domingo, 13 de noviembre de 2011

Recordar

El golpe de la muerte nos sofoca, me deja atónico ante lo pequeño y frágil que soy. Nos atraviesa y separa de aquellas personas y cosas a la que tanto nos aferramos, no tiene piedad, pero es justa. Somete el orgullo a la prueba del tiempo, nos despiera del engaño de nuestra civilización, nos ofrece el límite a nuestra autorealización, nos condena, es nuestra enemiga que nos espera tal vez al doblar la esquina, en el siguiente instante, durante unos meses, tal vez estará distante, pero la veremos, me espera, te espera. 
Pero yo sé que no sonreirá por siempre, no tendrá poder sobre mí por siempre, algún día será vencida por la victoria que ya fue. Viviré eternamente por gracia de Jesús, por sus méritos, por su muerte vivo su vida. 
Nos queda su nombre como consigna tía Esperanza. Esas bellas y frágiles líneas mestizas se acabaron; la negra cabellera, ahora plateada, perdió su brillo y se entrega a la tierra como un tesoro cuando quiere ser escondido por no considerarse digno del mundo....

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