sábado, 27 de agosto de 2016

MUDANZAS PARTE 4: Los últimos días

Se llega el día esperado y conforme el plan, previamente acordado, nos dispusimos a concentrarnos en las últimas actividades. Organizamos las despedidas. Nos concentraríamos un día completo a terminar las maletas. Oh, pero como muchas cosas en la vida, todo puede cambiar. Nuestra salida de Tijuana fue más agotadora de lo imaginada.

El domingo por la noche, después de despedir a nuestra familia y amigos, Alejandra se sintió mal del estómago. Aunque había despertado con un ligero malestar estomacal, éste no cedió en el resto del día. A las 9 de la noche llegamos a urgencias del IMSS (seguro social). Después de una espera breve ella fue atendida. A pesar de suministrarle medicamentos, el dolor no menguó y fue trasladada en ambulancia al hospital. Una vez, ahí el médico solicitó que se quedara toda la noche. Los síntomas apuntaban a una apendicitis. A la mañana siguiente el dolor disminuyó un poco, pero no desapareció. Motivo por el cual el médico solicitó un último análisis para evitar riesgos en el vuelo. Gracias a Dios se descartó apendicitis (y la cirugía). ¿Y el culpable del dolor? Una gastroenteritis aguda. El lunes a medio día estábamos de regreso en el departamento, desvelados y con la mitad de las maletas para partir a Vancouver al día siguiente.

Los cambios abruptos en los planes no son decisión nuestra pero sí  como los afrontamos. Antes que estar frustrado por el posible retraso del viaje, a mi me asustó la salud de mi esposa. La soledad de la sala de espera, fría e inhumana, me hacían orar y pedir al Señor salud para Ale.

En medio de las tragedias no estamos solos. Nunca. Dios siempre cuida de nosotros. Gracias por la atención del IMSS, la compañía de Samuel, las llamadas de la familia, las oraciones de lxs amigxs. Dios se está encargando de recordarnos que estamos en sus manos.

La mudanza programada para todo un día se redujo a una tarde. No pudimos hacerla sola. Después de esta experiencia me doy cuenta que muchas cosas no podemos hacerlas solos. Siempre necesitamos a las demás personas. Es un engaño pensar lo contrario.

Salir de Tijuana fue con dolores de parto. Una buena metáfora para el inicio de una nueva etapa.

viernes, 19 de agosto de 2016

MUDANZAS PARTE 3: Hacer maletas

Es una locura. Hacer maletas es una actividad compleja en todo el sentido del término. En esta ocasión solamente podemos movernos con ropa y algunos artículos de primera necesidad, como nuestro moledor de café. Lo demás se queda o se vende. Llevamos toda la ropa y calzado en nuestras maletas, como caracoles.

Las últimas semanas me he dedicado a la venta de ropa y libros por internet (hasta una bicicleta). Ale y yo hemos hecho en ejercicio de limpieza de nuestro ropero:

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-"¿Se queda?"
- "Sí"
- "¿se usó o se va a usar?"
- No
- "¿Se vende o se tira?"

Hay ropa que no usamos o necesitamos y podemos sacar/vender. Este ejercicio ha sido una práctica que nos encamina a vivir una vida cada vez más sencilla y modesta. La ropa no nos define (además a mí la moda nunca me acomoda nada).

La última semana en nuestra casa está siendo llena de personas y despedidas. Queremos ver a todxs pero nos faltan días. Las despedidas vienen acompañadas de comida y bebida. Esto le agrega un toque sabroso a las reuniones. La comida al centro y la conversaciones al rededor, entre las personas. Ejercitando recuerdos y soñando con esperanza. No todo resulta tan agradable. Antes de partir necesitamos deja muchos trámites resueltos (incluso las cancelaciones de los documentos recientemente robados). Sin embargo, incluso en esto vemos el cuidado de de Dios y de las personas cercanas.

Hemos visto el cuidado de Dios en todo. Desde la provisión de nuestro nuevo departamento, el cuidado y resguardo de las cosas que dejamos, el ahorro de una mudanza interna, el cuidado y cariño de una comunidad conformada por familia y amigxs. Nos sentimos queridos y llenos de sus buenos deseos.

Ya no nos podemos detener. Algo nos empuja a salir y nos recuerda cuanto  necesitamos este cambio. 

viernes, 12 de agosto de 2016

MUDANZAS PARTE 2: Renuncia


Se cierran y abren etapas. Hoy firmé mi renuncia y formalmente dejé laborar en Colegio donde impartí clases desde hace seis años. El sentimiento de “checar” salida no fue el mismo, ya no se volverá a repetir, fue el último. Me voy satisfecho. Este ciclo de aprendizaje personal y profesional fue intenso y lleno de personas y buenos momentos. La docencia fue una inquietud lograda y en camino confirmo algo llamado vocación que estoy dispuesto a seguir practicando en los años futuros donde quiera que esté.

Por ahora me entristece dejar a las personas, al colectivo docente y demás personas con quienes conviví y trabajé semana a semana. En medio de todo nos divertíamos, sabíamos divertirnos. Fui el más joven del equipo pero siempre me sentí valorado y tomado en cuenta. Para un profesor primerizo, como fue mi caso, el compañerismo con varios docentes mucho más experimentados fue clave en mi propio ejercicio. Yo recomiendo este tipo de experiencias para quienes están iniciando y para quienes ya van en el camino y comparten con los recién llegados a la escuela.

