martes, 7 de marzo de 2017

Las tentaciones. Parte II

El pasaje de Lucas 4:1-13 en el contexto del Libro Lucas-Hechos

Esta publicación es la segunda parte de la reflexiones sobre las tentaciones de Jesús que comencé el mes pasado. En la primera parte traté un poco de La privatización y cristianización de las tentaciones de Jesús. Tal vez te interese leer primero la primera parte antes de continuar. Puedes leer esa publicación aquí. No obstante, si inicias aquí, no tienes problema, pues cada sección tiene  sentido y estructura propio.

Recordémonos el pasaje:

Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y fue llevado por el Espíritu en el desierto  (2)  por cuarenta días, siendo tentado por el diablo. Y no comió nada durante esos días, pasados los cuales tuvo hambre.  (3)  Entonces el diablo Le dijo: "Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan."  (4)  Jesús le respondió: "Escrito está: 'NO SOLO DE PAN VIVIRA EL HOMBRE.'"  (5)  El diablo Lo llevó a una altura, y Le mostró en un instante todos los reinos del mundo.  (6)  "Todo este dominio y su gloria Te daré," Le dijo el diablo; "pues a mí me ha sido entregado, y a quien quiero se lo doy.  (7)  "Por tanto, si Te postras delante de mí (me adoras), todo será Tuyo."  (8)  Jesús le respondió: "Escrito está: 'AL SEÑOR TU DIOS ADORARAS, Y A EL SOLO SERVIRAS.'"  (9)  Entonces el diablo Lo llevó a Jerusalén y Lo puso sobre el pináculo del templo, y Le dijo: "Si eres Hijo de Dios, lánzate abajo desde aquí,  (10)  pues escrito está: 'A SUS ANGELES TE ENCOMENDARA PARA QUE TE GUARDEN,'  (11)  y: 'EN LAS MANOS TE LLEVARAN, PARA QUE TU PIE NO TROPIECE EN PIEDRA.'"  (12)  Jesús le respondió: "Se ha dicho: 'NO TENTARAS AL SEÑOR TU DIOS.'"  (13)  Cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se alejó de Él esperando un tiempo oportuno. 
Lucas 4:1-13 

El pasaje de las tentaciones se encuentra en el capítulo 4 del libro de Lucas-Hechos. Las unidades temáticas previas a este texto son las siguientes:

Lucas   1:1-4                   Prefacio
1:15-25                            Anuncio del nacimiento de Juan el Bautista
              1:26-38                            Anuncio del nacimiento de Jesús
1:38-56                            Encuentro entre María y Elisabet
              1:57-80                            Nacimiento de Juan el Bautista

Lucas   2:1-20                              Nacimiento de Jesús
              2:21-40                            Presentación de Jesús en el templo
              2:41-52                            El viaje de la familia al templo durante la Pascua

Lucas   3:1-20                              Predicación de Juan el Bautista
              3:21-22                            Bautismo de Jesús
              3:23-38                            La genealogía de Jesús

Lucas   4:1-13                              Las tentaciones de Jesús
              4:14-44                            Principio de la predicación de Jesús y “el manifiesto de Nazaret”


El pequeño índice de unidades temáticas nos deja ver primeramente que las tentaciones se desarrollan previo a la predicación de Jesús. ¿Por qué antes de iniciar su ministerio?  Para eso regresemos a lo que inmediatamente Lucas nos dice sobre la identidad de Jesús como Hijo de Dios en dos afirmaciones previas. La primera afirmación es la voz del cielo que se escuchó cuando Jesús fue bautizado que dijo: “Tú eres Mi Hijo amado, en Ti Me he complacido." (3:22),  la segunda es la conclusión de la genealogía de Jesús: “Hijo de Adán, de Dios”. (3:38). Con esas declaraciones y con el Espíritu sobre él, Jesús fue llevado al desierto.


Las tentaciones se dan en el contexto del desierto, en un lugar remoto alejado de comodidad y en el contexto de su ayuno. Después de cuarenta días, nos dice Lucas, Jesús tuvo hambre y llegó el diablo para tentarle. Vemos que dos de las tres tentaciones inician con las palabras: “Si eres Hijo de Dios…”.

