miércoles, 28 de mayo de 2014

Sobre el libro de Números



Tanto bien recibido, ¿a veces me pregunto si realmente sabemos recibir amor? En alguna parte leí que eso también se aprende y que curiosamente no “sabemos” o no “estamos acostumbrados”.  Esta pregunta me surgió después de leer el libro de Números (Génesis, Éxodo, Levítico).

Iniciemos, el  título hebreo de este libro es En el desierto, quien ya lo leyó sabrá por qué. Al inicio de Números Israel, el pueblo de Dios, liberado de Egipto (por Gracia), a quien se le ha otorgado leyes y mandamientos (la Ley, para que viva como pueblo redimido de Dios) y se le ha dado instrucciones para construir un tabernáculo donde la presencia de Dios moraría entre ellos, se encuentra al pie del monte Sinaí y este libro nos relata las peripecias que le cuesta a Israel llegar a la tierra prometida.

¿Por fue importante para este pueblo registrar este periodo? Si uno observa un mapa el recorrido es relativamente corto pero al pueblo le costó treinta y ocho años llegar. Si este libro fuera uno de “historia” como nosotros los conocemos sería uno de fracasos. Recordemos un poco, allá en Génesis 12 Dios llama a Abram y le promete descendencia hasta hacerlo un gran pueblo, darle la tierra que le mostrará y bendecirlo para que a su vez sea de bendición para toda la humanidad (nótese que el objetivo del Señor es la humanidad, no una nación). Hasta el libro de Números, Dios ya cumplió la promesa de hacer un gran pueblo a Israel y parece que este libro nos dirá cómo es que ese mismo Dios cumple su segunda promesa de entregar la tierra al pueblo que liberó de la esclavitud en Egipto.

Sin embargo, desde el principio de Números los lectores se podrán dar cuenta que algo anda mal. Advertencia, los primeros capítulos (1 al 10) contienen censos, algunas leyes y describe algunas ofrendas con un registro envidiable para los consejos de transparencia del gobierno. Me sorprende cómo el autor o autores registran cada detalle con minuciosidad, las cantidades, los nombres, etcétera. Pero del capítulo 5 en adelante todo gira en torno a la purificación del pueblo para entrar a la nueva tierra. A partir del capítulo 11 inicia el camino, “la nube se levantó de sobre el tabernáculo del testimonio; y los hijos de Israel partieron, según su orden de marcha, del desierto de Sanaí”, imaginemos, todo un pueblo en marcha con esperanza de establecerse en un lugar libremente. Pero de repente el pueblo se queja por las adversidades del camino (recordemos que marchan por el desierto) y así se registran una serie de quejas del pueblo contra Dios y seguido de eso la reacción de Dios, se molesta y suple las necesidades. A continuación una breve lista:

·         Por hambre (capítulo 11)
·         Por miedo a los enemigos (capítulo 13 y 14)
·         Por disputas en el liderazgo (capítulo 12 y 16)
·         Porque tienen sed (capítulo 20)
·         Por serpientes en el desierto (capítulo 21)

En el capítulo 13 el pueblo por fin llega a la tierra prometida, se comisiona a doce personas para espiar y regresar con información, por desgracia, diez de los doce traen malas noticias, sí, la tierra es muy buena para la agricultura y ganadería pero está habitada por otros pueblos, algunos de ellos con ciudades fortificadas. Sólo dos de ellos confían que a pesar de lo que vieron, Dios les entregará la tierra, ellos fueron: Josué y  Caleb. Por este informe con malas noticias el pueblo se rebeló de nuevo contra Dios y el Señor en su coraje desea destruirlos. En este punto hay algo importante, Dios dice:
—¿Hasta cuándo va a seguir menospreciándome este pueblo? ¿Hasta cuándo van a seguir dudando de mí, a pesar de los milagros que he hecho entre ellos?
Por lo tanto propone hacer un nuevo pueblo con la descendencia de Moisés, sin embargo, éste intercede por el pueblo recordándole a Dios que él es “lento para la ira y abundante en misericordia”.

