miércoles, 23 de septiembre de 2015

Observando a la comunidad

"Las palabras tienen significados, pero algunas palabras producen además una `sensación´. La palabra comunidad es una de ellas. Produce una buena sensación: sea cual sea el significado de comunidad."
Zygmunt Bauman

Comunidad


Me gusta observar a las personas cuando estoy en la calle, desde hace meses al ver el tráfico o los camiones llenos me repito: "Somos tantos". Y la verdad es cierto, la población en esta esquina llamada Tijuana crece y crece (los defeños se reirán de mí, no importa). Sin embargo, a pesar de estar rodeados de personas, física o virtualmente, me he dado cuenta que experimentamos sensaciones de soledad o abandono. Convivo con adolescentes sintiéndose solos a pesar de estar rodeados de personas. Los universitarios no son distintos. ¡Vaya! Todos algunas ocasiones hemos experimentado esa sensación. Punto. 

¿A dónde voy con esto? Trato de ubicarme en un contexto. Hace un tiempo leí Comunidad. En busca de seguridad en un mundo hostil de Zygmunt Bauman. Quienes conocen algo acerca del autor mencionarán de inmediato el concepto de "modernidad líquida", esto se refiere a la transitoriedad de las relaciones sociales, si quieren entender mejor lean el libro  o este artículo. 

Regresemos a Comunidad. Bauman comenta que esta palabra hace referencia a un lugar cálido, seguro, una metáfora del paraíso perdido y "que todavía se tienen la esperanza de encontrar". Señala que, en nuestro mundo individualizado y privatizado, los seres humanos no gozamos de este tipo de vínculos donde podamos sentirnos seguros, porque despreciamos todo tipo de relaciones que nos generen compromisos a largo plazo. Lo del momento es disfrutar rápido de los beneficios ofrecidos por las personas o una "comunidad", pero no estamos dispuestos a comprometernos por mucho tiempo, porque esto es despreciable, ya que nos impide experimentar o tener lo nuevo. Él autor diría que consumismo es disfrutar de desechar lo viejo para dar lugar a lo nuevo, lo importante no es tener lo nuevo, sino deshacerse de lo viejo rápidamente. En las relaciones entre personas opera la misma lógica. Esto quiere decir que comprometerse es atarse a un tipo de personas en un espacio determinado. Las nuevas élites que han superado estar barreras son los cosmopolitas, quienes celebran "la irrelevancia del lugar", ellos gozan de la capacidad de no echar raíces, no necesitan, aparentemente, una "comunidad" como el resto de los mortales. La comunidad en su aspecto más positivo ofrece "seguridad", en cambio, en su lago oscuro limita o copta la "libertad". Estas serían las dos hojas de la navaja, los extremos aparentemente irreconciliables por los que se decantan hacia uno u el otro todas las comunidades.

Admito que la lectura me dejó pensando, en nuestro trabajo en Compañerismo Estudiantil (COMPA) donde la palabra "comunidad" es ampliamente usada por todos nosotros porque de hecho, nos identificamos como tal, ya sea a nivel local, regional, nacional e incluso mundial. El julio pasado en Oaxtepec se reunió la Comunidad" Mundial. Sin embargo nosotros, los estudiantes líderes que participan en COMPA así como el resto de creyentes en Jesús formamos en principio parte de una comunidad de fe, la Iglesia de Cristo, que integra a todos los creyentes pasados, presentes y futuros en todo el mundo. Esta comunidad se expresa localmente por medio  de la congregación a la cual asistimos y donde establecemos vínculos íntimos de amor, servicio, cuidado, fraternidad, militancia y misión, o al menos se espera que los formemos. Esta comunidad que es la iglesia no nace de una construcción cultural que se ha venido adaptando al contexto sino proviene de la iniciativa de Dios. 

