  Pues la vida, a la luz de la verdad del Evangelio, irradiará nuevos valores y nuevas prácticas eclesiales acordes a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esta nueva vida subvertirá los valores de la cultura y primará los valores del Reino de Dios: el amor, el servicio y el sacrificio.

Una iglesia cerrada se transmite, se nota, se puede ver. Por más aparatosas que sean nuestras “bienvenidas” o nuestros intentos por “contactar a las visitas”, la inercia de la cultura eclesial local se impone. Como consecuencia, las personas que llegan a visitar una iglesia en necesidad espiritual, emocional, económica, o en desesperación, salen con un sabor amargo y una confusión mayor que no logra conciliar el mensaje de amor o de buenas noticias que se predica (cuando así sucede), con la realidad del trato superficial e interesado con que se les recibió.

La iglesia cerrada no sólo daña a las personas que la visita, sino también a los miembros de ella. No solamente son los nuevos miembros los que sufren al adaptarse a la cultura existente, sino también las nuevas generaciones. En algunos casos los hijos e hijas asumirán también responsabilidades clave, pero no sucederá con la mayoría, que al no contar con la popularidad o habilidades valoradas por la cultura eclesial, pasarán a conformarse con ser espectadores sin capacidad de agencia.   

El Señor Jesús se encarga de su iglesia. En las cartas del Nuevo Testamento y en el mensaje a las siete iglesias en Apocalipsis vemos una y otra vez al Señor teniendo cuidado de su iglesia. Hoy no tiene porque ser distinto: Jesús es el mismo, ayer, hoy y por los siglos. El sigue teniendo cuidado de su iglesia, este cuidado vendrá de muchas y diversas maneras, algunas de estas no nos gustarán. Pero a pesar de que pueda causar dolor, la poda será buena. Necesitamos dar fruto. 

Que el Señor Jesús, el Señor de la iglesia nos ayude y nos haga iglesias abiertas que muestran la vida nueva ahí donde Dios nos puso.




martes, 7 de marzo de 2017

Las tentaciones. Parte II

El pasaje de Lucas 4:1-13 en el contexto del Libro Lucas-Hechos

Esta publicación es la segunda parte de la reflexiones sobre las tentaciones de Jesús que comencé el mes pasado. En la primera parte traté un poco de La privatización y cristianización de las tentaciones de Jesús. Tal vez te interese leer primero la primera parte antes de continuar. Puedes leer esa publicación aquí. No obstante, si inicias aquí, no tienes problema, pues cada sección tiene  sentido y estructura propio.

Recordémonos el pasaje:

Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y fue llevado por el Espíritu en el desierto  (2)  por cuarenta días, siendo tentado por el diablo. Y no comió nada durante esos días, pasados los cuales tuvo hambre.  (3)  Entonces el diablo Le dijo: "Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan."  (4)  Jesús le respondió: "Escrito está: 'NO SOLO DE PAN VIVIRA EL HOMBRE.'"  (5)  El diablo Lo llevó a una altura, y Le mostró en un instante todos los reinos del mundo.  (6)  "Todo este dominio y su gloria Te daré," Le dijo el diablo; "pues a mí me ha sido entregado, y a quien quiero se lo doy.  (7)  "Por tanto, si Te postras delante de mí (me adoras), todo será Tuyo."  (8)  Jesús le respondió: "Escrito está: 'AL SEÑOR TU DIOS ADORARAS, Y A EL SOLO SERVIRAS.'"  (9)  Entonces el diablo Lo llevó a Jerusalén y Lo puso sobre el pináculo del templo, y Le dijo: "Si eres Hijo de Dios, lánzate abajo desde aquí,  (10)  pues escrito está: 'A SUS ANGELES TE ENCOMENDARA PARA QUE TE GUARDEN,'  (11)  y: 'EN LAS MANOS TE LLEVARAN, PARA QUE TU PIE NO TROPIECE EN PIEDRA.'"  (12)  Jesús le respondió: "Se ha dicho: 'NO TENTARAS AL SEÑOR TU DIOS.'"  (13)  Cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se alejó de Él esperando un tiempo oportuno. 
Lucas 4:1-13 

El pasaje de las tentaciones se encuentra en el capítulo 4 del libro de Lucas-Hechos. Las unidades temáticas previas a este texto son las siguientes:

Lucas   1:1-4                   Prefacio
1:15-25                            Anuncio del nacimiento de Juan el Bautista
              1:26-38                            Anuncio del nacimiento de Jesús
1:38-56                            Encuentro entre María y Elisabet
              1:57-80                            Nacimiento de Juan el Bautista

