¿Qué ves?


Jeremías 1

Él era joven, había vivido sus primeros años en tiempos de crisis, pero las cosas ahora pintaban mejor, tenía el mundo por delante y un futuro prometedor, pertenecía a una buena familia, vivía en los suburbios de la gran capital, el centro político y cultural de su época, las últimas reformas del país favorecieron el oficio familiar, gozaba de prestigio y todo apuntaba a una brillante carrera. En definitiva, eran buenos tiempos y el joven Jeremías podía sonreí de cara al futuro. Hasta que un buen día algo sucedió, Dios llegó y transformó radicalmente todo esto. Después aquel encuentro nada seguiría igual. Primero, decisiones importantes, dejar el oficio familiar, inmediatamente después aparecen los problemas familiares, padres asustados que no entienden y tienen miedo por ver como el hijo abandona un oficio noble y prestigioso por un arranque de locura juvenil; en seguida, abandonar el hogar y mudarse a la gran ciudad, allí la fama que le espera no es la de un hombre popular y querido. El pobre Jeremías ahora lidia con las consecuencias de ser el mensajero del juicio de Dios en tiempos de reforma religiosa. Ya no es más un sacerdote, se ha convertido en profeta. Reyes estarán en su contra, perseguido y puesto preso. El cariño se convertirá en odio, las riquezas serán la soledad y persecución, no podrá compartir la vida con más nadie, no habrá esposa que le espere después de la jornada laboral, no niños que sonrientes le reciban y le digan papá. El joven Jeremías tendrá sólo a Dios mientras todo el mundo murmura en su contra. Terminará sus días sin la calidez del hogar y la familia, morirá a oscuras, solo, probablemente asesinado. Todo por obedecer al Señor. 
Para los que aún les quedaba alguna duda, sí, hablamos de Jeremías, el profeta Jeremías. Lo interesante de su vida es que parece que el responsable de toda la desgracia sufrida fue Dios mismo, o tal vez matizando mejor, las consecuencias de obedecerle en un mundo apartado de Él y sin intenciones de arrepentirse y volverse a Él, a pesar saber que el juicio de parte de Dios inminentemente caerá sobre ellos. ¿Te sientes identificado? ¿Cuál es el mensaje que Dios da al pueblo por medio de Jeremías? ¿Acaso los profetas no son populares?  ¿Cómo es el pueblo que trata mal a Jeremías? ¿Hay esperanza en algún lugar a los problemas del ser humano? ¿Dónde y qué está haciendo Dios?

