lunes, 12 de septiembre de 2011

Bitácora de un peregrino. Oración de agradecimiento

GRACIAS A DIOS HE CUMPLIDO POCO MÁS DE UN AÑO DE SERVICIO EN EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL, AQUÍ UNAS REFLEXIONES Y ORACIONES DE GRATITUD.


Sentado, a la espera de mis amigos hermanos, con quienes estudio la Biblia y comparto la vida siguiendo a Jesús, me encuentro detenido por un momento pensando que fue hace un año precisamente cuando Dios me llamó a seguirle, a comprometerme con él y su obra en las universidades y a formar parte de una comunidad de personas que buscan vivir en su cotidianidad la experiencia del Señor resucitado y la transformación de una nueva creación. Así entiendo esta etapa de mi vida, en la que dedico, de manera formal y organizada, parte de mi vida y tiempo como profesionista para servir en el movimiento de Compañerismo Estudiantil (COMPA). Mi presencia aquí, en este momento, con hojas que contienen impreso un pasaje de la Biblia  la entiendo a la luz de ese llamado. Son las 7:25 p.m. de un lunes como cualquiera, ellos no deben de tardar en llegar.
Recuerdo con emoción el momento en el que se me realizó la invitación a servir en COMPA, fue una noche después de un estudio bíblico  acompañado amigos, no supe cómo responder, guardé silencio, aunque entendí -a la luz de la Palabra y el camino por donde me había llevado Dios en los últimos dos años- por dónde me invitaba Jesús a seguirle en el futuro.  Si me preguntan ¿cómo ha sido mi experiencia en este año? Puedo responder sin titubear que es un privilegio servir de esta forma al Señor que con Su vida me dio nueva vida, perdón, amor, futuro y amigos.  Sólo Dios es digno de elogio en esta pequeña jornada, gracias a Él esta barca pequeña y frágil que es mi vida se ha mantenido en medio de los buenos momentos y en aquellos días en los que las nubes oscuras de las circunstancias o mis propias tribulaciones me hicieron pensar que no lo eran. Son más los agradecimientos por Su sustento y provisión que mi protagonismo, gracias Él por eso, pues es una muestra que continúa trabajando en mí.
La misión cristiana requiere personas dispuestas, tiempo y recursos, es decir, la vida misma, nos es imposible hacerla sin conocer a Jesús y sin estar dispuestos a entregarnos por completo a él en obediencia. No siempre es fácil ni cómodo. Es indispensable salir de la comunidad, algunas veces abandonar sueños personales para tomar otros eternos. Es una vida de entrega y renuncia constante a nuestro yo, de tomar la cruz y caminar. Por lo tanto es importantísimo estar enfocados en Cristo, fuera de él nada podemos hacer y algo que debe producir gozo se convierte en carga. ¿Pero cómo se vive esto en la cotidianidad? El error es racionalizarlo por completo pero no vivirlo, lo primero es cómodo, lo segundo desafiante. Agradezco a Dios por mi familia, ya que me ha acompañado en este tiempo en oración y escuchándome. Me llena de emoción ver sus rostros llenos de alegría cuando platico lo que Dios está haciendo en las escuelas. Gracias a Dios ellos han entendido el llamado de Dios a mi vida. Los amo.
El Señor hace cosas que ni siquiera esperamos. No sabemos lo que él puede hacer con nosotros cuando le decimos honestamente “Señor, aquí está mi vida, úsala como quieras”. Cuando era estudiante no sabía que algún día serviría como asesor, fue un proceso que se fue dando a la luz de la Palabra y las conversaciones con los amigos-hermanos y hermanas de la comunidad. Y claro, un estudio bíblico con un querido hermano australiano detonó una serie de preguntas y oraciones. En fin. Después de todo la misión que el Señor nos encomienda a sus seguidores es un trabajo guiado por él pero que se realiza en comunidad que formamos aquellos que hemos sido llamados, perdonados, redimidos y empoderados con su Espíritu. Ahora que ya ha pasado un año sigo agradeciendo a Dios por dejarme vivir la misión en el compañerismo de la comunidad, ya que son mis hermanos los que están cerca y comprenden los desafíos, dolores, angustias y dudas del trabajo en las universidades. Los recuerdo porque han estado ahí cuando les necesito y por las largas conversaciones sobre las inquietudes de la vida, las bromas, la reflexión en torno a las Escrituras y la teología de café. Este Señor a quien servimos hace más grande la familia y nos coloca en el mejor equipo de trabajo. Después del Señor, A ustedes herman@s les doy las gracias, saben lo indispensable que son a mi vida. Si me he mantenido en pie ha sido gracias al Señor y también mucho a ustedes. Además, hay más personas a quienes se debe agradecer, aquellos que han sembrado sus recursos y tiempo en la obra. Gracias por su ejemplo, regaños y amistad.