Despedirme de ciertos alumnos y exalumnos también acarrea su nostalgia. Pude conocer y convivir, poco y profundo, con demasiadas personas en el aula, según mis cálculos rápidos fueron por lo menos cuatrocientos estudiantes en seis años. Simpatizar con adolescentes es un ejercicio titánico no siempre bien logrado y en constante entrenamiento. Todas las generaciones fueron distintas y cada persona única. Todas ellas cuentan con dones y habilidades sorprendentes. Todas necesitaban sentirse amadas en sus distintos lenguajes, con regularidad todas también necesitaban afirmación en aspectos variados, otras más, firmeza y contención. Tener oportunidad de conversar con adolescentes es una bendición. Siempre te recuerdan lo que no sabes del mundo de hoy y lo rígido y viejo que te estás poniendo con la edad. Convivir con ellos nunca fue un ejercicio de guante y bata, no puedes lidiar así con el abandono, el dolor, los traumas y las frustraciones con las que llegan de  casa. Pero ellos y yo necesitamos continuar el camino y agradecer las oportunidades dadas. Conforme crezco reconozco lo valioso del tiempo y lo terrible de perderlo.

Participé en una institución educativa donde fui desafiado en mi práctica docente y encontré compatibilidad entre su propuesta y lo que yo entendía en aquel entonces como el ejercicio docente. Aprendí, no lo dudo. Me sentí parte. Reconozco y agradezco. Sin embargo no convertiré en ídolo a ninguna institución, todas son perfectibles y caminan en ese proceso, algunas lentamente. A mí me ha tocado una experiencia en su mayoría buena. Como dijera un amigo sobre otros temas: “tal vez nos pudo ir peor, o mejor, quien sabe”.

Me retiro un tiempo de la docencia con un sentimiento agridulce. Por un lado llevo la satisfacción de ver el fruto del trabajo y decir que es bueno. Y por el otro la frustración de tener que ajustar la vida, el trabajo docente y el proceso de aprendizaje-enseñanza a los espacios, ritmos, calendarios, métodos y estrategias del Estado en materia educativa. Sigo pensando que el sistema educativo (del siglo XIX) debe reformarse desde la raíz para este contexto (siglo XXI). Estoy dispuesto a regresar al aula y a aprender para enseñar fuera de ella. No sé aún que depara el futuro en lo familiar, ministerial y profesional.

Salgo en buen momento a respirar aires nuevos y desarrollar actividades diferentes en otra ciudad y país. Me voy, cerraré la puerta de esta oficina y dejaré en ella el rol docente. Camino hacia la puerta, al cruzarla salgo pero también ingreso a un ciclo nuevo.  Por lo pronto estoy nervioso frente a la etapa siguiente, como los nervios en la panza el primer día de clases. Será un año nuevo, una etapa nueva donde espero, confiado en Dios, tener la oportunidad de ver nacer sueños nuevos y visión renovada.

Adiós. 

miércoles, 3 de agosto de 2016

MUDANZA PARTE 1

El cambio de vivienda implica una transformación del estilo de vida. Por ahora quiero dejar mis impresiones por lo que se queda. Ale y yo estamos por mudarnos a Vancouver en  Canadá, por un año sabático de estudios y descanso. La práctica de la mudanza no es nueva para mí, tengo experiencia en cambios locales y nacionales. Pero esta ocasión es diferente por la persona, los motivos y el lugar. Entre los preparativos de la maleta surgen ideas que son imposibles de empacar. Deben quedarse y no hay mejor lugar que “sobre el escritorio”.


Moverse implica renunciar voluntariamente a muchas cosas, personas, prácticas, lugares y trabajos. Somos de los pocos afortunados para quienes migrar a un país de primer mundo, con todos los documentos y permisos en regla, es una opción planificada y no una necesidad urgente por sobrevivir (como los tantos otros paisanos). Nuestros recursos son insuficientes para solventar nuestras necesidades en otro país. Nuestro caso no es el ejemplo de la autorrealización. Por el contrario, hemos visto la provisión de Dios para este viaje de muchas formas, entre ellas el ahorro.

Antes de salir tomamos decisiones. Una de ellas fue la de renunciar a un trabajo en una institución educativa donde laboré seis años. Algunas personas al saber esto se preocuparon genuinamente, temiendo que “desaprovechara” esta oportunidad. Soy consciente que la situación laboral de la gran mayoría de los egresados universitarios no es del todo positiva. Los índices de desempleo son altos. Probablemente seré de las últimas generaciones que consiguió un empleo “estable y seguro”  en cuanto egresé. Por esa razón “dejarlo” es un shock.  Pero creo que esta nueva etapa demanda una profunda confianza en Dios y su oportuna provisión sin nómina de por medio. Quiero confiar. Después de todo nosotros nos mudamos pero Dios permanece: "Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza ni sombra de variación." (Santiago 1,17).  No me jacto de una “súper fe”, solamente me explico a mí mismo como mejor entiendo.

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