La Iglesia como modelo de comunidad

¿Cómo es la comunidad de IFES? ¿Qué tipo de comunidades locales estamos formando? En principio la comunidad sirve para identificarnos en el mismo llamado. Porque pertenecemos a la Iglesia nuestra comunidad no puede  ni siquiera aspirar a ser independiente de ésta. Nosotros somos parte de la iglesia, un brazo misionero y la servimos. Sobre esto, un mejor amigo y compañero de la universidad un día nos dijo a Ale y a mi que IFES es a los evangélicos lo que los Jesuitas a la Iglesia Católica. Porque nos identificamos en el campo misionero, porque trabajamos codo a codo, compartimos luchas y dudas los participantes en COMPA formamos una comunidad misionera que en ningún momento desea suplantar a la congregación local. 


No obstante, la experiencia (mis compañeros asesores/as concordarán conmigo) nos muestra que muchas veces los estudiantes no han tenido una buena experimentación comunitaria. Por ejemplo: algunos estudiantes provienen de iglesias muy herméticas y exigentes que absorben a las personas y su tiempo. Otras comunidades son simplemente reuniones de personas donde no hay un interés, cuidado y sin pastoreo. Por otra parte está la familia, esa núcleo fundamental de los seres humanos donde crecemos y no elegimos que tristemente no modela sanas relaciones ni las enseña. Esa fue mi historia, llegué al movimiento estudiantil cuando iniciaba la universidad y encontré un grupo de amigos cristianos que no se negaban a pensar, se arriesgaban, vivían fielmente el evangelio y servían a otros. En COMPA encontré una comunidad sana donde pude conocer más a Jesús y servirle mejor. Esta es la experiencia positiva de las comunidades. El cuidado de estas comunidades está en recordar lo fundamental: 

  • somos comunidad por iniciativa del Espíritu para amarnos, servirnos mutuamente y juntos servir al mundo en la extensión del Reino de Dios.
  • tenemos un propósito fundamental, dar a conocer las buenas noticias de Jesús que afectan todas las áreas del ser humano. 
  • todas las relaciones son horizontales y debemos luchar por mantenerlas así, de tal forma que el que "quiera ser el mayor que sirva a los demás".

Nuestras comunidades estudiantiles no son el fin sino un medio para conocer más a Jesús, servirnos y aprender unos a otros y juntos al mundo. Son espacios seguros para mostrar nuestras fragilidades, expresar las dudas, ejercitarnos en el amor, paciencia, perdón y servicio. Son, o deberían ser más del tipo de comunidad ética que pensaba Bauman. Este autor diferencia dos tipos de comunidades: "las comunidades estéticas", formadas entorno al consumo, superficiales y con vínculos que no atan; por otra parte están "las comunidades éticas", donde se generan compromisos del tipo "compartir fraternalmente", donde se afirma el derecho a la seguridad de todos los miembros ante la incertidumbre de la vida cotidiana y los compromisos se extienden a largo plazo. 

Desgraciadamente no todo es color de rosa y en la comunidad que es la Iglesia las personalidades no se diluyen para fusionarse en una masa homogénea, somos nacidos de nuevo por obra del Espíritu Santo y Dios está formando el carácter de Jesús en nosotros. Nuestra comunidades deberían tener un letrero que diga "POR FAVOR NO IDEALIZAR. ESTAMOS EN CONSTRUCCIÓN" para evitar mal entendidos y generar frustraciones en las personas al interior de las mismas y sobre todo a las personas no creyentes. En ningún momento creo que la iglesia sea un grupo de personas perfectas que no cometen errores sino un ejemplo de amor y servicio que muestran la luz de Jesús y son sal del mundo, que viven en la cotidianidad las enseñanzas del Maestro desafiando al mundo. El mismo Señor lo dijo en Juan 13: 
"Este mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros. 35 De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros." 

En Hechos, donde leemos del nacimiento de la Iglesia vemos situaciones que  nos dejan ver que la perfección llegará con la consumación del Reino de Dios, no antes. 