Lucas   2:1-20                              Nacimiento de Jesús
              2:21-40                            Presentación de Jesús en el templo
              2:41-52                            El viaje de la familia al templo durante la Pascua

Lucas   3:1-20                              Predicación de Juan el Bautista
              3:21-22                            Bautismo de Jesús
              3:23-38                            La genealogía de Jesús

Lucas   4:1-13                              Las tentaciones de Jesús
              4:14-44                            Principio de la predicación de Jesús y “el manifiesto de Nazaret”


El pequeño índice de unidades temáticas nos deja ver primeramente que las tentaciones se desarrollan previo a la predicación de Jesús. ¿Por qué antes de iniciar su ministerio?  Para eso regresemos a lo que inmediatamente Lucas nos dice sobre la identidad de Jesús como Hijo de Dios en dos afirmaciones previas. La primera afirmación es la voz del cielo que se escuchó cuando Jesús fue bautizado que dijo: “Tú eres Mi Hijo amado, en Ti Me he complacido." (3:22),  la segunda es la conclusión de la genealogía de Jesús: “Hijo de Adán, de Dios”. (3:38). Con esas declaraciones y con el Espíritu sobre él, Jesús fue llevado al desierto.


Las tentaciones se dan en el contexto del desierto, en un lugar remoto alejado de comodidad y en el contexto de su ayuno. Después de cuarenta días, nos dice Lucas, Jesús tuvo hambre y llegó el diablo para tentarle. Vemos que dos de las tres tentaciones inician con las palabras: “Si eres Hijo de Dios…”.

La primera tentación fue convertir las piedras en pan. Jesús tenía hambre y seguramente el poder para hacerlo. Sin embargo, él  renunció a usar su poder para servirse a sí mismo. Recordó que no sólo de pan vive el ser humano.

La segunda tentación fue aceptar el dominio de los reinos del mundo a cambio de inclinarse y adorar al tentador. Jesús respondió que sólo al Señor tu Dios adorarás y servirás.

La tercera tentación fue hacer algo espectacularmente arriesgado para ser salvado por los ángeles de Dios y ser reconocido como Mesías por los judíos. No obstante, Jesús respondió que no se deberá tentar al Señor tu Dios, citando palabras del libro de Deuteronomio como las dos ocasiones anteriores.

A pesar de que la tentación de recibir los dominios del mundo está en segundo lugar, lo que podemos entender es que Lucas acomodó la más grande en el centro del ataque del diablo.
Como vemos, las tentaciones no tienen un sentido privado como ahora asociamos a la tentación. En este pasaje lo que las tentaciones están poniendo en duda es la identidad de Jesús como Hijo de Dios. En contraste con la afirmación de la voz del cielo que dijo: “Tú eres mi Hijo amado, en ti Me he complacido”, se encuentra la voz de diablo que dijo: “Si eres Hijo de Dios…”. Esto no es nuevo. En Génesis 3 leemos como en el jardín del Edén la serpiente logró engañar a Eva y a Adán. En aquella funesta ocasión las palabras fueron: ¿Conque Dios les ha dicho: 'No comerán de ningún árbol del huerto'?" (Génesis 3:1). Lo que vemos en ambas narraciones son a la serpiente/diablo poniendo en duda la palabra que Dios ya ha hablado.

Las tentaciones para Jesús implicaban su identidad pero sobre todo ¿Cómo viviría esa identidad? ¿Qué camino escogería Jesús para llevar a cabo su misión por la que el Padre le había enviado? El diablo le ofreció a Jesús “atajos” para alcanzar sus metas como Hijo de Dios y Mesías. Sin embargo, el camino del diablo no incluía la obediencia a Dios ni el sacrificio. Si bien, Adán y Eva pretendieron asumir el lugar que le corresponde exclusivamente a Dios para decidir qué era lo bueno y qué era lo malo. La oportunidad que el diablo le ofreció a Jesús era similar: asumir su identidad como Hijo de Dios y su obra como Mesías según su propia voluntad y bajo sus propios términos, rechazando tajantemente así el camino de Dios.

La tentación no terminó en el desierto, como comentaba anteriormente, Lucas nos deja claro que el diablo se apartó por un tiempo buscando el tiempo oportuno para reanudar la tentación. Pues ese tiempo oportuno se dio después. Para efecto de nuestro enfoque, Mateo nos deja ver más detalle de este pasaje que Lucas. Veamos.

