lunes, 3 de julio de 2017

Paternidad, cultura y Biblia

En unas semanas nacerá nuestra hija. Estos meses de espera y preparación nos han traído de todo, especialmente para Ale: náuseas, antojos, cambios corporales, almohadas para dormir, prendas especiales para la ocasión; es un nuevo mundo que ambos vamos descubriendo:  diferentes etapas del embarazo, el parto y todas sus complejidades, clase prenatal, visitas al médico, ultrasonidos, doulas, pañales,  cuna, carriola, biberones, ropa, etc. La lista puede continuar.


Sin embargo lo más difícil de lidiar está siendo la vivencia de la paternidad fuera de los patrones culturales de la sociedad patriarcal. Esas estructuras pegajosas que residen en una parte de nuestro cuerpo y se manifiestan como reacciones normales ante determinadas circunstancias. Que nos ayudan a interpretar la realidad y responder a ella con ciertas acciones que se asumen como "normales" o "hasta naturales".  No basta no querer replicar esos modelos heredados, hay que sustituirlos por nuevos más igualitarios. Después de todo, el modelo de paternidad patriarcal está ahí (en hombres y mujeres), pues aprendimos por imitación de modelos caseros o impuestos por la cultura patriarcal mediante las novelas, la música o el cine.

Por si eso no fuera poco, cuando el patriarcado se mezcla con la Biblia, la cosa se pone mucho peor. Paréntesis polémico: Desgraciadamente en la mayor parte de la cultura evangélica el patriarcado ha encontrado el nicho perfecto, ya que lo eleva a mandato divino incuestionable. Es lamentable ver como a veces la sociedad avanza más a la igualdad y libertad de las personas que las iglesias. En fin, cierre del paréntesis polémico.

La paternidad. "¿Qué significa ser padre?" Seguramente el día del Padre se predicaron multitud de sermones para la ocasión. No importa. Acá estoy haciendo extracciones de mis experiencias, no estoy respondiendo a nadie, sino a mí mismo. Si algo de este ejercicio ayuda a otra persona en sus propias preguntas y diálogos, que bueno.

Regreso a la pregunta: "¿Qué significa ser padre?". Desde el púlpito, las conversaciones y observaciones se encuentra una tendencia generalizada a responder esa pregunta de la siguiente manera: "el padre es el proveedor". Cuando quien responde se quiere ver amable y "moderno" le agrega: "protector".  Palabras más o palabras menos. Esa última adición de "protector" son las "patadas de ahogado del patriarcado acorralado".


Continuemos. La respuesta siempre inicia y se enfoca como un deber y como una función utilitaria del hombre y sus beneficios para la familia. Pero lo que subyace escondido a esta respuesta es:

1) el hombre es quien debe trabajar y la mujer quedarse en casa
2) el campo de acción del hombre es lo público y el de la mujer lo doméstico
3) puesto que lo doméstico es el reino de la mujer-madre, el hombre está libre de todas las actividades que ese reino implican. Excepto de las actividades del jardín, donde se "requiere fuerza" o el uso de herramientas riesgosas. Después de todo el jardín está fuera de la casa.
4) dado que el hombre es el único que trabaja (o debería hacerlo) es él quien tiene el poder de decisión sobre el dinero, la esposa-madre y los hijo/as-propiedad.
5) el hombre por lo tanto es la autoridad última y quien corrige a su prole incluso ejerciendo la violencia.

Esto es lo que hay detrás de esa afirmación del hombre como proveedor. Y en ciertas congregaciones se adorna y remacha el modelo con extracciones de citas bíblicas que contradicen toda la revelación bíblica. Una de esas frases es: "el hombre es la cabeza..."

Una paternidad así jode la existencia a la pareja, a los hijos y al propio hombre. A pesar de que esta paternidad le confiere todo el poder al hombre-padre, lo va minando y mutilando emocionalmente. Aunque hay algunos que gustosos deciden pagar ese costo.

Pensando en todo esto me surgió la duda: ¿de dónde sacan los evangélicos y evangélicas esa frase de "el hombre es el proveedor"? Porqué seguramente "la Biblia dice" eso. ¿Verdad? Pues en realidad no. No hay un versículo en la Biblia que a la letra diga: "el hombre es el proveedor de la familia". Y ya con eso sería suficiente para quitarle la responsabilidad a Dios de todo el caos que esa frase acarrea. El problema radica en nosotros y es responsabilidad atenderlo y buscar enmendarlo. Y porque esa frase es una invención del patriarcado en boca "evangélica"  conservadora, merece toda nuestra crítica.

¿De dónde sale pues esa frase si no de la Biblia? Bueno, es una interpretación y extracción que se ha hecho del texto bíblico para legitimar el patriarcado como ordenanza divina. Ojo, aquí no estamos diciendo que un padre o una madre no provean para su familia. Estamos discutiendo los roles de género y en específico hablando de la paternidad.

La sentencia "el hombre es el proveedor" tiene su origen en una peligrosa interpretación de Génesis 2:15 y 1 Timoteo 5:8.  

Un comentario general del pasaje de la carta a Timoteo. Esta exhortación de Pablo debe leerse y entenderse en el contexto de la iglesia de Éfeso, donde fue comisionado Timoteo para evitar que se continuara esparciendo una falsa enseñanza. De tal modo que el breve comentario de instar a “proveer para los suyos” debe ser entendido como una llamada a orientar la vida de acuerdo al Evangelio. Recordemos que en otra carta a los Tesalonicenses,  Pablo dice: “El que no trabaja que no coma”. Esto se debe a que un desvió en la enseñanza del regreso de Jesús se interpretó como un “si el Señor va a regresar, qué importancia tiene trabajar”. Las consecuencias de esto serían catastróficas para la familia de la persona y tendría un impacto negativo en la imagen que otros tendrían del cristianismo. De modo que no podemos extraer de este pasaje que dice: “proveer para los suyos”, un mandamiento general o norma que determine el rol del padre en una familia.  

Sobre el pasaje de Génesis 2:15. Un comentario más amplio. Yo pienso que para entender este pasaje hay que iniciar la lectura desde Génesis 1 hasta capítulo 3.

El pasaje en cuestión Génesis 2:15 dice:
"7 Entonces Dios, el Señor, modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz aliento de vida y el hombre se convirtió en un ser viviente.8 Dios, el Señor, plantó un jardín en Edén, al oriente, y puso allí al hombre que había modelado. [...]
15 Dios, el Señor, tomó al hombre y lo puso en el jardín de Edén para que lo cultivara y lo cuidara."