Mencioné lo sanador que puede ser encontrar una comunidad donde crecer, fue mi caso y lo es para muchas personas que conozco. Sin embargo, en el trabajo de asesor también encontramos la otra cara de la moneda. Personas que no están dispuestas a formar parte de comunidades, vamos a llamarlas éticas, en términos sociológicos baumeanos. O iglesias locales que están dejando de formar este tipo de comunidades para remplazarlas por comunidades estéticas. Un gran riesgo por atentar contra la esencia misma de la iglesia. Me explico:

Puedo dar una lista de personas que no están dispuestas a formar parte de comunidades como las de COMPA porque primeramente no llenan sus expectativas, están tan acostumbrados a consumir lo último de la moda evangélica: milagros, conciertos, eventos, música, campañas, etcétera, que al conocer de COMPA esperan encontrar una experiencia sensitiva más para consumir. Pero al conocer más y reconocer que en primer lugar, ni hay multitudes ni hay nada sensacional sino énfasis en el evangelismo, enseñanza en  estudio bíblico, vida devocional y mente cristiana, se van sin más. Algunos nos "acusan" de tradicionalistas y religiosos mientras que otros de "liberales". ¿Quién los entiende?  

Algunas iglesias locales están formando comunidades entorno al consumo, no han notado como muchas veces el púlpito se convierte en un escenario, como se invierte en luces, sonido, multimedia y demás para generar atmósferas "agradables. Todo esto puede ser bueno pero cuando son el énfasis  de nuestros gastos y están por encima del apoyo a las misiones o proyectos de servicio debemos preguntarnos si algo no anda bien. 

Hay muchos estudiantes cristianos que no se comprometen, le tienen temor al compromiso, esta es la respuesta que yo he venido construyéndome cada vez que me pregunto: ¿Por qué tal o cual persona no quiere vincularse? La respuesta es que a muchos jóvenes evangélicos los mueve la lógica del consumo y satisfacción antes del compromiso con una comunidad de servicio mutuo, rendición de cuenta y trabajo en equipo. La vida cristiana en la universidad debería ser comunitaria. Claro que llegar a esto es difícil, pero es la obra de Dios en nosotros la que lo hace posible. 

¿Qué haremos?

Francamente no lo sé, tenemos una batalla en dos frentes, cuidar nuestras comunidades cristianas, particularmente la estudiantil, donde Dios nos llamó. Cuidarlas de qué, de nosotros mismos, de nuestros protagonismos, la división, el exclusivismo y hermetismo, estamos en el mundo pero no somos del mundo. Esforzarnos por nutrir comunidades abiertas a los no creyentes, donde los integrantes se muestran completamente humanos en sus realidades cotidianas, donde se muestra amor y servicio según el ejemplo de Jesús. Evitar caer en sensacionalismos vanos que no generan compromisos ni raíces con Dios, su Reino y en su Palabra. 

El otro frente es resistir ante las embestidas de la cultura, aquí me refiero a la cultura evangélica que esta sedienta de nuevas experiencias. La resistencia tiene que ser entorno a mantenernos firmes en la Palabra, en la lectura, vivencia, obediencia, exposición y comunicación de la Palabra, ante la moda de mensajes positivos alineados. No seremos populares por hacer estudios bíblicos pero a las personas les interesa y tienen curiosidad por conocer la Biblia y sobre todo a Jesús, el problema es que no somos capaces de verlo. En muchas partes dentro de las iglesias locales hemos escuchado Ale y yo como los líderes de jóvenes prefieren usar otro tipo de estrategias en lugar de leer la Biblia con otros por considerarlo "aburrido" o "difícil". En realidad puede ser complicado al inicio, pero algunas pautas básicas son suficientes para leer y entender la Biblia. El problema es la pereza intelectual que invade a muchos cristianos y cristianas. 

Dios quiera seguir usando a las comunidades de IFES al rededor del mundo, y de COMPA en México como instrumentos para la evangelización, la formación de discípulos de Jesús y de líderes siervos que hablan el evangelio en la sociedad de forma que se entienda y sirven a la iglesia del Señor. 




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