Al ver a Jeremías no puedo dejar de pensar en mí y en los estudiantes de COMPA que están de paso por la universidad. De repente te encuentras en la flor de la juventud, con energías  para comerte el mundo, tienes sueños por alcanzar, probablemente no tienes todo lo que te gustaría y sufres por algún examen, tienes algunos problemas pero algo te hace pensar que no son del todo permanente y que algún día, probablemente mañana los resuelvas u olvides. ¿Y qué cuando Dios te encuentra y te pide ser su mensajero en la facultad? El mundo parece moverse, de repente comienzan las dificultades, algunos escuchan, otros no y se alejan, se dirán algún chiste sobre ti y probablemente llegas a pensar que es una perdida de tiempo.
¿Cómo resuelve vivir Jeremías ante el llamado de Dios de ser su instrumento en un pueblo apartado de su Ley, entregado a la idolatría e inmoralidad, que juega a la política exterior y no escucha las advertencias de juicio y arrepentimiento? ¿Cómo resolvemos vivir ante el llamado del Señor de proclamar el evangelio en la facultad, en medio de una atmosfera que ha censurado a Dios y personas que viven decidiendo por ellas mismas el bien y el mal? ¿Acaso todos escuchan el mensaje? ¿Cuál es nuestro mensaje? Encontramos a Jeremías odiado y preso por su mensaje, ¿a nosotros nos aman? Qué mensaje decimos.
El encuentro con Dios asustó a Jeremías: “Ay”, lo dejó sin opción: “Antes de formarte… antes de salir del vientre”, no hay lugar a donde dirigirse, ha sido creado para participar únicamente de este proyecto, “te conocía… te consagré… te destiné…”, todos sus conocimientos, habilidades, competencias, talentos y aptitudes han sido puestas en él para este proyecto y no otro. Estás sentenciado Jeremías, eres de Dios y para él. A continuación el Señor establece el acuerdo de su participación, Jeremías “irá,  dirá y no temerá”, Dios “envía, estará con él, pondrá sus palabras en Jeremías y da poder”. En tres repetidas ocasiones se deja ver en quién reside la autoridad del trabajo de Jeremías: Dios. “pondrá sus palabras, dará poder y dirigió su palabra”, dos de tres ocasiones la Palabra de Dios es sustento de autoridad. Una vez establecido y dejado en claro inicia la aventura: “El Señor me dirigió la palabra…”
Interesante, Dios no inició –en el caso de Jeremías- dando afirmaciones como Así dice el Señor o dictando sentencias; Jeremías no se convertirá en un robot pasivo que repite palabras, parece que Dios no quiere usar solamente su boca, pies y manos, no será el pájaro de Dios que repite palabras, por el contrario, lo vuelve un agente activo de su revelación-juicio-esperanza, lo involucra de tal forma que vea, entienda y sienta el obrar de Dios, por lo tanto, Jeremías llorará, sufrirá y se quejará. “¿Qué ves Jeremías?... ¿Qué ves?” Pregunta Dios.
Una vara de almendro, ¿Una vara de almendro? ¿Qué significa esto? Aquí el juego de palabras shaqed para almendro y shoqed para vigilante. El Señor vigila el cumplimiento de su Palabra, hasta aquí mencionada cuatro veces: v. 4, 9, 11 y 13. La misión de Jeremías gira entorno a la Palabra dicha por Dios para el pueblo, en virtud de eso, él puede descansar en él y enfrentar sin titubear a todo el pueblo.
¿Qué ves Jeremías? ¿Una olla hirviendo que se derrama desde el norte?, una olla que es soplada desde abajo, que hierve a causa del fuego que se sopla debajo de ella; imagen cotidiana para ilustrar una verdad inminente que atemoriza. La tragedia de verter aquello que contiene. El soplo de la guerra que desciende del norte, donde Babilonia se está haciendo el imperio mundial, al sur, donde se encuentra Jerusalén. Doble tragedia, todos los habitantes del norte están invitados a ejecutar el juicio de Dios y todo su pueblo está citado a experimentarlo.
¿Qué ves Jeremías? A Dios usando un pueblo pagano para traer juicio, ¿cómo es posible que Aquel que prometió a los antepasados hacer una gran nación ahora cite a otras para destruirlos? Pareciera que Dios ha olvidado su pacto.
¿Qué ves Jeremías? Entiende, paladea la atmosfera, escucha a Dios que sienta en el banquillo de los acusados a su pueblo, trae juicio, habrán de escuchar su queja: “Expondré mis cargos… por el mal que hicieron olvidándome”. ¿Qué ves Jeremías? ¿Un Dios sin misericordia? ¿No es la queja del esposo ante la infidelidad? “quemaron incienso a otros dioses y adoraron las obras que ellos mismos hacían”.
Jeremías toma partido, “disponte a pelear contra ellos, puesto de pie diles lo que yo te ordeno”. ¿Les tienes miedo Jeremías? No debes temerles o será Dios quien te intimide. Jeremías, pelearás y te enfrentarás a todo el pueblo, ante ti, en actitud amenazante, todos, los ricos y pobres,  reyes y príncipes, sacerdotes y pueblo, nadie parece que está de tu lado, incluso, en la retaguardia se encuentra Dios mismo. No será sencillo Jeremías, te atacarán, pero no te vencerán. El mundo es contra ti e irá por ti, sin embargo, no todo está perdido, el Señor está contigo.
Reflexionemos. ¿Qué vemos en nuestra facultad? Pidamos al Espíritu Santo ayuda para poder ver lo que Dios está haciendo ya en la vida de las personas con las que convivimos. Ver, escuchar.
¿Qué mensaje comunicamos? Una historia, ¿el evangelio? ¿Qué es el evangelio? Jesús ¿Qué de Jesús? Juicio-misericordia. “Dirás mis palabras”. “Ponte de pie y di”, valor de ir, decir su Palabra “he puesto mis palabras en tu boca” y no tener miedo. ¿Miedo? Al ridículo, al fracaso, al rechazo, a la muerte, a que nadie escuche y se convierta. La misión es a ir.
¿Dónde está la autoridad de nuestra predicación? En nuestros dones, talentos y capacidades organizativas o de gestión. ¿La Palabra de Dios es nuestra autoridad y confianza? ¿Lo es? “vino palabra de Dios”.
Que el Señor nos vuelva parte activa de su obra, que vivíamos como agentes del reino, que podamos sentir como Dios, que nuestro amor por él nos lleve a amar a los demás. Aquellos por los que Jesús tuvo compasión y vio como ovejas sin pastor. Que el Señor nos pregunte “¿Qué ves?”

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