Entonces, como podemos ver, la lectura dice que el "hombre" debía  cultivar y cuidar el jardín donde adiós lo puso. La interpretación es la siguiente: el "hombre" recibió el mandato de Dios de trabajar y así proveer a la familia. Y ya, con esto usted ya tiene una bonita interpretación patriarcal y machista para presumir con sus amistades. Sencillo verdad. Pero que hay detrás de este pasaje, ¿acaso realmente dice lo que  estamos interpretando? Yo opino que no. Es más,  considero que esa interpretación de Génesis 2:15 del hombre como proveedor es equivocada y comente al menos tres errores catastróficos que van contra toda la revelación bíblica. Estos errores son:

1) Génesis no está hablando del matrimonio o de la familia per se. De modo que hacerlo decir algo al respecto es peligroso. En Génesis los relatos de la creación son una contra narrativa a los relatos del imperio babilónico[1] y están tratando de dejar en claro que la creación es el templo de Dios, donde el ser humano es su imagen.[2] En este relato la creación es obra de Dios y es buena, por lo que no se le debe adorar, sino cuidar. El relato de Génesis es distinto de el del imperio y al resto de mitos creacionistas en dos aspectos: a) la humanidad, toda la humanidad, fue creada por Dios, por lo que no hay justificación para una división por castas que presumen de linaje "divino";  y b) los seres humanos no son esclavos de Dios ni existen para satisfacer la necesidades de sustento divinas, al contrario, los seres humanos fueron bendecidos por Dios y son encomendados a ser representantes de Dios en la tierra con la misión de ser  mayordomos de la creación, es decir, a cuidar la creación a nombre y siguiendo el carácter del Creador. Este último aspecto la gente estudiada le denomina el "mandato cultural".

2) Se confunde el término "humanidad" con "hombre o macho", por ignorar el sentido del texto original en hebreo. Y es que aquí las traducciones no ayudan mucho. Veamos por ejemplo Génesis 1:27 en la versión Reina-Valera 1960:
Génesis 1:27
27 Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.
Veamos el mismo texto de Génesis 1:27 en la versión La Palabra (Hispanoamérica):
Génesis 1:27
Y creó Dios al ser humano a su imagen;
a imagen de Dios lo creó;
hombre y mujer los creó.

Como podemos ver, en la segunda versión se presenta una mayor fidelidad al texto original, puesto que traduce al español “ser humano”, a diferencia de la primera, que traduce “hombre”. Y es que en hebreo esta palabra que comúnmente asociamos con "hombre" es "adam". Que básicamente significa: "terrícola", es decir, ser hecho de tierra. O también podemos llamarle humanidad. “Aquí la palabra adam no es un nombre propio, es un sustantivo con artículo que puede ser traducido como ser humano/humanidad que deriva de la palabra adamah que significa tierra.[3] Como vemos, en este momento el texto no está hablando de adam como  macho ni como una persona, sino como humanidad. Ese terrícola, o la humanidad fue creada por Dios, a su imagen y semejanza. Al final del mismo texto deja en claro la  humanidad es macho = zakar y hembra = neqebah. José Chacón al respecto comenta:
El texto no está interesado en definir. No define qué y cómo es el “adam” macho y la “adam” hembra. Ni siquiera refiere a conceptos de masculinidad ni feminidad. El texto no es reduccionista, ni tiene la intención de explicarlo todo. No se encuentra en este versículo la respuesta a las complejas cuestiones de género y sexualidad de la humanidad creada. El texto no pondera, solo afirma que ahora hay humanidad macho y humanidad hembra. Procurar responder a las preguntas por el género y la sexualidad a partir de este versículo es aventurarse y forzarlo más allá de sus posibilidades literarias y semánticas.[4]

Este pasaje está haciendo un fuerte énfasis en que toda la humanidad fue creada en igualdad por Dios. Después, la humanidad es bendecida: “sea fecunda y multiplíquense”. Finalmente, Dios le da, a la humanidad: macho y hembra, una encomienda: trabajar el jardín.

3) Si como mencionamos, Génesis 2:15 hace referencia al hombre y a la mujer, es insostenible afirmar que el rol exclusivo de la humanidad-varón sea la de proveedor. En este pasaje la tarea de cuidar y trabajar el huerto es responsabilidad de toda la humanidad macho y toda la humanidad hembras. La humanidad es llamada por Dios a observar el mundo, usar la imaginación y su creatividad para entenderlo, hacerlo mejor y cuidarlo. De ahí incluso la ciencia. Cuando la humanidad responde a este llamado de Dios está adorándolo. Ya que la palabra en hebreo que se usa para cultivar es la misma que se usa para ministrar o servir, que es función de un sacerdote. Cuando se interpreta que esta actividad de trabajar y cuidar el jardín es aplicable únicamente al hombre se está excluyendo a la mujer de esta vocación divina.

Estos tres errores tienen consecuencias fatales tanto para el hombre como para la mujer, aunque al final, los hombres salen “ganando” en detrimento de todas ellas. Esta “ganancia” es la sociedad patriarcal sostenida con argumentos de autoridad sacados desde la Biblia. Nefasto.

Regresando al tema de la paternidad, si por todo lo anterior llegamos a la conclusión de que la paternidad no se define solamente por la “provisión o protección” que el hombre hace a su familia. Ni siquiera podemos decir que son “las dos características principales del ser padre”. Al hacerlo, estamos limitando el ejercicio de la paternidad, estamos viéndola como un deber, en lugar de una presencia integral en el presente[5] en la propia vida, con la pareja y en la vida de hijos e hijas. Estoy aprendiendo, por lo que voy leyendo y por la poca experiencia que estoy teniendo que esta presencia no se da por “automático”, la cultura juega en contra, nos expulsa de la vida de nuestros hijos a la calle y el trabajo. Sergio Sinay al respecto comento que esa presencia integral es “previa lucha por esos espacios en la vida cotidiana, debido a que (más allá de acuerdos y de buenas intenciones matrimoniales) se choca con la falta de espacio para tal experiencia”.[6] Yo quiero estar presente en la vida de mi hija, por lo tanto sé que debo y debemos tomar decisiones consecuentes al respecto, como definir el tipo y categoría de trabajo que haré a nuestro regreso a México. De lo poco que voy entendiendo, la paternidad demanda esfuerzo, imaginación, persistencia y gracia. Todo esto es una experiencia de corresponsabilidad con nuestra bebé, que implica, en palabras claras: no sacarle a nada en su desarrollo y crianza.   

No estoy escribiendo con todas las respuestas a mis preguntas ni con toda la claridad que me gustaría. Estoy caminando mi experiencia de la paternidad y aquí voy dejando en parte a lo que voy entendiendo, sintiendo, imaginando, pensando, errando y viviendo. Espero que al menos estos retazos ayuden a otros padres y madres, e inicien conversaciones. Los padres las necesitamos con urgencia.




[1] Puedes leer una breve introducción al contexto de Génesis en http://www.elblogdebernabe.com/2017/06/el-diseno-original-una-lectura.html
[2] Ian Provan. “Creation & Fall” Reframe Episodio 3.  
[4] Si te interesa más puedes leer el artículo completo en:  http://www.elblogdebernabe.com/2017/05/machos-y-hembras-por-jose-chacon.html
[5] Sergio Sinay, La paternidad es cosa de hombres. Del Nuevo Extemo: Argentina, 2005. 41.
[6] Sergio Sinay, La paternidad. 34.

sábado, 17 de junio de 2017

Ser el padre de nuestra hija

Un mundo se abre para mí abrupta pero amorosamente, me invita a pasar o se mete en mi ser por entre todos mis poros. Con mi hija yo también naceré a la paternidad y sus laberintos. Mientras el vientre  de Ale crece, mis dudas y preguntas se acumulan en todos mis huesos, como sedimento enriquecido para nuevos comienzos.

