Reflexiones de Marcos después de la universidad



Regresé al evangelio de Marcos y regresé a las células en la  universidad acompañado a una nueva generación de estudiantes que deciden asumir la universidad como su campo de misión. Al preparar el primer estudio bíblico para la nueva célula de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales sucedió la misma tentación de siempre, creer saber qué dice el pasaje, su interpretación y posibles aplicaciones. Sin embargo esta ocasión fue distinta, yo ya no soy estudiante y la escuela donde cursé estudios universitarios ya no es la misma, mucho menos los universitarios. Pasó el tiempo. Entonces comprendí el dilema. ¿De qué forma esta nueva generación de cristianos universitarios van a conectar el evangelio con sus compañeros?
El pasaje del estudio fue Marcos 1:1-15, después de leerlo un par de veces dudé. ¿Qué de este pasaje podría ser significativo a los universitarios? De entrada, hay una referencia a: “Hijo de Dios”, “Profeta”, “Bautismo”, “Espíritu”, “Voz del cielo”, “Satanás”, “Evangelio” y “Jesús”. ¿Por qué un universitario leería esto? ¿Cómo conecta? ¿Cómo hizo Jesús para conectar con las personas que le siguieron? La respuesta fue curiosa. No pretendo hacer un ejercicio hermenéutico sino plasmar las experiencias de un día en la célula y la reflexión provocada.
Muchas veces antes la figura de Juan el Bautista alimentaba mi imaginación: un hombre rudo, mal vestido, sudado, de brazos fuertes y tez quemada por el sol caminaba en mi cabeza. Marcos resume su trabajo: “predicaba y bautizaba”,  pero Mateo y Lucas describen más sus labores al lado del Jordán. Pero todos coinciden en su aspecto: vestido con pelo de camello, cinturón de cuero en la cintura; y su dieta: saltamontes y miel silvestre. Marcos dice: Juan el Bautista apareció en el desierto predicando; Mateo escribe: En aquellos días llegó Juan el Bautista predicando; y Lucas registra: “…vino la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y Juan fue por toda la región alrededor del Jordán, predicando”. El tema es el mismo, arrepiéntanse y bautícense. ¿Notaron algo raro?
El ejercicio de predicar públicamente no es una práctica contemporánea recurrida por muchos, de hecho, los que “predican” en las esquinas de calle a menudo son ignorados y juzgados como locos. Pienso, a partir de las reflexiones con Pedro, Alejandra y Pahola, que este Juan un día comenzó a gritarles a las personas un mensaje. Después Jesús mismo inicia hablando públicamente. ¡Ambos predican y ambos son escuchados! ¿Por qué? Son, desde nuestros parámetros, un par locos. Hoy en día les pasaríamos de largo sin ni siquiera escuchar un par de palabras.
¿Por qué fueron escuchados? Pienso que Jesús aun cuando inició su ministerio público logró enganchar con las personas. ¿Cómo? Nada de secretos ni magia, el mensaje de Jesús fue atractivo para ellos. ¿Por qué? Sencillo, recordemos un poco el contexto: los judíos vivían bajo la opresión del imperio romano, no había un reino de Israel independiente al estilo de David o Salomón (prototipos de reyes poderosos con engrandecimiento para el pueblo). Ellos estaban conquistados, oprimidos por el extranjero a quien debían pagar impuestos, etcétera. No es difícil imaginar los sentimientos colectivos que corrían por los aires: resentimiento, patriotismo (disculpen el desfase histórico del concepto), anhelo de independencia del yugo romano y muchos más por el estilo. De hecho, un grupo llamado “zelotes” formaban un ala radical que no dudaban en recurrir a la violencia. Todo esto el caldo de cultivo suficiente para escuchar a Jesús. ¿Por qué? Por el mensaje.
