lunes, 12 de diciembre de 2011

Preparando la salida...

Algunas ocasiones no entiendo lo precipitado de los tiempos, los cambios bruscos, las ausencias, ¿la cercanía de la soledad?, más las ausencias. Sé que todo cambia, que el cambio nos cambia y terminamos cambiados incluso a nosotros mismos. Después de todo. Nunca somos el mismo más que en él. Termina un año, pero el tiempo cronometrado no lo es todo, no determina los ciclos, los procesos, es mecanizado, un gesto más de nuestra soberbia por llevar el control.
No me he quedado tirado lamiendome las heridas, no, ¡Nunca más! Ahora estoy de rodillas ante Cristo, a quien pertenezco, esperando que su paz destile y penetre mi pecho, cubra mi mente, tranquilice mis emociones. Este torbellino de acontecimientos que demandan la vida es el camino que he decidido seguir porque es por donde Jesús me llama, cuesta, sí, claro. Me desesperan aquellos que quieren quitar el sufrimiento por seguir a Cristo. ¿Somos unos estoicos amigos míos? No, ¿Ellos son hedonistas? No lo sé. No quiero clasificar, sino descansar. Estas situaciones me hacen reconocer quién soy, Abdiel, ¿quién es este personaje gris que anda las calles? Dependiente, sí, de Jesús, porque reconozco mis limitaciones, mis debilidades y tentaciones, mi necesidad de Jesús. ¿A dónde más podría ir Jesús si estoy seducido por ti? Las circunstancias me hacen regresar a Jesús, a volver a poner mis ojos en él cuando parece que me distraí. Habla Señor,

Salmo 19

1 Los cielos proclaman la gloria de Dios,
Y el firmamento anuncia la obra de Sus manos. 
/Te agradezco Señor porque puedo confiar en tí, en tu poder creador, en tu delicadeza/
2 Un día transmite el mensaje al otro día,
Y una noche a la otra noche revela sabiduría.
3 No hay mensaje, no hay palabras;
No se oye su voz.
4 Pero por toda la tierra salió su voz,
Y hasta los confines del mundo sus palabras.
En ellos Dios puso una tienda para el sol,
5 Y éste, como un esposo que sale de su alcoba,
Se regocija como hombre fuerte al correr su carrera.
6 De un extremo de los cielos es su salida,
Y su curso hasta el otro extremo de ellos;
Y no hay nada que se esconda de su calor.
/Gracias Señor porque puedo confiar en que tú me sustentas y tienes cuidado de tu creación, yo soy tuyo, las huellas de tus manos están en mi, todo yo te pertenece/

 7 La ley del SEñOR es perfecta, que restaura el alma;
El testimonio del SEñOR es seguro, que hace sabio al sencillo.
/Gracias por tu Palabra, porque eres fiel y puedo confiar en ti y tus promesas/
8 Los preceptos del SEñOR son rectos, que alegran el corazón;
El mandamiento del SEñOR es puro, que alumbra los ojos.

9 El temor del SEñOR es limpio, que permanece para siempre;
Los juicios del SEñOR son verdaderos, todos ellos justos;
10 Deseables más que el oro; sí, más que mucho oro fino,
Más dulces que la miel y que el destilar del panal.
11 Además, Tu siervo es amonestado por ellos;
En guardarlos hay gran recompensa.
12 ¿Quién puede discernir sus propios errores?
Absuélveme de los que me son ocultos.
/Sí Señor, guardame con tu Palabra, instruyeme en ti/
13 Guarda también a Tu siervo de pecados de soberbia;
Que no se enseñoreen de mí.
Entonces seré íntegro,
Y seré absuelto de gran transgresión.
/Gracias por tu misericordia, porque tienes cuidado de nosotros, gracias por Jesús, gracias por perdonar mis pecados por medio del sacrificio de tu Hijo; gracias Jesús, Señor Salvador y Dios/
14 Sean gratas las palabras de mi boca y la meditación de mi corazón delante de Ti,
Oh SEñOR, roca mía y Redentor mío.
/Gracias por ser mi seguridad, que mi vida te glorifique. Amén/

¿A dónde iremos cuando desmayamos? Al Señor Jesús, que nos extiende sus brazos y nos da su yugo, que es liviano y ligera su carga.
En estos tiempso de preparación para los Campamentos y en medio del trabajo, perdón Señor por considerar que yo puedo hacer tu obra, perdón por creer que tu obra es en mis fuerzas. Ayudame a serte fiel. Guíame....


"Con Cristo estoy ciertamente cricificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por la fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí" Ga. 2:19-20

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