Con cada salto y movimiento de bebé en el útero de su madre, se sacude mi alma y pensamientos. Ahí hay una persona dispuesta a nacer, crecer, a la espera de ser amada, cuidada, conocida, criada, acompañada, escuchada, valorada y con la necesidad de dejar en libertad para hallar y continuar su propio camino.

La paternidad es real, está llegando y a pesar de verla cercana en el horizonte me sorprenderá en los próximos días. ¿De dónde saca el hombre todo el amor, la creatividad, la imaginación, las fuerzas y la paciencia para ser padre? Si la vida no se nos da en instrucciones ni manuales sino en experiencias e historias.

No sé ser padre y está bien, es mi primera vez y después de todo, sólo yo soy yo. Pero quiero aprender, nuestra hija nos ayudará. Sin embargo tengo historias de las cuales echar mano. La historia de mi propio padre, a quien amo. La historia del padre de mi esposa. Las historias de otros hombres-padres a quienes admiro. También hay algunos libros que ayudan en esta jornada.


Espero con suma alegría a nuestra hija, no tengo palabras suficientes para describir la espera ni imaginación suficiente para adelantarme a destellos del bello amanecer que ha de venir. Tal vez esta posición de no-control describa un poco la paternidad. O deba describirla. Donde sólo hay amor sacrificial.




Tener hijos o hijas es regalo de Dios y signo de esperanza de que todavía hay oportunidad de que el mundo sea un mejor lugar para ser vivido, por nosotros o por nuestra hija. Ella, nuestra hija, arroja a su madre y a mí a la realidad con toda su furia y belleza. No nos deja con oportunidad para escapar. O buscamos la transformación de esta sociedad o perseveramos porque siga igual. Mi hija crecerá en una sociedad convulsionada, con desventaja por ser mujer y ni su madre ni yo podremos decirle que eso está bien. No estamos para legitimar desigualdades. Queremos que ella sueñe un mundo mejor, se rebele contra lo que oprime a los seres humanos, ame, acompañe a otras personas y tenga los ojos llenos del Reino de Dios como su madre y yo tratamos de llenárnoslos y caminar en dirección de ese horizonte. 

miércoles, 24 de mayo de 2017

Leer el Antiguo Testamento como historias

Las historias del Antiguo Testamento (AT) son de mis favoritas, las recuerdo con aprecio gracias a la  paciencia amorosa con la que nos las enseñaban en la escuela bíblica dominical la hermana Petra, Socorrito y Marcial. Si pudiera establecer un top ten de mis personajes favoritos de aquellos años de la infancia, seguramente estarían: Abraham, Moisés (el Éxodo bien nos alcanzaba para medio año de lecciones), Samuel y David. Casi puros hombres, ya que fuimos hijos e hijas de nuestro tiempo en una denominación pentecostal, conservadora y unitaria en Tijuana. 

Mis maestras y maestros no contaban con una “formación bíblico-teológica de seminario” y probablemente su educación formal era elemental. Pero algo sabían hacer y muy bien: amarnos y narrar las historias bíblicas con emoción y detalles que seducían la imaginación. Al final, la lección era para “aprender algo de Dios” y era también elemental: “ser obediente como… Samuel, ser valiente como… David, confiar en Dios como...  Abraham, no tener miedo pues Dios está con nosotros para cuidarnos, etc.” Es decir, cada historia se trataba de una especie de “héroe de la fe”, o “heroína”, como Ana o Débora. Las acciones de los personajes eran dignas de imitar y aún de elogiar como modelo de seguimiento del Dios de Abraham, Isaac y Jacob.

Sin embargo, ¿Acaso el Antiguo Testamento está lleno de héroes? En las congregaciones creo que tenemos un problema porque no sabemos cómo leer el AT. Nos acercamos a él con serios prejuicios. Alejandra escribió acertadamente sobre siete ideas erróneas  acerca del AT, puedes leer el artículo aquí.

Es común, por ejemplo, leer el AT  simbólicamente para encontrar una lección para la iglesia hoy en día. Algo así como: “las 5 piedras que David tomó para pelear contra Goliat significan 5 respuestas de fe en la vida del cristiano”. Y claro, el autor del libro de 1 Samuel no estaba pensando en eso.  

Otra forma común de leer el AT es tratando de encontrar “verdades” o “principios” para la vida. Una ocasión escuché como un amigo le explicaba a otra persona cómo el libro de Daniel “nos enseña a ser cristianos en el trabajo y los negocios” (o algo así). También podemos encontrar esta particular forma de interpretar el AT cuando nos dice: “La vida de Moisés nos enseña 3 principios (o más, he escuchado predicas con hasta 8 principios clave) de la vida cristiana.

Un último ejemplo. Este es más divertido. Una ocasión un pastor leyendo un pasaje del Apocalipsis decía emocionadísimo como Juan en uno de sus capítulos estaba describiendo un “tanque de guerra moderno”. La idea de fondo en una interpretación de este tipo es sacar conclusiones a la Biblia a partir de nuestro momento. Por ejemplo, recuerdo que una ocasión en el grupo de jóvenes de la iglesia dijeron que el bombardeo e invasión de Irak (2003) estuvo profetizado por cierto libro de AT. Incluso hace unas semanas, en las redes sociales circulaba una nota donde una persona aseguraba que el bombardeo a Siria ordenado por Trump fue el cumplimiento de una profecía de Isaías. Estos ejemplos fuerzan los textos para hacerlos decir algo que no está ahí. Mi amigo Pedro mordazmente dice: “Con la Biblia puedes legitimar lo que quieras”. Y creo que desgraciadamente tiene razón.
Los tres ejemplos mencionados son errores. Los autores del AT no estaban pensando en símbolos para nosotros (aunque algunos los usan pero para que los primeros lectores u oidores entendieran). Tampoco estaban pensando en dar “principios” para los negocios cristianos, o “verdades sobre la vida cristiana”. Y menos se imaginaban aparatos del siglo XX o XXI, ellos imaginaron a partir de lo que tenían. No, ellos escribieron historias la mayoría de las veces. El AT mayoritariamente son historias, es raro, porque la mayoría de nosotros si pretendemos escribir sobre Dios generalmente usamos un género distinto. Por ejemplo, el ensayo. Nos inclinamos por un discurso racional: introducción, desarrollo y conclusión. Con argumentos lógicos y notas al pie de página. Llegamos a pensar que esa es la mejor manera de comunicar las ideas. Pocas veces pensamos en el arte: la pintura, la poesía, la danza, la música y sobre todo la narración: contar historias. Pero los antiguos hebreos no tenían ese problema del racionalismo moderno y ellos, cuando hablaban de Dios y de su relación con los patriarcas o Israel, se dedicaban a contar historias. No dudo que al hablar de historias alguna persona genuinamente creyente tienda a ponerse nerviosa, porque después de todo, la “Biblia es la Palabra de Dios” y compararla con historias puede llegar a sonar infantil, como los cuentos para antes de dormir. Al referirme a la Biblia como historias (en su mayoría, recordemos que también hay cartas y poesía, entre otras más) no significa negar su validez histórica, es decir, los hechos sucedieron, pero los autores eligieron contárnoslos como una historia donde también encontraban el significado último de los acontecimientos en virtud de la relación que Israel tenía con el Dios del pacto y sus propósitos de bendición a todas las naciones.

