miércoles, 28 de noviembre de 2012

Recortes de Benedetti

TE QUIERO


Mario Benedetti
 
Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro

tu boca que es tuya y mía
tu boca no se equivoca
te quiero porque tu boca
sabe gritar rebeldía

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

y por tu rostro sincero
y tu paso vagabundo
y tu llanto por el mundo
porque sos pueblo te quiero

y porque amor no es aureola
ni cándida moraleja
y porque somos pareja
que sabe que no está sola

te quiero en mi paraíso
es decir que en mi país
la gente viva feliz
aunque no tenga permiso

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.
Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro

tu boca que es tuya y mía
tu boca no se equivoca
te quiero porque tu boca
sabe gritar rebeldía

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

y por tu rostro sincero
y tu paso vagabundo
y tu llanto por el mundo
porque sos pueblo te quiero

y porque amor no es aureola
ni cándida moraleja
y porque somos pareja
que sabe que no está sola

te quiero en mi paraíso
es decir que en mi país
la gente viva feliz
aunque no tenga permiso

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

Lee todo en: Te quiero - Poemas de Mario Benedetti http://www.poemas-del-alma.com/te-quiero.htm#ixzz2DVEU0jxg


martes, 20 de noviembre de 2012

Árboles plantados


Dentro de la cafetería de la universidad el olor a comida perfuma las conversaciones, hay un eco que toma todas las pláticas, entreteje las voces y las regresa fusionada en un singular barullo. No obstante los vecinos comparten sus charlas conscientes que los secretos de un extraño no despiertan curiosidad. Aquí estoy también yo, comiendo y masticando los recuerdos. Preguntando al Señor ¿por quiénes y qué debo orar hoy? No hay más respuesta que la conversación de los universitarios de la banca de atrás. Me entristezco al escuchar las sonrisas satisfechas al contar el resultado de sus borracheras, lo mal que quedaron, las gestas “heroicas” que realizaron sin consciencia para regresar a casa. No hay más. Sonrisas. Evidentemente estas conversaciones no las tendré con un estudiante del movimiento, pero hay conversadores con esas historias dentro. ¿Quién escucha? ¿Por qué las dicen? Arrepentimiento u orgullo.
Abro la escritura y me encuentra el Salmo 1, no puedo de dejar pensar en el contraste, el hombre o mujer que persevera en la Palabra del Señor y el pecador que es como paja.
Después se me ocurre una idea, transcribir el salmo:

Dichos los estudiantes que no siguen los consejos de los malvados, los que no imitan su ejemplo ni se relacionan con ellos para hacer maldades que desagradan al Señor o para asentir a los que las practican, sino que en la Palabra del Señor se alegran en todo tiempo, en su casa y dentro de la escuela. Ellos tendrán un testimonio firme de su fe porque aman y cultivan una relación con su Señor Jesús, de tal forma que darán fruto. Les irá bien y disfrutarán todo cuanto hagan. Pero en cambio  la vida de los malvados será efímera y sus obras no perdurarán. En el juicio del Señor no tendrán socorro. Porque el Señor cuida el camino de los justos, pero la senda de los malos lleva a la perdición.

            Me pregunto, ¿Queremos estudiantes que se aparten de los malvados? ¡No! Sino que tengan un testimonio firme  de su fe en Cristo, ¿Qué sean luz? Oro para que vivan estilos de vida que testifiquen de Jesús y haya en la universidad un gran bosque.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Reflexionar la ausencia


**Después de pasar tiempo rodeado de personas que amo, admiro y quiero surgió la realidad de la seperación**

Dedicado a todos los asesores de COMPA

Las ausencias duelen,
La no presencia angustia.
Hay alguien que no está.
Y yo, que deseo tiempo contigo
Quedo con miedo de ser entregado a tu olvido.
Un abrazo,
que sea eterno.

Tu calor y aliento será lo único que podré llevar
Allá a donde no me puedes seguir ni te puedo acompañar.
¿Qué se encuentra entre nosotros cuando somos separados?
¿Nada? ¡Mentira!
Inventamos eso para superar el duelo por la ausencia
Pero queda más de lo que podemos recordar.

Las complicaciones del “adiós”,
Esos sentimientos que brotan del corazón
cuando tú o yo te doy la espalda para continuar.
Esas ligeras negaciones
nos saltan desde  lugares oscuros por los que pasamos
cuando andamos lejos el uno del otro
recorriendo las calles,
tus calles, las mías, las nuestras
y tú o yo no estoy a tu lado.
¿Por qué Benedetti complica las cosas?
¿qué de las muchas veces
que cuando andamos“en la calle codo a codo soy simplemente yo”
porque tú no estás?
Me sobrecoge la distancia
E intentamos llenarla con algo.
…los recuerdos… alguna fotografía… un objeto… la memoria…
Todo aquello que recuerde a ti
Pero ni aún con eso te encuentras cerca.

¿Qué decimos cuando ocurre?
¡Nada!
¡No sabemos cómo hacerlo ni que sucederá después!
Inventamos formas para sobrevivirlo.
Y así nació nuestro “adiós”,
 El “adiós” nos es suficiente para llena ese hueco
que dejamos con nuestra ausencia
mientras creemos en nuestro pronto rencuentro.

Con un A-Dios te entrego,
(como el mejor acto de amor en nuestra despedida),
a un no lugar seguro, a una presencia
para ambos confiable.
Sólo así puedo caminar a donde voy
Confiado que estarás bien porque sé dónde tú vas,
A-Dios
Y así aunque sienta esta soledad como de orfandad
Cuando me separo de vos
El simplemente “adiós” me recuerda donde estás.
Con Él.
A-Dios es una de nuestras primigenias declaraciones de fe.
Por eso,
a ti,
a ellos,
a mí
a nosotros,
a los que ya se fueron,
a los que pronto nos iremos
y los que se irán:
A-Dios.
Sólo así el corazón estará contento.