Cuando Jesús llegó a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a Sus discípulos: "¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?"  (14)  Y ellos respondieron: "Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; pero otros, Jeremías o alguno de los profetas."  (15)  "Y ustedes, ¿quién dicen que soy Yo?" les preguntó Jesús.  (16)  Simón Pedro respondió: "Tú eres el Cristo (el Mesías), el Hijo del Dios viviente."  (17)  Entonces Jesús le dijo: "Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino Mi Padre que está en los cielos.  (18)  "Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré Mi iglesia; y las Puertas del Hades (los poderes de la muerte) no prevalecerán contra ella.  (19)  "Yo te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos."  (20)  Entonces ordenó a los discípulos que a nadie dijeran que El era el Cristo (el Mesías).  (21)  Desde entonces Jesucristo comenzó a declarar a Sus discípulos que debía ir a Jerusalén y sufrir muchas cosas de parte de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercer día.  (22)  Tomando aparte a Jesús, Pedro Lo reprendió: "¡No lo permita Dios, Señor! Eso nunca Te acontecerá."  (23)  Pero volviéndose El, dijo a Pedro: "¡Quítate de delante de Mí, Satanás! Me eres piedra de tropiezo; porque no estás pensando en las cosas de Dios, sino en las de los hombres."
Mateo 16:13-23 

Ahora Jesús no está en el desierto, sino en plena actividad pública, con discípulos, multitudes que le sigue y enemigos declarados que buscaban su mal. Era considerado un maestro itinerante con buen rating.  Como vemos en este otro pasaje, la tentación aquí llegó de labios de Pedro, quien reconoció a Jesús como el Mesías. Sin embargo, después de que Jesús lo afirmó en su declaración, no entendió porque el Mesías tendría que ir a Jerusalén para sufrir, morir y resucitar. Pedro tomó a Jesús aparte y comenzó a reprenderlo: "¡No lo permita Dios, Señor! Eso nunca Te acontecerá." Pero Jesús no se dejó amedrentar, inmediatamente reconoció de dónde provenían estas palabras, esos deseos de no asumir el camino del Mesías sufrimientos. El diablo aquí volvía a plantear la duda, la oportunidad de ser el Hijo de Dios pero por otro camino sin sufrimiento. "¡Quítate de delante de Mí, Satanás! Me eres piedra de tropiezo; porque no estás pensando en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.". La tentación es no pensar en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.
                        
Lo que los evangelistas nos dejan ver en esta narración hunde sus raíces en la historia de la salvación de Dios. En Jesús vemos al verdadero o nuevo Adán, que se mantiene obediente a Dios y trae salvación para todos los seres humanos. Pablo, en su primera carta a los Corintios dijo: Porque ya que la muerte entró por un hombre, también por un hombre vino la resurrección de los muertos.  (22)  Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.” (1 Corintios 15:21-22) 

En la victoria Jesús a las tentaciones, vemos al  verdadero Israel de Dios manteniéndose fiel al Dios del pacto. A diferencia del pueblo de Israel. Como sabemos, los israelitas que Dios liberó de Egipto usando a Moisés, fueron al desierto de camino a la tierra prometida. Sin embargo, dudaron de que podían poseerla y hablaron contra Dios. Como consecuencia, tuvieron que andar por el desierto cuarenta años. Por lo tanto, es en Jesús que Dios cumple las promesas hechas a Abraham (Génesis 12) de ser bendición para todas las familias de la tierra.

¿Qué tienen que ver las tentaciones con nosotros, los discípulos de Jesús? Las tentaciones nos dejan ver los intentos del diablo para que Jesús renuncia a la forma en la que Dios hace las cosas para elegir nosotros mismos los medios. Considero que si para Jesús la tentación fue en su identidad como Hijo de Dios y Mesías, las tentaciones para nosotros son en dos sentidos diferentes: uno comunitario y otro personal. El comunitario tiene que ver con nuestra identidad como parte de la iglesia de Dios. La iglesia como cuerpo de Cristo, que recibió las enseñanzas de Jesús y la misión de hacer discípulos seguidores de Jesús el Mesías. En segundo plano es personal, y tiene que ver con las tentaciones que nos llegan a causa de nuestras propias pasiones desenfrenadas no sujetas al señorío de Jesús.



