sábado, 7 de diciembre de 2013

"La adoración no es algo que se experimenta sino que es algo que hacemos..."



Aunque provengo de una familia cristiana con trasfondo pentecostés, no soy el ejemplo más adecuado para un cristiano efusivo en las reuniones. Disculpen ministros de alabanza si no grito, levanto mis manos, salto o danzo cuando me lo piden desde la plataforma, muchas veces no “siento” necesidad de hacerlo y muchas otras, la gran mayoría, aunque dicen que es la forma de adorar, les desobedezco conscientemente y sin remordimiento. Perdón por no seguirles la corriente. Sin embargo, procuro reconocer que tengo un cuerpo y que adoro con él, extendiendo mi mano, inclinar la cabeza, eso lo aprendí en los libros de maestros como Henri Nouwen y Michel de Certeau. En fin. 

El problema no es seguir la corriente, sino que los otros suponen que al no hacerlo no participo en la adoración, que al no gritar, saltar o llorar no adoro, o por lo menos no fervientemente. Sí experimento sentimientos al compartir con todos estos momentos de música pero pienso que son, la mayoría de las veces, mi reacción al escenario montado de la música y forma parte más de una reacción comunitaria que tal vez la Psicología o Mercadotecnia podrían explicar mejor. 
Hace unos meses me regalaron el libro El camino de Jesús. Una conversación sobre las diversas maneras en que Jesús es el camino de Eugene H. Peterson, Editorial Patmos, si ustedes pueden conseguirlo es una lectura bastante enriquecedora y desafiante en la vida cristiana. Mientras leía llegué a una parte sumamente interesante que trata sobre el punto descrito en los primeros párrafos.  
El propósito del autor es “una conversación sobre la espiritualidad propia de las como Jesús es el Camino". Es decir, Jesús como el modelo de nuestros medios para alcanzar la meta. Esto lo explica con un contraste entre el Jesús como la verdad y Jesús como el camino, citano a Juan 14:6, en su opinión, la idea JESÚS LA VERDAD es mucho más fácil de aceptar y seguir, pero no precisamente la más certera. La idea es simple, JESÚS LA VERDAD lo hemos convertido en un concepto abstracto, despersonalizado y del cual podemos desligarnos, dominar y manipular; en cambio JESÚS EL CAMINO es vivir como Jesús en nuestra cotidianidad, es personal y relacional. La metáfora camino apunta a cómo seguimos a Jesús, nos atrapa y obliga a responder con nuestra propia vida. JESÚS EL CAMINO es replantear los medios para alcanzar el fin, si el fin es el REINO DE DIOS, los medios son JESÚS, es decir, el REINO se alcanza siendo como Jesús, siguiéndole, por lo tanto, el libro es un cuestionar nuestras formas, métodos y técnicas para reconocer si éstas se parecen a lo que Jesús es o si simplemente estamos siguiendo otro camino.
Salvo que en otra ocasión escriba algo más sobre el libro, por el momento me gustaría compartir aquí ideas tomadas del capítulo 5: “Elías: “Ecóndete en el arroyo de Querit”, específicamente del subtema dedicado a Baal, espero al final poder aclarar por qué elegí esta porción.
En este apartado de su libro, Peterson se concentra en el pasaje del Monte Carmelo (Crónicas 18), en el encuentro entre Elías y los 450 profetas de Baal, cuando se preparan dos altares para reconocer quién es el Dios verdadero mediante la respuesta de Jehová o Baal por fuego que consuma los sacrificios. A continuación señala la forma de adorar de los profetas de Baal, quienes inflaman y exacerban sus sentimientos danzando, gritando y sangrándose: “la trascendencia de la deidad se reduce al éxtasis de las emociones manipuladas”, en ese tipo de culto se exhibe la participación de los sentimientos. Se hace un show sensacional para atraer al pueblo que observa e incorporarlos al teatro para responder de forma masiva a este culto manipulado. Pero este tipo de llamado no tiene éxito, Baal no responde. 