Christopher Wright comenta: “los escritos que ahora componen nuestra Biblia son producto y testigos de la misión final de Dios… los procesos mediante los cuales fueron escritos, con frecuencia eran misionales en carácter. Muchos de estos textos surgieron a partir de acontecimientos, luchas, conflictos crisis  en los que el pueblo de Dios se involucró con la desafiante y siempre renovada tarea de  articular y vivir su entendimiento de la revelación de Dios… un texto tiene su origen en alguna cuestión, necesidad, controversia o amenaza que el pueblo de Dios debe enfrentar en el contexto de su misión. El texto mismo es producto de la misión de Dios.”

El hecho de que mucha parte del AT sean narraciones no implica que pierden su importancia. Para nada. No tendría porque. Sin embargo sí nos pide un cambio en la forma en la que nos acercamos a esos textos para leerlos e interpretarlos. Leer o escuchar historias tiene su chiste y demanda atención. La forma tiene relevancia tanto como la trama. En la forma en la que están narradas las historias hay muchos detalles de lo que cuentan. Los textos bíblicos invitan a una recepción activa, nos meten en la trama y nos piden respuesta.



Todo lo anterior fue para decirles que me dispongo a leer el libro de Jueces y aquí pondré algunas de las sorpresas que vaya encontrando. Tal vez les interesen, tal vez no. El libro de Jueces es fascinante, está lleno de pequeños relatos, todos fascinantes. Algunos personajes son extraordinarios y otros no son héroes, están a kilómetros de distancia de serlo. Y es que es cierto, la Biblia no nos presenta como héroes a todos los personajes que aparecen en las historias. El autor de la carta a los Hebreos interpretó como heroica la fe de alguno de ellos. Pero eso no significa que siempre fueron ejemplos a seguir. Nadie anda diciendo: seamos como David, que cometió adulterio y después mandó matar al marido de la mujer para casarse con ella. Y es que digámoslo de forma clara, la Biblia no presenta a personajes simples, sino exquisitamente complejos, que a veces nos sorprenden y otras francamente nos decepcionan. Esto no está mal. Para nada. Los autores nos dejaron claro bien lo vacilante e inestables que son las personas pero en medio de esa confusión vemos a Dios llevando a adelante sus planes, con personas imperfectas. Como sigue haciéndolo en la actualidad. 

jueves, 23 de marzo de 2017

En camino a la paternidad y maternidad


“Son los hijos herencia que da el Señor,
son los descendientes una recompensa.
Salmos 127:3

En noviembre del año pasado nos atropelló la alegre noticia de que en el vientre de Alejandra crecía ya una nueva vida. Ya, ahí dentro, maravillosamente una célula se multiplicaba y multiplicaba, la vida floreciendo ante nuestros ojos absortos. Una persona viene en camino para habitar con nosotros y nosotros por siempre con ella.

Nuestro hijo o hija crece sorprendiéndonos día a día. Es un misterio desarrollándose, una persona también distinta que aún no conocemos pero amamos profundamente desde ya.

Ahí dentro, en la seguridad que proporciona mamá, tú también te vas encontrando y conociendo hija o hijo nuestro. Y a pesar de las distorsiones del ambiente donde ahora vives, el mundo exterior te llega cada vez más en luces y sonidos. Y tú vendrás al mundo, como tu padre, que también le da por hacerle de poeta escribió: “Nace violentamente el ser humano al mundo entre sudor, sangre y dolor y el mundo le nace estrepitosamente,  inquietantemente desigual. 

Hay tanta belleza en este mundo hecho por Dios, que tu madre y yo estaremos fascinados de ayudarte a descubrirlo, hasta que puedes hacerlo tú misma o tú mismo para encontrar tu propio camino. Pero por ahora creces ahí, al abrigo del vientre materno, descubriendo los movimientos de tu propio cuerpo y teniendo sueños hermosos que nunca recordarás. Hasta allá te llega nuestro amor y nuestras oraciones por ti. Que Dios que te conoce mejor que nosotros te bendiga y te ayude a llegar con bien. Que su amor te inunde en todo su ser y que a lo largo de toda tu vida puedas también tú amarle.


lunes, 20 de marzo de 2017

¿Por qué algunas iglesias evangélicas no son comunidades que reciben a nuevas personas en la vida de la congregación?


Introducción y limitaciones de esta reflexión

Primero: En este texto me enfocaré en la iglesia en tanto una realidad social, como un grupo de personas con capacidad de establecer relaciones interpersonales (a) entre sus miembros, y (b) entre sus miembros y la localidad donde está insertada. Cuando una iglesia local experimenta esto podemos llamarla, para efectos prácticos del análisis: “comunidades”. No obstante, no todas las iglesias locales se caracterizan por esa vida en comunidad. Cuando una iglesia local no experimenta “comunidad” la llamaré “iglesia cerrada”, para diferenciarla y remarcar el carácter institucional que prima en ellas.

Segundo: Asumo que la iglesia local participa como agente de la misión de Dios para el establecimiento del Reino de Dios y que esto es fundamental. A  tal extremo que pudiera decirse que hay misión sin iglesia, pero no puede haber iglesia sin misión. Aunque en este análisis la misión se da por sentado como inherente a la iglesia, no se profundiza la relación entre la misión y la vida social de la iglesia, como se aborda en este trabajo, tal vez esto puede constituir una de las debilidades del mismo.  

Tercero: En este comentario trato de hacer una reflexión general a partir de observaciones personales en por lo menos 3 congregaciones locales de diferentes denominación en la misma ciudad de Tijuana. Sin embargo, considero que este análisis pudiera ayudar a describir y explicar a otras congregaciones, independientemente de su adscripción denominaciones o localidad si cumple con dos característica particulares. No obstante, la primera de ellas puede prescindirse más no la segunda. (1) son iglesias que pertenecen a una denominación con pastores itinerantes, esto es, que hay una instancia responsable de designar los pastores a las iglesias y de cambiarlos cuando considere necesario a sus intereses organizacionales. (2) Son iglesias que llamaré “consolidadas”, lo que en otros términos quiere decir: “iglesias con por lo menos 5 o más años de haberse fundado”.  Este análisis deja de fuera a las iglesias “jóvenes” o las de reciente fundación. No obstante, nos surgen dudas y curiosidad de analizar también las etapas fundacionales de una congregación, pues como se verá más adelante, en ellas se gesta la semilla de lo que, al paso del tiempo, podrá desarrollarse y convertirse en una iglesia “cerrada”.