Cuando decidí recorrer este camino sabía que le decía no a otros más, o al menos los postergaba, esto, por simple que parezca, es un viva experiencia de lo que significa morir a uno mismo, a sus sueños, legítimos y buenos, pero que cuando son comparados en la perspectiva de la eternidad y en función de la extensión del Reino de Dios se quedan cortos; además, muchos de ellos al ser depositados a los pies de la cruz arrojaron lo que había en mi corazón y la mostraron la necesidad de seguir siendo trabajado por las manos amorosas del Carpintero: mi egoísmo, la búsqueda de un nombre. No me pongo como ejemplo de desprendimiento, ya que entiendo que hay hermanos que han renunciado a cosas mucho mayores que las que menciono, pero rescato parte de la experiencia en mi andar con el resucitado que me hace permanecer confiando en él y su tiempo.
Las personas forman expectativas sobre ti, esperan algo, saben que puedes contribuir y lo demandan de las más bellas y sutiles formas. Aquí una tentación. Seguir a Cristo implica renunciar a lo que los otros quieren para ti y abrazar el camino de la cruz. La renuncia a buscar un nombre propio, la renuncia a no saturarse de trabajo para “hacer” tiempo, la decisión de posponer las oportunidades de posgrados, etc. no siempre son fáciles y menos comprendidas. ¿Qué se espera de un profesionista egresado? Acaso no es “acomodarse” en un buen trabajo, dedicarse “a lo suyo”. ¿Es ilegitimo buscarlo? No, pero es aquí donde tomamos la decisión de hacernos un nombre o seguir a Cristo, aún cuando sabemos que eso implica dejar nuestros deseos y sueños a su voluntad para que él los cumpla a su tiempo o simplemente no. La decepción brilla en los ojos de los que “esperaban otra cosa para ti” y sus los sabios consejos llenos de experiencia que dibujan un contexto en constante crisis nos ofrecen buenos pero falsos salvavidas. Y una vez que decides, esto es la segunda tentación, soltar la mano del arado. Pero a Dios gracias que nos ha sellado con su amor para seguirle confiado plenamente en quién es Él. La locura de la decisión, el abandono de los sueños, la traición a los mentores, el desahucio social: perder la vida para ganarla.
Dios ha sido bueno, ahora volteo mi vista al pasado, veo por dónde me ha traído el Señor y el lugar donde estoy ahora, no puedo dejar de agradecer como niño contento su gracia y fidelidad. Ha superado con creces lo que habría soñado. Pero ahora ya no se puede continuar adelante con los ojos puestos en lo que paso, se vuelve necesario asumir decisiones hoy y caminar en la misma fe al destino  donde no tenemos el control aunque sí la seguridad de la presencia del Señor resucitado.
Por delante nos esperan las buenas obras que Dios determinó desde antes de la fundación del mundo para que andemos por ellas. No sé exactamente cuáles son y sus tiempos, pero Dios, que es bueno, me ha dejado ver algunas. Comienzo a estudiar teología  a distancia en Moore College en Latinoamérica (MOCLAM), no entraré a ningún programa de Maestría por lo pronto pero me dedicaré formalmente a prepararme de esta forma pues creo que Dios me llama a eso en este momento. Por otra parte, continúo en la obra estudiantil, siendo amigo, acompañando, animando y pastoreando a los estudiantes en la UTT y las demás universidades. Sigo sirviendo en el grupo de jóvenes en la congregación a la que asisto. De la misma forma trabajo en mi empleo como profesor, ya que ese espacio también ha sido provisión de Dios para sostén y campo de misión entre los adolescentes y compañeros de trabajo. Ayúdame a orar agradeciendo a Dios por su obra en las escuelas y para que pueda seguir caminando fielmente en su llamado. A final de cuentas, todo es en él, por él y para él.
Dios con nosotros.
Abdiel Espinoza González
Asesor

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