En cambio, el profeta de Dios, Elías, se ve austero ante la pompa de la competencia. A diferencia del otro equipo, él no danza, grita ni se lastima, él ora de forma tranquila y breve, mostrando así la diferencias abismales que nos ponen los pelos de punta: “en el culto a Jehová algo se dice: son palabras que llaman a hombres y mujeres a servir, amar, obedecer, cantar, adorar, actuar con responsabilidad, decidir. El culto auténtico implica el estar presentes al Dios vivo que penetra toda la vida humana. La proclamación de la palabra de Dios y nuestra respuesta al Espíritu de Dios toca todo lo que está involucrado en el ser humano… la participación de los sentidos no queda excluida… se expresa en la solidaridad comunitaria… en la liturgia… el silencio solemne”. En conclusión: “Por más rica y variada que sea la vida sensorial, siempre está definida y ordenada por la palabra de Dios. Nada se hace simplemente para el bien de la experiencia sensorial involucrada. Esto elimina toda manipulación propagandista y emocional”.
Después el autor relaciona esto con su contexto norteamericano que nosotros tanto copiamos, al menos en la comunidad donde asisto. La “experiencia de adoración” no es necesariamente “adoremos a Dios”, el autor explica la diferencia “la experiencia” tiene sentido para una persona a diferencia de la “adoración”, que tiene sentido para Dios. Es decir, en el culto no busco satisfacer mis necesidades emocionales, descargar mis energías. “En la experiencia de adoración la persona ve algo que la entusiasta y la comienza a rodear con envolturas espirituales”. Se conectan sus emociones con lo supremo, esto significa, que la adoración parte de mí y termina en un marco religioso.

“El pueblo de Dios con formación bíblica no usa el término “adoración” como la descripción de una experiencia” El uso bíblico para ese término se refiere a “la respuesta a la palabra de Dios en el contexto de la comunidad del pueblo de Dios”. En términos bíblicos, “la adoración no es algo que se experimenta sino que es algo que hacemos, sin tener en cuenta cómo nos sentimos al respecto o si siquiera sentimos algo. La experiencia se desarrolla a partir de la adoración y no al revés”. Remata esta idea la conclusión: “En el único lugar del mundo bíblico donde sabemos que se alienta la “experiencia de adoración” es en el culto a Baal… la adoración a Jehová está definida por la palabra clara y fidedigna de Dios. Nada depende de los sentimientos o el estado del tiempo”.

“El camino de los profetas como Elías es purgar nuestra imaginación de las presunciones de este mundo sobre cómo vivir la vida o qué es lo que cuenta.” Ayudarnos a reconocer las mentiras que hemos asumido y regresarnos al camino, al sendero simple de fe y obediencia  y culto de Dios. En Elías encontramos la capacidad de “discernir los caminos del mundo y Jesús, manteniéndonos firmes en la presencia de Dios”.
Me preocupa que muchos de los llamados cultos de adoración son 90% música, cantos bien ensayados entretejidos con momentos de oración ¡Pero que se desprenden de la letra de las canciones! ¿No les ha tocado estar en el servicio dominical y que de repente están orando la letra de una canción? ¡Ese es el detalle! La manipulación de las emociones es una tentación diabólica; la música de piano de fondo para el llamamiento, la preparación de treinta minutos (o más) de música para el momento de la Palabra. Grandes recursos y tiempo para equipos de alabanza y pobres o mediocres exposiciones bíblicas como predicación. No estoy en contra de los tiempos de alabanzas en la liturgia, no, pero sí en convertirlos en la prioridad.
El que tiene dones para la música, ¡úselos! Pero sométalos a la Palabra; los que disfrutamos de la música, hagámoslo pero no la convertíamos en mediadora entre Dios y los hombres. La adoración tiene que ver todo con Dios y no en cómo nos debemos sentir. Pensemos el próximo domingo cuál es la actitud de nuestro corazón para asistir, vamos para sentirnos bien disfrutando de un momento de éxtasis comunitario o para responder juntos a la Palabra de Dios que escuchamos. En conclusión, no usemos el culto para servirnos a nosotros mismos sino para responder juntos al Dios que nos sigue hablando. 