La primera tentación fue convertir las piedras en pan. Jesús tenía hambre y seguramente el poder para hacerlo. Sin embargo, él  renunció a usar su poder para servirse a sí mismo. Recordó que no sólo de pan vive el ser humano.

La segunda tentación fue aceptar el dominio de los reinos del mundo a cambio de inclinarse y adorar al tentador. Jesús respondió que sólo al Señor tu Dios adorarás y servirás.

La tercera tentación fue hacer algo espectacularmente arriesgado para ser salvado por los ángeles de Dios y ser reconocido como Mesías por los judíos. No obstante, Jesús respondió que no se deberá tentar al Señor tu Dios, citando palabras del libro de Deuteronomio como las dos ocasiones anteriores.

A pesar de que la tentación de recibir los dominios del mundo está en segundo lugar, lo que podemos entender es que Lucas acomodó la más grande en el centro del ataque del diablo.
Como vemos, las tentaciones no tienen un sentido privado como ahora asociamos a la tentación. En este pasaje lo que las tentaciones están poniendo en duda es la identidad de Jesús como Hijo de Dios. En contraste con la afirmación de la voz del cielo que dijo: “Tú eres mi Hijo amado, en ti Me he complacido”, se encuentra la voz de diablo que dijo: “Si eres Hijo de Dios…”. Esto no es nuevo. En Génesis 3 leemos como en el jardín del Edén la serpiente logró engañar a Eva y a Adán. En aquella funesta ocasión las palabras fueron: ¿Conque Dios les ha dicho: 'No comerán de ningún árbol del huerto'?" (Génesis 3:1). Lo que vemos en ambas narraciones son a la serpiente/diablo poniendo en duda la palabra que Dios ya ha hablado.

Las tentaciones para Jesús implicaban su identidad pero sobre todo ¿Cómo viviría esa identidad? ¿Qué camino escogería Jesús para llevar a cabo su misión por la que el Padre le había enviado? El diablo le ofreció a Jesús “atajos” para alcanzar sus metas como Hijo de Dios y Mesías. Sin embargo, el camino del diablo no incluía la obediencia a Dios ni el sacrificio. Si bien, Adán y Eva pretendieron asumir el lugar que le corresponde exclusivamente a Dios para decidir qué era lo bueno y qué era lo malo. La oportunidad que el diablo le ofreció a Jesús era similar: asumir su identidad como Hijo de Dios y su obra como Mesías según su propia voluntad y bajo sus propios términos, rechazando tajantemente así el camino de Dios.

La tentación no terminó en el desierto, como comentaba anteriormente, Lucas nos deja claro que el diablo se apartó por un tiempo buscando el tiempo oportuno para reanudar la tentación. Pues ese tiempo oportuno se dio después. Para efecto de nuestro enfoque, Mateo nos deja ver más detalle de este pasaje que Lucas. Veamos.

Cuando Jesús llegó a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a Sus discípulos: "¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?"  (14)  Y ellos respondieron: "Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; pero otros, Jeremías o alguno de los profetas."  (15)  "Y ustedes, ¿quién dicen que soy Yo?" les preguntó Jesús.  (16)  Simón Pedro respondió: "Tú eres el Cristo (el Mesías), el Hijo del Dios viviente."  (17)  Entonces Jesús le dijo: "Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino Mi Padre que está en los cielos.  (18)  "Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré Mi iglesia; y las Puertas del Hades (los poderes de la muerte) no prevalecerán contra ella.  (19)  "Yo te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos."  (20)  Entonces ordenó a los discípulos que a nadie dijeran que El era el Cristo (el Mesías).  (21)  Desde entonces Jesucristo comenzó a declarar a Sus discípulos que debía ir a Jerusalén y sufrir muchas cosas de parte de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercer día.  (22)  Tomando aparte a Jesús, Pedro Lo reprendió: "¡No lo permita Dios, Señor! Eso nunca Te acontecerá."  (23)  Pero volviéndose El, dijo a Pedro: "¡Quítate de delante de Mí, Satanás! Me eres piedra de tropiezo; porque no estás pensando en las cosas de Dios, sino en las de los hombres."
Mateo 16:13-23 

