miércoles, 20 de febrero de 2013

Lapsus

Dicen los inexpertos, que ahora hay muchos, que es inecesario agregar "de tiempo" al latinismo "lapsus", porque éste se refiere a un periodo de tiempo, de tal manera que los mortales deberemos entender "lapsus de tiempo" con el simple "lapsus" a secas....

En lo que va de la últimas dos semanas entrome  una de esas sensaciones de incomodidad y frustración de las que todos buscamos torear o al menos pasar de largo sin detenernos mucho tiempo. Me agobian, pues no terminan por agobiarme aún, varias cosas que, como la mayoría de estas redes del mundo líquido, no están en mi control. Termino con un sabor salado en la boca y unas agruras que me deshacen el estómago. Me recuerdo que quiero resistir a no "acostumbrarme" a lo jodido del mundo como una denigrante aceptación del status quo que sería, en última instancia (y desesperada) un suicidio intelectual o un enmudecimiento autoimpuesto que otorga la razón a los que no la tienen, esos que Cipolla llama estúpidos y Cabral, sin tanto recato y con el buen humor que lo caracterizaba denominaba pendejos. 

En fin, no sé si refugiarme allá donde don Quijote perdió la razón, es decir, los libros, esos mismos que le secaron la cabeza y lo hicieron perder el jucio, pero que casualmente le dieron sentido a su vida y mundo, volviendolo feliz y pleno, un loco feliz. Sin  embargo, cuando pienso que puedo enterrrar la cabeza entre páginas por donde desfilan oraciones e ideas como lo hace el avestruz en África, me detiene un simpático hombrecillo de nariz ganchuda, bigote poblado y cigarro en la mano, lo escucho y termino por darle la razón, o al menos, estar de acuerdo con él. Taibo II nos recuerda lo necesario que es seguir asumiendo la responsabilidad con la sociedad que nos tocó vivir dejando de lado lo que nos gusta o gustaría hacer, ya que, según la urgencia de la encomienda, hay unos pocos que se están comiendo todo sin compartirlo. 

No sé, tal vez llegue a uno de esos lapsus donde lo más saludable y sensato es aceptar las palabras del Predicador que después de ver todo lo que hay debajo del cielo concluye que todo es "vanidad y correr tras el viento",  hebel, (soplo, viento, suspiro, vacío, nada, vaciedad, irrealidad, ilusión, fatuidad, fantasma e ídolo). Es decir, absurdo. Tan absurdo como que el hombre pasa y los ciclos de la tierra continuan, tan absurdo como los opresores gobiernan, los malos parecen triunfar y los buenos sufren muriendo en el olvido y la necesidad. Se necesita encontrar a Dios para poder hallar ese don del ser humano que hay en el disfrute del fruto del trabajo.

También la historia, como un pan rancio, nos ha quedado a deber progreso, todo es un desorden. Posmodernidad, relativismo, mundo líquido, desorden, deshumanidad, ese ángel que sigue en vuelo y que Walter Benjamin logró captar con agudo sentido....

"Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. En él se muestra a un ángel que parece a punto de alejarse de algo que le tiene paralizado. Sus ojos miran fijamente, tiene la boca abierta y las alas extendidas; así es como uno se imagina al Ángel de la Historia. Su rostro está vuelto hacia el pasado. Donde nosotros percibimos una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única que amontona ruina sobre ruina y la arroja a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado, pero desde el Paraíso sopla un huracán que se enreda en sus alas, y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irreteniblemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras los escombros se elevan ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso."

 Se buscan las palabras que resistan, que vuelvan a decir que se puede hacer vida de otra forma, una donde un país no sangre, donde la violencia no arranque, donde todo disfruten el fruto del trabajo en paz, donde la política sirva la mesa o al menos no estorbe. Por lo pronto se sigue buscando a los profetas para recordarnos que esto podrido que se llama sociedad o mundo necesita redención, esperanza y justicia. Habrá entonces, después de estos lapsus de hartazgo, tal vez, palabras para ese Carpintero y Maestro Ambulante de Nazaret que nos anuncie las buenas noticias del Reino, para un Jeremías que nos recuerde lo fatuo de nuestra comididad, para un Marx, Bauman, Zinn, De Certeau, Foucault, Stott, Bonhoeffer, Benedetti y otros tantos que por aquí y allá van, escribiendo y cantando la locura de una vida, otra donde está realidad sea un mal sueño.



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