Triste cuento

Te paseas contenta luciendo ese cuerpo tuyo que apenas conoces, pero algo parece andar mal, observas confundida por cómo te ven los demás cuando estás n medio de ellos, y no lo entiendes.
Sin embargo, al paso del tiempo, te diste cuenta que aprendiendo a usar tu cuerpo conseguías poder. Y al saberlo sonreíste. Y yo, que te vi desde el otro lado de la plaza, lamenté que hayas perdido tu dulce inocencia y sonrisa ingenua; pusiste fin al ángel bello y despertaste de los infiernos al demonio y sus pasiones.
Ahora caminas buscando que alguien te desee y logres obtener cualquier cosa de valor del mejor postor. Mataste la ingenuidad, dejaste la vida, caíste en la red de la mentira, dejaste de ser mujer para convertirte en objeto. Y de ese triste cuento todos fuimos culpables.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El miedo de algunos evangélicos al Evangelio

Recomendaciones no solicitadas para cristianos universitarios

Año Nuevo: Finales, principios y el Apocalipsis