Iglesias cerradas
Condiciones materiales sustentables

Las iglesias consolidadas generalmente cuentan, mediana o satisfactoriamente, con los recursos y medios considerados por ellas mismas, o sus denominaciones, indispensables para llevar a cabo la misión. Estos pueden ser: edificio, un ingreso constante de ingresos por vía de ofrendas, diezmos y otro tipo de donaciones en especie, muebles e inmuebles, equipo electrónico (bocinas, micrófono y consolas), instrumentos musicales, salones para clases, cuneros, en algunos casos cocina. Ahora parece que también debemos incluir: recursos multimedia, página web, recursos y predicaciones online, etc.  El aspecto material es importante pues alrededor de la administración y destino de estos recursos es que se establecen grupos familiares que compiten entre sí o con el pastor en turno para asignar y destinar los recursos materiales de la congregación.

Lo simbólico 

Muchas veces los grupos de poder no sólo tienen el monopolio de la distribución de los recursos materiales. También tienen el monopolio de lo simbólico. Con esto me refiero al control de espacios simbólicos dentro de la congregación: "responsabilidades en la enseñanza", "roles públicos durante el servicio o liturgia" y los "grupos de alabanza."


Grupos familiares de poder

Cada iglesia puede contar con uno o hasta cuatro grupos familiares de poder. Estos son los apellidos de las familias fundacionales de la congregación, cuyos miembros tienden a asumir responsabilidades clave en la vida de la iglesia. Con el paso de los años estos grupos van formando alianzas por matrimonios entre hijos e hijas. Formar alianzas permite también evitar las fracturas estructurales entre los grupos familiares y la continuidad en las responsabilidades clave de la iglesia. Tal vez el lastre constante de la "división" de las iglesias evangélicas se explique por medio de esta fractura en los grupos de poder, en lugar de las "diferencias teológicas" a las que apelan los disidentes. 

Estos grupos familiares actúan como grupos de poder y ejercen su influencia a toda la congregación. La larga historia de la congregación es también la historia de la actividad de los grupos familiares de poder. De ahí que la dinámica eclesial, su identidad y tradición han sido forjadas por estos grupos y se convierte en modelo y regla para el presente de la iglesia. Esto puede ser positivo en muchos términos si se reconoce que existe influencia de estos grupos, y mientras ésta no se exalte a la categoría de verdad absoluta incuestionable.

Grupos familiares de poder y denominación eclesial
Estos grupos familiares existen independiente de la denominación a la que pertenece dicha congregación y funcionan al margen de la misma en adaptaciones superficiales, por donde corre la sangre de la tradición local. Incluso, puede existir caso donde una misma familia sea grupo de poder en dos iglesias distintas, inclusive en ciudades distintas.

Algunos de estos grupos familiares cuentan entre sus miembros con uno o  más pastores, lo que les permite tener mucha más libertad de acción en las congregaciones locales. Más si los pastores ascienden en responsabilidades regionales o nacionales dentro de la organización o denominación. En estos casos, los grupos familiares con miembros dentro de la organización en esos niveles cuentan con cierta inmunidad frente a las disposiciones locales del pastor en turno o la denominación.

Si la denominación a la que pertenece la iglesia elabora planes de carácter nacionales, los grupos familiares, que cuentan con individuos en áreas estratégicas de la congregación, reciben primeramente estos documentos y son los responsables de comunicarlos al resto de la congregación. En este proceso de comunicación sucede una operación de depuración y adaptación de los protocolos nacionales para la vida local de la iglesia sin que la congregación llegue a enterarse de ello, “Obedézcase, pero no se cumpla”, como rezaba la vieja fórmula castellana medieval de derecho.

Grupos familiares de poder y censura
El riesgo más grande que representan estos  grupos familiares de poder se encuentra en la capacidad de actuar como censura. Esta censura se puede ejercer de facto en cambios estructurales que afecte a los intereses de los grupos o en la integración de nuevos individuos o familias a la iglesia y particularmente a las áreas de responsabilidad de la misma. Ya que el deseo de las nuevas familias por incursionar en áreas de responsabilidad de la iglesia representan sospecha y desconfianza, al dudar de su lealtad o capacidad. Los grupos familiares de poder siempre enarbolaran un discurso de continuidad que apela a la tradición eclesiástica local.

Para protección de la iglesia, los grupos familiares han establecido convenciones sociales para evaluar y aceptar a nuevos miembros. La iglesia puede estar abierta a todos los visitantes y quienes deseen congregarse en ella, hasta cierto punto. Cuando una persona “es nueva” se le llama “visita”, su presencia en la iglesia es deseable, pues generalmente se asocia con el éxito de la congregación. No es raro que domingo a domingo se realicen conteos de “las visitas” y sea motivo de alegría por parte de la congregación, aunque las personas “visitantes” hayan llegado por pie propio sin ser creyentes, invitados por una persona de la congregación o venido de otra iglesia local. Sin embargo, cuando “la visita” pretende convertirse en “miembro” de la iglesia, participar de la vida de la misma e influir con sus ideas, experiencias y capacidades en la toma de decisiones  de la nueva congregación, la respuesta es una evaluación.

Todos los aspirantes a miembros con derecho pleno reconocido serán remitidos a un proceso de evaluación, reeducación y homogenización a la cultura eclesiástica local. Esto se da independientemente de si se realiza o no un discipulado bíblico, paralelo a este o, en el peor de los casos, cuando se da éste proceso de asimilación a la cultura bajo el nombre discipulado cristiano. De acuerdo a la denominación, el aspirante puede ser admitido en la congregación después de ciertos ritos como el bautismo, un curso doctrinal, poliglosia, etcétera. Sin embargo, estos ritos no son suficientes para la cultura eclesiástica local, pues ésta tiene sus propios ritos de iniciación y aceptación.

Los nuevos miembros se enfrentan a la cultura eclesiástica, abanderada por los grupos familiares de poder con dos opciones: (1) aceptarla, respetando los cotos de poder y asumiendo los espacios secundarios de la vida de la iglesia o (2) pretendiendo ingresar a espacios exclusivos, ya ocupados, o intentando cambiar parte de la cultura eclesiástica. Cuando esto último sucede se generan un rechazo tajante de parte del grupo o de todos los grupos familiares. Sin embargo, cuando este intento de cambio cuenta con el aval de un grupo familiar o varios se generan tensiones entre los grupos de poder. Si se da este caso una facción luchará para mantener el curso y la estructura de la iglesia por la senda de la tradición, conservando así sus privilegios; mientras que la otra facción promoverá transformaciones en aras de la modernización y ganar de esa forma cierto poder en la nueva organización.  Pero por lo general, cuando los cambios provienen de los nuevos miembros nunca sucederá nada a nivel estructural. Aunque puede ser que encuentren ecos y realidad en individuos o grupos pequeños, que no forman parte de los grupos familiares de poder. Estos pequeños cambios a nivel micro pueden suceder con o sin ayuda de los líderes locales, mientras no llamen la atención, pues del contrario serán cuestionados, supervisados y neutralizados por el pastor en turno o los grupos familiares de poder.