Hasta aquí Israel rechazó la tierra, dudó que Dios se la daría, por lo tanto el pueblo dio la media vuelta y se fue al desierto. Todo la población de veinte años para arriba murió en el desierto por su desobediencia, Dios hará entrar a la tierra a una nueva generación: sólo dos personas podrán entrar, Josué y Caleb, por llevar buenas noticias llenas de fe. El resto del libro narra los fracasos de Israel en el desierto, la muerte de Aaron, después el cambio de liderazgo de Moisés a Josué y finalmente la muerte de Moisés.

Los lectores podemos juzgar duramente al pueblo de Israel por sus constantes rebeliones e incredulidad, pero no somos muy distintos. A menudo, cuando vemos a un niñ@ que se porta mal decimos que es un “mal criado”, y probablemente lo sea, sus padres no lo criaron bien. Sin embargo, esto no aplica aquí, o al menos no es lo que los autores nos quieren decir. Dios, como padre-madre del pueblo no tiene la culpa de la rebelión. En el libro está implícita la idea que Dios prueba a su pueblo y éste no responde obedientemente tal como se esperaría de un pueblo libre y redimido. El desierto es, según lo han llamado algunos expertos, “el gran fracaso nacional de Israel”, este periodo marcará al pueblo, es el libro de las grandes oportunidades desperdiciadas, incluso, los profetas posteriores explicarán los fracasos del pueblo a partir de la rebelión de Israel en el desierto. Es el trauma nacional, Israel rechazó a Dios. ¿Hay esperanza? Al final de Números vemos la transición, el pueblo es una nueva generación, todos murieron y ahora están de nuevo frente a la tierra prometida liderados por Josué, que aunque es el líder no tiene autoridad sacerdotal como Moisés.

¿Qué aprende uno de esto? Si Israel desea disfrutar las bendiciones de la tierra prometida debe vivir en obediencia a Dios y guardarse de no contaminarse con las prácticas de los otros pueblos, es decir, debe ser pueblo apartado para el Dios a quien le pertenece. Dios no es del pueblo de Israel, al revés, Israel es el pueblo de Dios.
¿Por qué olvidamos con suma facilidad tanto bien recibido por Dios? Es más fácil quejarnos porque no se cumplen nuestros planes a nuestro antojo. Cuando el pueblo renegó de Dios lo hacía pensando que Dios no estaba teniendo las suficientes atenciones para con ellos. A pesar de conocer el poder de Dios seguían dudando. Hay algo interesante, Israel se queja por la falta de…. la ausencia de…. se duele porque no tiene y al hacerlo desprecian la presencia de Dios que nunca los abandonó. Si bien, Dios no le da todo al pueblo ni los conduce por autopista por el desierto hasta la tierra prometida, su presencia siempre los acompaña. Eso es lo que olvidaron, no tenían algo pero Dios siempre estaba con ellos, por lo tanto, su reacción debería ser distinta, de confianza, no habían cosas, estaban en riesgo, pero su Dios, el que los liberó de Egipto con poder estaba con ellos en medio del campamento, Él haría algo.
La bendición sacerdotal recalca la presencia de Dios
ÉXODO DE ERNEST DESCALS-
El Señor te bendiga y te guarde;
El Señor haga resplandecer Su rostro sobre ti,
Y tenga de ti misericordia;
El Señor alce sobre ti Su rostro,
Y te dé paz.’

El camino es difícil, sí, pero Dios estaba presente.

Yo mismo me he descubierto buscando a Dios por lo que puede dar u ofrecer, o al menos por no perder lo que ya tengo, me pasa con regularidad. Me da vergüenza. Tiene que ser Dios, por medio de su Espíritu, quien pro medio de su Palabra me hace recordar que Dios está presente siempre, siempre, siempre, siempre. Hoy, por la mañana cuando desperté, cuando subí al auto para ir al Colegio, cuando entré al salón de clase, en la oficina, siempre, siempre, siempre él está, cuando manejé al salir, siempre, siempre, siempre él está presente. El desafío es vivir como pueblo en medio de un mundo que vive adorando otros dioses. El Señor nos guié. 


1 comentario:

  1. Gracias por compartir esto, es claro que Numeros es relevante para nosotros hoy. Y sí, Su presencia estaba con ellos, y la menospreciaron y fallaron una y otra vez... hay tanto que resuena con lo que estoy pensando, orando, viviendo... El descanso está en saber que Dios está con nosotros.

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