Las tentaciones como iglesia

Si Jesús fue tentado en los medios usados para expresar su identidad y misión. La tentación para la iglesia no resulta diferente. Cada generación se ve tentada a “usar” ciertos medios para llevar a cabo la misión de hacer discípulos. Algunos de esos “medios” pueden ser muy sutiles y demostrar orgullo, soberbia, o el poder. “Si tan sólo tuviéramos un edificio más grande, sería más atractivo”, “Si tan sólo nuestro equipo de luces y multimedia fuera más moderno…”, “Sin tan sólo tuviéramos más dinero…”, “Si tan sólo tuviéramos apoyo de un partido para…”

De la tentación de convertir las piedras de pan Henri Nouwen dice:
“Se trata de una tentación de ser competente, de hacer algo necesario y que pueda ser valorado por la gente; la tentación de hacer de la productividad la base… Se nos hace creer de mil maneras que somos aquello que producimos.”

Eugene H. Peterson comenta de la primera tentación:
Es la tentación de lidiar conmigo mismo y con los demás, primero como consumidores. Es la tentación de definir la vida en términos de consumo y luego diseñar planes y programas para lograrlos "en el nombre de Jesús".

Acerca de la tentación de dominio de hacer algo espectacular para ser rescatado por Dios y reconocido como Mesías,  Nouwen comenta:
“La segunda tentación que afrontó Jesús y que afrontamos también nosotros es la tentación de ser espectaculares. El diablo llevó a Jesús a la ciudad santa, le puso de pie sobre el alero del templo y le dijo: Tírate abajo…. Es la tentación de forzar a Dios a responder acudiendo a lo inusual, lo sensacional, lo extraordinario, lo inaudito… y así obligar a la gente a creer.”

Peterson dice de esta:
La temperación es embarcarse en una carrera de circos milagrosos. ¿Y qué podría ser mejor que una carrera Dios-milagros, milagros religiosos, muchedumbre entretenida, suministrando éxtasis a demanda?

Para la tentación de la adoración a cambio de los reinos de la tierra Nouwen dice:
“fue la tentación de ser poderoso”

Mientras que Peterson dice:
“la tercera tentación: gobierna el mundo”

La tentación para la iglesia de Jesús es llevar a cabo la misión usando el poder y acomodándose  a la cultura. Cada oportunidad que se nos presenta, por buena que sea, de que nuestra congregación local lleve a cabo su misión de otra forma en la que la hizo Jesús es una tentación. La iglesia de Cristo no necesita más dinero, más poder, más espacios, más recursos para llevar a cabo su misión. Necesita lo que ya tiene, la Palabra, el Espíritu, la provisión, cuidado y seguridad de Dios está estableciendo su Reino.

Las tentaciones personales

El tema de las tentaciones a nivel personal también están relacionadas con nuestra identidad, en cómo vivimos en el día a día nuestra realidad de Hijos e Hijas de Dios. Pero también con una realidad de pecado. Santiago dice: “Que nadie diga cuando es tentado: "Soy tentado por Dios." Porque Dios no puede ser tentado por el mal y El mismo no tienta a nadie.  (14)  Sino que cada uno es tentado cuando es llevado y seducido por su propia pasión.  (15)  Después, cuando la pasión ha concebido, da a luz el pecado; y cuando el pecado es consumado, engendra la muerte. (James 1:13-15).  La tentación siempre recae en querer vivir de la salvación y la nueva vida que tenemos por el sacrificio de Jesús sin sus consideraciones éticas de amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas nuestras fuerzas y con toda nuestra mente; y a nuestro prójimo como a mí mismo. Nos vemos tentados a pensar más  o sentirnos mejores frente a los demás. Nos vemos tentados a relacionarnos con las personas como objetos en beneficio propio. Nos vemos tentados a considerarnos el centro del universo. Nos vemos tentados a querer hacer nuestro destino nosotros mismos. Nos vemos tentados a esconder nuestras fallas y vernos fuertes. Nos vemos tentados a desconfiar del cuidado y provisión de Dios para nuestras vidas. Nos vemos tentados a creer las mentiras que nos dicen de nosotros mismos.

Antes de terminar debemos recordar que previo al desierto, Jesús fue bautizado y el Espíritu descendió sobre él. Quienes hemos aceptado a Jesús como el Mesías, como  Señor y Salvador hemos también recibido de su Espíritu para ser testigos suyos (Hechos 1:8). Pablo dijo a los creyentes de Éfeso: “En El (Jesús) también ustedes, después de escuchar el mensaje de la verdad, el evangelio de su salvación, y habiendo creído, fueron sellados en El con el Espíritu Santo de la promesa,  (14)  que nos es dado como garantía de nuestra herencia, con miras a la redención de la posesión adquirida de Dios, para alabanza de Su gloria. (Efesios 1:13-14).


Ni como Iglesia ni personalmente estamos solos cuando la tentación nos asedia. El Espíritu Santo está en nosotros para ayudarnos a resistirla y vencer, así como Jesús la venció. Amén.