Jesús inicia su ministerio público predicando: ““El tiempo se ha cumplido,” decía, “y el reino de Dios se ha acercado; arrepiéntanse y crean  en el evangelio.” ¿Esto qué significó para los que escucharon? Me atrevo a decir que muchas cosas que incluso el mismo Jesús no quería decir. ¿Por qué? Pues aunque Jesús habló del cumplimiento de las promesa de Dios, de restauración, salvación, etcétera. El pueblo relacionó de manera más rápida y fácil “reino de Dios”, que para el judío de la época se traducía en libertad política, una nación judía y un reino al mero estilo de David. Pienso que por eso le escucharon. Nota: el trabajo de Juan el Bautista fue preparar el camino para Jesús, el pueblo necesitó escucharle primero para poder escuchar a Jesús. No obstante, pienso que la idea puede sostenerse sin pretensiones de autoridad interpretativa alguna. Lo digo por lo siguiente: Honestamente, siendo parte del pueblo escucharía con mucho más énfasis la primera parte: “reino de Dios”, que la segunda: “arrepiéntanse y crean”. Pero pareciera que para Jesús con eso, por el momento fue suficiente, después de todo apenas vamos en el capítulo 1 de los 16 del texto.  Marcos, el exagerado, nos presenta a Jesús siempre rodeado de “multitudes” egoístas que buscaban a Jesús por los beneficios que esperaban obtener. Pero después de todo ¿Quién no lo buscaría? Tiene la combinación correcta: un mensaje que engancha y hace milagros. Aquí trato de entender al pueblo que ya imaginaban cosas a partir de su concepción del reino.  En los primeros versículos a Marcos le es suficiente despertarnos la pregunta ¿Quién es Jesús? y se dedicará  en la primera parte de su evangelio (cap. 1-8) a responderla. No pienso que Jesús se haya conformado con una multitud de seguidores como de amor a primera vista, fluctuante que un día le quieren hacer rey, otro día le dicen: “Hosanna en las alturas” y al siguiente: “crucifícalo”; antes bien, creo que quería que le escucharan, que siguieran con él. Más adelante nos da pistas en el llamado discípulos, la prioridad es: “estar con él”.
¿Cómo relaciono esto con las células? Pienso que Jesús conectó con su generación porque su predicación hablaba de esperanza a un pueblo deseoso de escucharla, no resolvió los dilemas de todos, pero les cautivó con la esperanza: ¡Dios está aquí, no se olvidó de ustedes, dejen sus malas obras, vengan a él! ¡Esas son buenas noticias! ¿De qué forma el evangelio conecta con esta generación? No lo sé, los estudiantes deberán orar al Señor para que les revele, deberán relacionarse con sus compañeros, ser amigos, mostrar a Jesús en sus vidas, conocer a los otros para que puedan entender de qué forma el evangelio son buenas noticias a sus compañeros. De otro modo estarán tirando golpes al viento. A Jesús lo escucharon atento, los cautivó, les hizo seguirle, buscarle.
Los procesos son distintos, todos los domingos en la congregación sucede lo mismo, cuarenta minutos de música que mueve emociones, palabras bonitas que calman conciencia y emocionan, un sermón motivacional buena onda y listo, tenemos la “presencia de Dios” fabricada a nuestro antojo, culmina el show con los arrepentidos, personas que deciden seguir dándole la oportunidad  a Jesús en sus vidas, y que de no ser acompañados se irán de la misma forma que llegaron. ¿Cuál es el acto mágico de todo esto? ¿Qué se logró? ¡Un alma más para Cristo! Registramos, tomamos foto y listo, se puede ir. El que sigue. Yo dudo de que muchos de ellos sean conscientes de lo que hacen, me ha tocado presenciar cómo casi son forzados para acudir al frente después que se delataron como visitantes, otros veces la música surte su efecto. No importa, “almas se están salvando”. Considero que tal vez no es la mejor forma. Debemos comunicar el evangelio como buenas noticias, nosotros no provocamos la fe en o
otras personas, esa es obra exclusiva del Espíritu, pero nosotros sí podemos hacer todo el esfuerzo por comunicar fiel y creativamente el mensaje, pero no debemos sentirnos obligados a que en un primer momento la persona se convenza por completo y crea (aunque no dudo que sucede, ya que Dios obra en las personas independientemente de nosotros), sino que de “el beneficio de la duda”, es decir, que continúe escuchando a Jesús, después, con más tiempo, ellos tomarán una decisión personal de decirle no a Jesús o decidirán seguir escuchándolo hasta que lleguen a convencerse y decidan ya no ser un oyente sino creyente. Pero eso es un proceso de más de dos horas,  lleva tiempo y permite que las personas crean en Jesús por escuchar el evangelio.
Mi oración es que los estudiantes conozcan al Jesús de los evangelios, puedan creer en él y  compartir su mensaje fiel y creativamente a sus compañeros como buenas noticias que hagan que esta generación otorgue el beneficio de la duda y decida escuchar. Eso nos libera de la presión que impone el ídolo de los números, nos coloca en el lugar correcto y reconoce al Señor como soberano. Que escuchen y decidan escuchar a Jesús, después de todo solamente él tiene palabras de vida eterna. ¡Amén!


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