jueves, 5 de diciembre de 2013

Génesis de la gracia



Desde siempre me gustan las grandes narrativas, tengo una fascinación por los macrorelatos con intenciones de omnisciencia que dejan de lado ningún detalle, por el contrario, los abarcan todos desde todas las perspectivas en una misma historia, al mismo tiempo. Esto puedo reconocerlo en mí desde una temprana edad,  cuando niño jugaba usando la mayoría de mis juguetes imaginando escenarios completos, una ciudad, una batalla, una rebelión, etc. Por supuesto, me gustaba tener el control de todos los personajes y sus situaciones, por lo regular cada muñeco tenía su propia historia y no la modificaba, solo cambiaba las situaciones donde se desenvolvía. Sin embargo, mi hermana, años más chica que yo, también deseaba participar del juego y no siempre era favorable para mí porque estropeaba el acomodo de los juguetes, les inventaba otra historia, los villanos eran buenos, los buenos malos y otros cambios similares. Su intervención destruía el mundo que esa tarde imaginé para divertirme.
                Pienso que ese gesto de destrucción es el mismo que se representa en el libro de Génesis, en capítulo 1 y 2 vemos a Dios creando todo forma armónica y perfecta a partir de la nada, usando únicamente su Palabra como medio creador. Termina ese episodio de perfección con los seres humanos, hombre y mujer, creados para vivir en relación con Dios, hechos a su imagen y semejanza, y con el mandato cultural de transformar la creación y para gobernar, en nombre de Dios y de la forma que Dios reina, la tierra creada por él.
                No obstante en capítulo 3 se desata la tragedia de la humanidad, el mal, representado en forma animal, por lo tanto parte de la creación divina y no como un ente ajeno a la voluntad creadora de Dios, logra hacer dudar a los seres humanos de la confiabilidad en la Palabra de Dios “No comerás del árbol del bien y del mal”. Bajo la promesa de “llegarán a ser igual que Dios”, los seres humanos desobedecen a su Creador, se rebelan ante su hacedor, usurpan el papel de Dios para establecer que es el “bien” y el “mal”. Las consecuencias de esta rebelión son catastróficas, la armonía que disfrutaban los seres humanos en el jardín donde su Creador los puso se rompió, todas las relaciones se quebraron, la de la humanidad con Dios, la de los seres humanos entre sí y la de ellos con la naturaleza.
                Parece que del capítulo 3 al 11 el autor, autores o compiladores de Génesis se esfuerzan por demostrar las consecuencias de la rebelión, pero estas consecuencias nos las cuenta por medio de historias, desde el asesinato de Caín, pasando por el diluvio, hasta la Torre de Babel se nos dan pistas para reconocer que algo anda mal con los seres humanos y que ya no son más que la sombra de lo que debieron ser. No obstante, en cada momento que se muestran los efectos destructivos de la rebelión también se hace evidente destellos de la gracia divina que intercede a favor de sus creaturas, solamente el incidente de la Torre de Babel no tiene esta pista que forma un patrón: pecado-juicio-gracia. Además se presentan las historias de personas, el linaje de Caín que termina con Dios dispuesto a juzgar la tierra por la maldad de los seres humanos; y el linaje de Set que nos lleva  a Noé, quien “halló gracia ante los ojos del Señor” y a través de él, sobreviviendo al diluvio, nos encontramos con Abraham en el capítulo 12. Génesis capítulo 11 termina con una radiografía con resultados devastadores, el pecado, el usurpamiento del derecho de Dios de hacer las reglas, y sus consecuencias devastadoras no ha sido eliminado, aún después del juicio de Dios por medio del diluvio. La última historia de esta sección nos habla de una torre “tan alta como el cielo” que los seres humanos construyen para “hacerse un nombre”, el momento más culminante de la arrogancia de las creaturas creadas en el sexto día. Un rechazo total de Dios por parte de la incipiente sociedad.
                No obstante, no todo parece estar perdido, leyendo con detenimiento estos mismos capítulos cualquiera puedo notar los pequeños actos de gracia que revelan a Dios obrando calladamente en la historia humana para resolver el problema de la humanidad.
3:15 Dios promete que de la descendencia de la mujer alguien aplastará a la serpiente
3:21 Dios hizo vestiduras de piel para los seres humanos y los vistió
3:24 Dios expulsa a Adán y Eva del jardín y le impide el acceso al árbol del bien y del mal para que no lo tomen y así provocar que su estado corrompido perdure de esa misma forma para siempre.
4:6 Dios busca a Caín.
4:15 Dios pone una señal en Caín para evitar que lo maten.
5:24 Dios toma a Enoc
6:3 Dios pone límite a la vida de los seres humanos
6:8 Noé halla gracia ante Dios
7:16 Dios cierra la puerta del arca construida por Noé.
8:1 Dios envió un viento para que bajen las aguas del diluvio.
8:21 Dios promete no destruir más la tierra y establece una alianza para no destruir de nuevo toda la creación.
9:1 Dios bendice a Noé y su familia
12: 1 Dios llama a Abraham y le hace una promesa