Ahora Jesús no está en el desierto, sino en plena actividad pública, con discípulos, multitudes que le sigue y enemigos declarados que buscaban su mal. Era considerado un maestro itinerante con buen rating.  Como vemos en este otro pasaje, la tentación aquí llegó de labios de Pedro, quien reconoció a Jesús como el Mesías. Sin embargo, después de que Jesús lo afirmó en su declaración, no entendió porque el Mesías tendría que ir a Jerusalén para sufrir, morir y resucitar. Pedro tomó a Jesús aparte y comenzó a reprenderlo: "¡No lo permita Dios, Señor! Eso nunca Te acontecerá." Pero Jesús no se dejó amedrentar, inmediatamente reconoció de dónde provenían estas palabras, esos deseos de no asumir el camino del Mesías sufrimientos. El diablo aquí volvía a plantear la duda, la oportunidad de ser el Hijo de Dios pero por otro camino sin sufrimiento. "¡Quítate de delante de Mí, Satanás! Me eres piedra de tropiezo; porque no estás pensando en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.". La tentación es no pensar en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.
                        
Lo que los evangelistas nos dejan ver en esta narración hunde sus raíces en la historia de la salvación de Dios. En Jesús vemos al verdadero o nuevo Adán, que se mantiene obediente a Dios y trae salvación para todos los seres humanos. Pablo, en su primera carta a los Corintios dijo: Porque ya que la muerte entró por un hombre, también por un hombre vino la resurrección de los muertos.  (22)  Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.” (1 Corintios 15:21-22) 

En la victoria Jesús a las tentaciones, vemos al  verdadero Israel de Dios manteniéndose fiel al Dios del pacto. A diferencia del pueblo de Israel. Como sabemos, los israelitas que Dios liberó de Egipto usando a Moisés, fueron al desierto de camino a la tierra prometida. Sin embargo, dudaron de que podían poseerla y hablaron contra Dios. Como consecuencia, tuvieron que andar por el desierto cuarenta años. Por lo tanto, es en Jesús que Dios cumple las promesas hechas a Abraham (Génesis 12) de ser bendición para todas las familias de la tierra.

¿Qué tienen que ver las tentaciones con nosotros, los discípulos de Jesús? Las tentaciones nos dejan ver los intentos del diablo para que Jesús renuncia a la forma en la que Dios hace las cosas para elegir nosotros mismos los medios. Considero que si para Jesús la tentación fue en su identidad como Hijo de Dios y Mesías, las tentaciones para nosotros son en dos sentidos diferentes: uno comunitario y otro personal. El comunitario tiene que ver con nuestra identidad como parte de la iglesia de Dios. La iglesia como cuerpo de Cristo, que recibió las enseñanzas de Jesús y la misión de hacer discípulos seguidores de Jesús el Mesías. En segundo plano es personal, y tiene que ver con las tentaciones que nos llegan a causa de nuestras propias pasiones desenfrenadas no sujetas al señorío de Jesús.



Las tentaciones como iglesia

Si Jesús fue tentado en los medios usados para expresar su identidad y misión. La tentación para la iglesia no resulta diferente. Cada generación se ve tentada a “usar” ciertos medios para llevar a cabo la misión de hacer discípulos. Algunos de esos “medios” pueden ser muy sutiles y demostrar orgullo, soberbia, o el poder. “Si tan sólo tuviéramos un edificio más grande, sería más atractivo”, “Si tan sólo nuestro equipo de luces y multimedia fuera más moderno…”, “Sin tan sólo tuviéramos más dinero…”, “Si tan sólo tuviéramos apoyo de un partido para…”

De la tentación de convertir las piedras de pan Henri Nouwen dice:
“Se trata de una tentación de ser competente, de hacer algo necesario y que pueda ser valorado por la gente; la tentación de hacer de la productividad la base… Se nos hace creer de mil maneras que somos aquello que producimos.”