De comunidad a iglesia cerrada
Cuando una iglesia local cuenta con grupos familiares de poder que defienden una tradición local o una identidad de lo que ellos entienden como iglesia, la vida de la congregación se dirige a la formación de un club social. Este club existe para beneficio propio, como lugar seguro para la crianza sana de niños, un lugar apartado de los peligros “del mundo”, una cabeza de playa de moralidad pero estéril en su servicio a los demás y en su vida misionera.  

Cuando una iglesia se convierte en un club social es muy complicado revertir este rol. Es un proceso largo y doloroso que por lo menos puede llevar una generación. Algunas veces los líderes se esfuerzan por volcar a la iglesia hacia afuera, pero no obtienen los resultados deseados. Ya sea por el corto tiempo con que cuentan antes de ser cambiados, o por un cambio precipitado orquestado por los grupos familiares de poder. El problema radica que estos grupos se han empeñado en identificar “iglesia” con su propia “experiencia”. Se necesita una transformación de los imaginarios desde las Escrituras como desencadenador de esas trasformaciones.  

La Palabra y el Espíritu Santo
La iglesia fue establecida por Jesús, no por ella misma. Jesús es la cabeza de la iglesia, que es su cuerpo. A él responde toda la iglesia alrededor del mundo y en cada localidad. Jesús es Señor de la iglesia local por encima de cualquier grupo familiar de poder. Esta es una verdad que debe recordarse en todo momento. Pero esto no quiere decir que la autoridad absoluta en la iglesia recae en la persona que pastorea a la congregación, con lo que estaríamos incurriendo en el extremo contrario: donde el pastor ejerce toda autoridad en todo asunto de la congregación y la vida de las familias. Jesús mismo dijo que aunque los gobernantes ejercen su poder despóticamente, entre ustedes, sus discípulos no debe ser así. Pues quien desee ser considerado importante póngase al servicio de los demás, y hágase servidor de todos. La tentación del poder se encuentra sutilmente dentro de muchas de nuestras congregaciones, y sólo la Palabra y el Espíritu nos pueden librar de ella.

El desafío de tornar comunidades a las iglesias cerradas es sólo obra del Espíritu, pues esto implica la trasformación de los corazones y deseos, así como  el arrepentimiento y la nueva vida. Esto puede iniciar cuando la Palabra se comparte íntegramente y las personas se encuentran con Jesús en el Evangelio. No tenemos delante de nosotros un desafío pequeño sino un problema grave latente que impide que la vida de la nueva creación ilumine a las localidades donde la iglesia local está insertada. Aunque el trabajo primordialmente es obra del Espíritu, también demanda el compromiso profundo de líderes y miembros de la iglesia. Es con el amor de Dios que amamos a nuestros hermanos y hermanas, y en ese mismo amor exhortamos, enseñamos y corregimos. Todos somos miembros de un mismo cuerpo, la responsabilidad de volver a ser comunidades cristianas donde la vida nueva del Reino esté presente es responsabilidad de todos los discípulos y discípulas de Jesús.  Pues la vida, a la luz de la verdad del Evangelio, irradiará nuevos valores y nuevas prácticas eclesiales acordes a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esta nueva vida subvertirá los valores de la cultura y primará los valores del Reino de Dios: el amor, el servicio y el sacrificio.

Una iglesia cerrada se transmite, se nota, se puede ver. Por más aparatosas que sean nuestras “bienvenidas” o nuestros intentos por “contactar a las visitas”, la inercia de la cultura eclesial local se impone. Como consecuencia, las personas que llegan a visitar una iglesia en necesidad espiritual, emocional, económica, o en desesperación, salen con un sabor amargo y una confusión mayor que no logra conciliar el mensaje de amor o de buenas noticias que se predica (cuando así sucede), con la realidad del trato superficial e interesado con que se les recibió.

La iglesia cerrada no sólo daña a las personas que la visita, sino también a los miembros de ella. No solamente son los nuevos miembros los que sufren al adaptarse a la cultura existente, sino también las nuevas generaciones. En algunos casos los hijos e hijas asumirán también responsabilidades clave, pero no sucederá con la mayoría, que al no contar con la popularidad o habilidades valoradas por la cultura eclesial, pasarán a conformarse con ser espectadores sin capacidad de agencia.   

El Señor Jesús se encarga de su iglesia. En las cartas del Nuevo Testamento y en el mensaje a las siete iglesias en Apocalipsis vemos una y otra vez al Señor teniendo cuidado de su iglesia. Hoy no tiene porque ser distinto: Jesús es el mismo, ayer, hoy y por los siglos. El sigue teniendo cuidado de su iglesia, este cuidado vendrá de muchas y diversas maneras, algunas de estas no nos gustarán. Pero a pesar de que pueda causar dolor, la poda será buena. Necesitamos dar fruto. 

Que el Señor Jesús, el Señor de la iglesia nos ayude y nos haga iglesias abiertas que muestran la vida nueva ahí donde Dios nos puso.




martes, 7 de marzo de 2017

Las tentaciones. Parte II

El pasaje de Lucas 4:1-13 en el contexto del Libro Lucas-Hechos

Esta publicación es la segunda parte de la reflexiones sobre las tentaciones de Jesús que comencé el mes pasado. En la primera parte traté un poco de La privatización y cristianización de las tentaciones de Jesús. Tal vez te interese leer primero la primera parte antes de continuar. Puedes leer esa publicación aquí. No obstante, si inicias aquí, no tienes problema, pues cada sección tiene  sentido y estructura propio.

Recordémonos el pasaje:

Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y fue llevado por el Espíritu en el desierto  (2)  por cuarenta días, siendo tentado por el diablo. Y no comió nada durante esos días, pasados los cuales tuvo hambre.  (3)  Entonces el diablo Le dijo: "Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan."  (4)  Jesús le respondió: "Escrito está: 'NO SOLO DE PAN VIVIRA EL HOMBRE.'"  (5)  El diablo Lo llevó a una altura, y Le mostró en un instante todos los reinos del mundo.  (6)  "Todo este dominio y su gloria Te daré," Le dijo el diablo; "pues a mí me ha sido entregado, y a quien quiero se lo doy.  (7)  "Por tanto, si Te postras delante de mí (me adoras), todo será Tuyo."  (8)  Jesús le respondió: "Escrito está: 'AL SEÑOR TU DIOS ADORARAS, Y A EL SOLO SERVIRAS.'"  (9)  Entonces el diablo Lo llevó a Jerusalén y Lo puso sobre el pináculo del templo, y Le dijo: "Si eres Hijo de Dios, lánzate abajo desde aquí,  (10)  pues escrito está: 'A SUS ANGELES TE ENCOMENDARA PARA QUE TE GUARDEN,'  (11)  y: 'EN LAS MANOS TE LLEVARAN, PARA QUE TU PIE NO TROPIECE EN PIEDRA.'"  (12)  Jesús le respondió: "Se ha dicho: 'NO TENTARAS AL SEÑOR TU DIOS.'"  (13)  Cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se alejó de Él esperando un tiempo oportuno. 
Lucas 4:1-13 

