En voz audible

Las palabras que más me han hecho temblar, llorar, reir, aquellas que más recuerdo, que más aprecio son las que me dijeron en voz baja; las palabras que más me lastimaron, las que más me hicieron sufrir me las gritaron. No hay duda, no hay duda. Y es que las palabras dan mensaje, pero la forma en la que las decimos también, un "no" podría estar diciendo "sí", y un "estoy seguro" un "no lo sé". Por eso hay que apuntar y caminar en honestidad.
Pero las palabra más bellas las he escuchado a mis oídos como susurro, la opresión que lastima es un grito. Por eso al pueblo se le dijo: "Escucha Israel, el Señor tu Dios, el Señor uno es".
Y después del viento tormentoso, el fuerte terremoto y el fuego consumidor Dios encontró a Elias, en su depresión, dentro de la cueva, en una suave brisa.
Hablar como susurro implica reconocer al otro cerca, dejar de gritar, despojarse del poder sobre el otro, es no tener autoridad para ser escuchado; implica, de fondo, una conversación de iguales, hermanos-amigos. Es estar cercanos. Después de todo, Dios no nos gritó las buenas nuevas desde el cielo sino vino a nosotros y nos habló en voz audible, cerca.
Me hace pensar en las conversaciones que he tenido y en cómo debo tenerlas.

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