sábado, 31 de diciembre de 2016

Año Nuevo: Finales, principios y el Apocalipsis

Año Nuevo: Finales, principios y el Apocalipsis

  • El 2017 probablemente nos llegué en unas cuentas horas cargado de bonitas cosas para esquivar:
  • Los últimos dos años de Peña (que ojalá terminara el periodo ya) con todos sus estragos
  • Los intentos de Calderón por meter a su esposa Margarita en la candidatura por la presidencia
  • Las canalladas de los partidos
  • Trump en la Presidencia de EUA
  • Las multinacionales jodiendo a nuestros países
  • La guerra en medio oriente y lo que vendrá
  • Los vericuetos económicos mundiales
  • Las crisis medioambientales
  • La iglesia que no cambia
  • La migración
  • Etcétera, etcétera.


Para tener esperanza en el mañana se necesita ser cínico o cristiano.

El optimismo en sí es un paliativo sin raíces. El estado de la cuestión es diverso y en constante debate. Para algunos estudiosos del comportamiento humano el optimismo no es innato en el ser humano y los pesimistas viven más que los optimistas. Para otros, las mujeres optimistas viven más y los optimistas sufren menos del corazón. En fin, la cuestión no se resuelve.



Tanto feliz y próspero año nuevo termina diciendo nada, o en el peor de los casos dicen: que tengas más, que puedas tener más, que tú tengas más y puedas tener más. Si en eso se traducen tantas felicitaciones, francamente estamos acabados.

Por otra parte tampoco puedo dejarme a la deriva, sobrellevando sin más las olas de la tormenta. Tenemos cierta capacidad de agencia.

Y bien, siendo cristiano ¿cómo espero el siguiente año con todas sus complicaciones? No desbordo en el optimismo de que “todo irá bien” ignorando las complejidades de los problemas que nos ahogan y no prometen resolverse inmediatamente. Pero tampoco me desenfreno en ver el mundo arder sin posibilidades de resurrección.

Hay una tensión irresuelta aún que me impulsa avanzar con compromiso, resistencia, lucha, y esperanza ante el año que viene. A pesar de las adversidades locales y globales no desisto de la responsabilidad de participar en procesos desde la localidad para que este mundo sea cada vez más para todos: hombres, mujeres; nativos y migrantes. Hasta que las fuerzas se nos acaben o el Señor regrese a consumar su Reino a la tierra. ¡Sí, a la tierra!

Porque Jesús nació, vivió, murió y resucitó tenemos esperanzas para seguir oponiéndonos ante los abusos del poder (cualquiera que sea).

Terminamos Ale y yo leyendo el Apocalipsis, a finales de un año e inicios de otro no deja de sorprenderme la tensión de un mundo en desplome y la certeza de la nueva creación.

Quizá sea este año cuando suceda:

Entonces vi un cielo nuevo y una tierra nueva. Nada quedaba del primer cielo ni de la primera tierra; nada del antiguo mar. Vi también bajar del cielo la ciudad santa, la nueva Jerusalén. Venía de Dios, ataviada como una novia que se engalana para su esposo. Y oí una voz poderosa que decía desde el trono:
— Esta es la morada que Dios ha establecido entre los seres humanos. Habitará con ellos, ellos serán su pueblo y él será su Dios. Enjugará las lágrimas de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor, porque todo lo viejo ha desaparecido.
El que estaba sentado en el trono anunció:
— Voy a hacer nuevas todas las cosas.
Apocalipsis 21: 1-5


Quizá no, pero que en 2017 podamos caminar fieles a nuestro Señor Jesús, comprometidos con su Evangelio en nuestras palabras y acciones, amando a Dios con nuestro corazón, alma, mente y al prójimo como a nosotros mismos. Lo que sea que eso signifique para cada uno nosotros donde estamos. 


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