El pasaje de las tentaciones se encuentra en el capítulo 4 del libro de Lucas-Hechos. Las unidades temáticas previas a este texto son las siguientes:

Lucas   1:1-4                   Prefacio
1:15-25                            Anuncio del nacimiento de Juan el Bautista
              1:26-38                            Anuncio del nacimiento de Jesús
1:38-56                            Encuentro entre María y Elisabet
              1:57-80                            Nacimiento de Juan el Bautista

Lucas   2:1-20                              Nacimiento de Jesús
              2:21-40                            Presentación de Jesús en el templo
              2:41-52                            El viaje de la familia al templo durante la Pascua

Lucas   3:1-20                              Predicación de Juan el Bautista
              3:21-22                            Bautismo de Jesús
              3:23-38                            La genealogía de Jesús

Lucas   4:1-13                              Las tentaciones de Jesús
              4:14-44                            Principio de la predicación de Jesús y “el manifiesto de Nazaret”


El pequeño índice de unidades temáticas nos deja ver primeramente que las tentaciones se desarrollan previo a la predicación de Jesús. ¿Por qué antes de iniciar su ministerio?  Para eso regresemos a lo que inmediatamente Lucas nos dice sobre la identidad de Jesús como Hijo de Dios en dos afirmaciones previas. La primera afirmación es la voz del cielo que se escuchó cuando Jesús fue bautizado que dijo: “Tú eres Mi Hijo amado, en Ti Me he complacido." (3:22),  la segunda es la conclusión de la genealogía de Jesús: “Hijo de Adán, de Dios”. (3:38). Con esas declaraciones y con el Espíritu sobre él, Jesús fue llevado al desierto.


Las tentaciones se dan en el contexto del desierto, en un lugar remoto alejado de comodidad y en el contexto de su ayuno. Después de cuarenta días, nos dice Lucas, Jesús tuvo hambre y llegó el diablo para tentarle. Vemos que dos de las tres tentaciones inician con las palabras: “Si eres Hijo de Dios…”.

La primera tentación fue convertir las piedras en pan. Jesús tenía hambre y seguramente el poder para hacerlo. Sin embargo, él  renunció a usar su poder para servirse a sí mismo. Recordó que no sólo de pan vive el ser humano.

La segunda tentación fue aceptar el dominio de los reinos del mundo a cambio de inclinarse y adorar al tentador. Jesús respondió que sólo al Señor tu Dios adorarás y servirás.

La tercera tentación fue hacer algo espectacularmente arriesgado para ser salvado por los ángeles de Dios y ser reconocido como Mesías por los judíos. No obstante, Jesús respondió que no se deberá tentar al Señor tu Dios, citando palabras del libro de Deuteronomio como las dos ocasiones anteriores.

A pesar de que la tentación de recibir los dominios del mundo está en segundo lugar, lo que podemos entender es que Lucas acomodó la más grande en el centro del ataque del diablo.
Como vemos, las tentaciones no tienen un sentido privado como ahora asociamos a la tentación. En este pasaje lo que las tentaciones están poniendo en duda es la identidad de Jesús como Hijo de Dios. En contraste con la afirmación de la voz del cielo que dijo: “Tú eres mi Hijo amado, en ti Me he complacido”, se encuentra la voz de diablo que dijo: “Si eres Hijo de Dios…”. Esto no es nuevo. En Génesis 3 leemos como en el jardín del Edén la serpiente logró engañar a Eva y a Adán. En aquella funesta ocasión las palabras fueron: ¿Conque Dios les ha dicho: 'No comerán de ningún árbol del huerto'?" (Génesis 3:1). Lo que vemos en ambas narraciones son a la serpiente/diablo poniendo en duda la palabra que Dios ya ha hablado.

Las tentaciones para Jesús implicaban su identidad pero sobre todo ¿Cómo viviría esa identidad? ¿Qué camino escogería Jesús para llevar a cabo su misión por la que el Padre le había enviado? El diablo le ofreció a Jesús “atajos” para alcanzar sus metas como Hijo de Dios y Mesías. Sin embargo, el camino del diablo no incluía la obediencia a Dios ni el sacrificio. Si bien, Adán y Eva pretendieron asumir el lugar que le corresponde exclusivamente a Dios para decidir qué era lo bueno y qué era lo malo. La oportunidad que el diablo le ofreció a Jesús era similar: asumir su identidad como Hijo de Dios y su obra como Mesías según su propia voluntad y bajo sus propios términos, rechazando tajantemente así el camino de Dios.

La tentación no terminó en el desierto, como comentaba anteriormente, Lucas nos deja claro que el diablo se apartó por un tiempo buscando el tiempo oportuno para reanudar la tentación. Pues ese tiempo oportuno se dio después. Para efecto de nuestro enfoque, Mateo nos deja ver más detalle de este pasaje que Lucas. Veamos.

Cuando Jesús llegó a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a Sus discípulos: "¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?"  (14)  Y ellos respondieron: "Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; pero otros, Jeremías o alguno de los profetas."  (15)  "Y ustedes, ¿quién dicen que soy Yo?" les preguntó Jesús.  (16)  Simón Pedro respondió: "Tú eres el Cristo (el Mesías), el Hijo del Dios viviente."  (17)  Entonces Jesús le dijo: "Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino Mi Padre que está en los cielos.  (18)  "Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré Mi iglesia; y las Puertas del Hades (los poderes de la muerte) no prevalecerán contra ella.  (19)  "Yo te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos."  (20)  Entonces ordenó a los discípulos que a nadie dijeran que El era el Cristo (el Mesías).  (21)  Desde entonces Jesucristo comenzó a declarar a Sus discípulos que debía ir a Jerusalén y sufrir muchas cosas de parte de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercer día.  (22)  Tomando aparte a Jesús, Pedro Lo reprendió: "¡No lo permita Dios, Señor! Eso nunca Te acontecerá."  (23)  Pero volviéndose El, dijo a Pedro: "¡Quítate de delante de Mí, Satanás! Me eres piedra de tropiezo; porque no estás pensando en las cosas de Dios, sino en las de los hombres."
Mateo 16:13-23 

Ahora Jesús no está en el desierto, sino en plena actividad pública, con discípulos, multitudes que le sigue y enemigos declarados que buscaban su mal. Era considerado un maestro itinerante con buen rating.  Como vemos en este otro pasaje, la tentación aquí llegó de labios de Pedro, quien reconoció a Jesús como el Mesías. Sin embargo, después de que Jesús lo afirmó en su declaración, no entendió porque el Mesías tendría que ir a Jerusalén para sufrir, morir y resucitar. Pedro tomó a Jesús aparte y comenzó a reprenderlo: "¡No lo permita Dios, Señor! Eso nunca Te acontecerá." Pero Jesús no se dejó amedrentar, inmediatamente reconoció de dónde provenían estas palabras, esos deseos de no asumir el camino del Mesías sufrimientos. El diablo aquí volvía a plantear la duda, la oportunidad de ser el Hijo de Dios pero por otro camino sin sufrimiento. "¡Quítate de delante de Mí, Satanás! Me eres piedra de tropiezo; porque no estás pensando en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.". La tentación es no pensar en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.
                        