Eugene H. Peterson comenta de la primera tentación:
Es la tentación de lidiar conmigo mismo y con los demás, primero como consumidores. Es la tentación de definir la vida en términos de consumo y luego diseñar planes y programas para lograrlos "en el nombre de Jesús".

Acerca de la tentación de dominio de hacer algo espectacular para ser rescatado por Dios y reconocido como Mesías,  Nouwen comenta:
“La segunda tentación que afrontó Jesús y que afrontamos también nosotros es la tentación de ser espectaculares. El diablo llevó a Jesús a la ciudad santa, le puso de pie sobre el alero del templo y le dijo: Tírate abajo…. Es la tentación de forzar a Dios a responder acudiendo a lo inusual, lo sensacional, lo extraordinario, lo inaudito… y así obligar a la gente a creer.”

Peterson dice de esta:
La temperación es embarcarse en una carrera de circos milagrosos. ¿Y qué podría ser mejor que una carrera Dios-milagros, milagros religiosos, muchedumbre entretenida, suministrando éxtasis a demanda?

Para la tentación de la adoración a cambio de los reinos de la tierra Nouwen dice:
“fue la tentación de ser poderoso”

Mientras que Peterson dice:
“la tercera tentación: gobierna el mundo”

La tentación para la iglesia de Jesús es llevar a cabo la misión usando el poder y acomodándose  a la cultura. Cada oportunidad que se nos presenta, por buena que sea, de que nuestra congregación local lleve a cabo su misión de otra forma en la que la hizo Jesús es una tentación. La iglesia de Cristo no necesita más dinero, más poder, más espacios, más recursos para llevar a cabo su misión. Necesita lo que ya tiene, la Palabra, el Espíritu, la provisión, cuidado y seguridad de Dios está estableciendo su Reino.

Las tentaciones personales

El tema de las tentaciones a nivel personal también están relacionadas con nuestra identidad, en cómo vivimos en el día a día nuestra realidad de Hijos e Hijas de Dios. Pero también con una realidad de pecado. Santiago dice: “Que nadie diga cuando es tentado: "Soy tentado por Dios." Porque Dios no puede ser tentado por el mal y El mismo no tienta a nadie.  (14)  Sino que cada uno es tentado cuando es llevado y seducido por su propia pasión.  (15)  Después, cuando la pasión ha concebido, da a luz el pecado; y cuando el pecado es consumado, engendra la muerte. (James 1:13-15).  La tentación siempre recae en querer vivir de la salvación y la nueva vida que tenemos por el sacrificio de Jesús sin sus consideraciones éticas de amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas nuestras fuerzas y con toda nuestra mente; y a nuestro prójimo como a mí mismo. Nos vemos tentados a pensar más  o sentirnos mejores frente a los demás. Nos vemos tentados a relacionarnos con las personas como objetos en beneficio propio. Nos vemos tentados a considerarnos el centro del universo. Nos vemos tentados a querer hacer nuestro destino nosotros mismos. Nos vemos tentados a esconder nuestras fallas y vernos fuertes. Nos vemos tentados a desconfiar del cuidado y provisión de Dios para nuestras vidas. Nos vemos tentados a creer las mentiras que nos dicen de nosotros mismos.

Antes de terminar debemos recordar que previo al desierto, Jesús fue bautizado y el Espíritu descendió sobre él. Quienes hemos aceptado a Jesús como el Mesías, como  Señor y Salvador hemos también recibido de su Espíritu para ser testigos suyos (Hechos 1:8). Pablo dijo a los creyentes de Éfeso: “En El (Jesús) también ustedes, después de escuchar el mensaje de la verdad, el evangelio de su salvación, y habiendo creído, fueron sellados en El con el Espíritu Santo de la promesa,  (14)  que nos es dado como garantía de nuestra herencia, con miras a la redención de la posesión adquirida de Dios, para alabanza de Su gloria. (Efesios 1:13-14).


Ni como Iglesia ni personalmente estamos solos cuando la tentación nos asedia. El Espíritu Santo está en nosotros para ayudarnos a resistirla y vencer, así como Jesús la venció. Amén.  

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