Lo que los evangelistas nos dejan ver en esta narración hunde sus raíces en la historia de la salvación de Dios. En Jesús vemos al verdadero o nuevo Adán, que se mantiene obediente a Dios y trae salvación para todos los seres humanos. Pablo, en su primera carta a los Corintios dijo: Porque ya que la muerte entró por un hombre, también por un hombre vino la resurrección de los muertos.  (22)  Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.” (1 Corintios 15:21-22) 

En la victoria Jesús a las tentaciones, vemos al  verdadero Israel de Dios manteniéndose fiel al Dios del pacto. A diferencia del pueblo de Israel. Como sabemos, los israelitas que Dios liberó de Egipto usando a Moisés, fueron al desierto de camino a la tierra prometida. Sin embargo, dudaron de que podían poseerla y hablaron contra Dios. Como consecuencia, tuvieron que andar por el desierto cuarenta años. Por lo tanto, es en Jesús que Dios cumple las promesas hechas a Abraham (Génesis 12) de ser bendición para todas las familias de la tierra.

¿Qué tienen que ver las tentaciones con nosotros, los discípulos de Jesús? Las tentaciones nos dejan ver los intentos del diablo para que Jesús renuncia a la forma en la que Dios hace las cosas para elegir nosotros mismos los medios. Considero que si para Jesús la tentación fue en su identidad como Hijo de Dios y Mesías, las tentaciones para nosotros son en dos sentidos diferentes: uno comunitario y otro personal. El comunitario tiene que ver con nuestra identidad como parte de la iglesia de Dios. La iglesia como cuerpo de Cristo, que recibió las enseñanzas de Jesús y la misión de hacer discípulos seguidores de Jesús el Mesías. En segundo plano es personal, y tiene que ver con las tentaciones que nos llegan a causa de nuestras propias pasiones desenfrenadas no sujetas al señorío de Jesús.



Las tentaciones como iglesia

Si Jesús fue tentado en los medios usados para expresar su identidad y misión. La tentación para la iglesia no resulta diferente. Cada generación se ve tentada a “usar” ciertos medios para llevar a cabo la misión de hacer discípulos. Algunos de esos “medios” pueden ser muy sutiles y demostrar orgullo, soberbia, o el poder. “Si tan sólo tuviéramos un edificio más grande, sería más atractivo”, “Si tan sólo nuestro equipo de luces y multimedia fuera más moderno…”, “Sin tan sólo tuviéramos más dinero…”, “Si tan sólo tuviéramos apoyo de un partido para…”

De la tentación de convertir las piedras de pan Henri Nouwen dice:
“Se trata de una tentación de ser competente, de hacer algo necesario y que pueda ser valorado por la gente; la tentación de hacer de la productividad la base… Se nos hace creer de mil maneras que somos aquello que producimos.”

Eugene H. Peterson comenta de la primera tentación:
Es la tentación de lidiar conmigo mismo y con los demás, primero como consumidores. Es la tentación de definir la vida en términos de consumo y luego diseñar planes y programas para lograrlos "en el nombre de Jesús".

Acerca de la tentación de dominio de hacer algo espectacular para ser rescatado por Dios y reconocido como Mesías,  Nouwen comenta:
“La segunda tentación que afrontó Jesús y que afrontamos también nosotros es la tentación de ser espectaculares. El diablo llevó a Jesús a la ciudad santa, le puso de pie sobre el alero del templo y le dijo: Tírate abajo…. Es la tentación de forzar a Dios a responder acudiendo a lo inusual, lo sensacional, lo extraordinario, lo inaudito… y así obligar a la gente a creer.”

Peterson dice de esta:
La temperación es embarcarse en una carrera de circos milagrosos. ¿Y qué podría ser mejor que una carrera Dios-milagros, milagros religiosos, muchedumbre entretenida, suministrando éxtasis a demanda?

Para la tentación de la adoración a cambio de los reinos de la tierra Nouwen dice:
“fue la tentación de ser poderoso”

Mientras que Peterson dice:
“la tercera tentación: gobierna el mundo”

La tentación para la iglesia de Jesús es llevar a cabo la misión usando el poder y acomodándose  a la cultura. Cada oportunidad que se nos presenta, por buena que sea, de que nuestra congregación local lleve a cabo su misión de otra forma en la que la hizo Jesús es una tentación. La iglesia de Cristo no necesita más dinero, más poder, más espacios, más recursos para llevar a cabo su misión. Necesita lo que ya tiene, la Palabra, el Espíritu, la provisión, cuidado y seguridad de Dios está estableciendo su Reino.

Las tentaciones personales

El tema de las tentaciones a nivel personal también están relacionadas con nuestra identidad, en cómo vivimos en el día a día nuestra realidad de Hijos e Hijas de Dios. Pero también con una realidad de pecado. Santiago dice: “Que nadie diga cuando es tentado: "Soy tentado por Dios." Porque Dios no puede ser tentado por el mal y El mismo no tienta a nadie.  (14)  Sino que cada uno es tentado cuando es llevado y seducido por su propia pasión.  (15)  Después, cuando la pasión ha concebido, da a luz el pecado; y cuando el pecado es consumado, engendra la muerte. (James 1:13-15).  La tentación siempre recae en querer vivir de la salvación y la nueva vida que tenemos por el sacrificio de Jesús sin sus consideraciones éticas de amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas nuestras fuerzas y con toda nuestra mente; y a nuestro prójimo como a mí mismo. Nos vemos tentados a pensar más  o sentirnos mejores frente a los demás. Nos vemos tentados a relacionarnos con las personas como objetos en beneficio propio. Nos vemos tentados a considerarnos el centro del universo. Nos vemos tentados a querer hacer nuestro destino nosotros mismos. Nos vemos tentados a esconder nuestras fallas y vernos fuertes. Nos vemos tentados a desconfiar del cuidado y provisión de Dios para nuestras vidas. Nos vemos tentados a creer las mentiras que nos dicen de nosotros mismos.

Antes de terminar debemos recordar que previo al desierto, Jesús fue bautizado y el Espíritu descendió sobre él. Quienes hemos aceptado a Jesús como el Mesías, como  Señor y Salvador hemos también recibido de su Espíritu para ser testigos suyos (Hechos 1:8). Pablo dijo a los creyentes de Éfeso: “En El (Jesús) también ustedes, después de escuchar el mensaje de la verdad, el evangelio de su salvación, y habiendo creído, fueron sellados en El con el Espíritu Santo de la promesa,  (14)  que nos es dado como garantía de nuestra herencia, con miras a la redención de la posesión adquirida de Dios, para alabanza de Su gloria. (Efesios 1:13-14).


Ni como Iglesia ni personalmente estamos solos cuando la tentación nos asedia. El Espíritu Santo está en nosotros para ayudarnos a resistirla y vencer, así como Jesús la venció. Amén.