Como podemos ver, Génesis nos habla de dos comienzos, el de la creación y la humanidad, y el de Abraham y su familia que se convertirán en un gran pueblo con una relación especial con el Dios creador.
No espero haber hecho una gran hermenéutica de estos pasajes, sino simplemente tomar nota de detalles para llamar la atención en algo que se me ocurrió llamar el Génesis de la Gracia, no estoy seguro que haya leído ese título, por lo que lo supongo original, pero si alguien, como seguramente sucede (no hay nada nuevo bajo el sol), ya lo vió, escuchó o leyó en otra parte, les suplico por favor disculpen.

En resumen, en el libro de Génesis (a manera de comentario, tampoco vimos nada sobre el autor/es o compiladores, ni estilo literario, etc.) vemos a Dios como creador (Gn1), estableciendo el modelo de vida en su creación (Gn2), la desobediencia y rebelión de los seres humanos (Gn3) y las consecuencias de este acto (Gn 3 - 11). Pero no solemnte eso, sino también todos los actos de gracia que enumeré anteriormente, donde vemos sí el juicio de Dios castigando la desobediencia, pero también su interés de resolver el problema de raíz para restablecer, de nuevo, todo, a su propósito original (que cumplirá en Jesús).
El Génesis de la gracia es reconocer que desde el principio ha sido Dios el más interesado en buscarnos, aún cuando nosotros somos los rebeldes y el más comprometido en que ese encuentro suceda.  La división que existe en los libros de la Biblia en Antiguo y Nuevo Testamento no delimitan la Gracia a Jesús y su mensaje en el NT, sino que lo culminan como la gran narrativa divina de Dios desde Gn 3, con la promesa de un descendiente de la mujer. Por lo tanto, la Ley no precede a la gracia, sino que existe una Ley para los que han experimentado la Gracia, solo aquellos que han experimentado la gracia de Dios son invitados a vivir sometidos a su voluntad en obediencia bajo la bendición de Dios, tal como lo debió ser.



domingo, 10 de noviembre de 2013

¿Qué saliste a ver?

Hay una característica del Reino, ese término que parecería ambiguo pero que Jesús convirtió en el centro de su predicación “El tiempo se ha cumplido, el Reino de Dios se ha acercado, arrepiéntanse y crean el Evangelio”. El predicador de Galilea trastorna al mundo con su mensaje. El que quiere ser el mayor que sirva a los demás, los primeros serán los últimos, el maestro limpia los pies de los discípulos.

¿Qué saliste a ver?
Hace tiempo leí el libro Adolescencia, posmodernidad y escuela secundaria. Los autores explicaban como en el pasado el estereotipo de éxito eran el hombre adulto que alcanzaba con el esfuerzo y trabajo sus metas. Sin embargo ahora el adolescente es está en la punta de la pirámide, todo gira en torno a ellos, la mercadotecnia los tiene como primer objetivo y modelo. Ser joven es la imagen deseable, una persona sexy, libre, saludable y atractiva, de tal forma que hombres y mujeres adultos “desean” ser como ellos. Eso me ayudó a entender por qué algunos padres y madres de familia visten y actúan cada vez más con sus hijos. El problema, sugieren los autores, es que los jóvenes no cuentan con modelos de personas adultas maduras que les acompañen en ese periodo de duelos y cambios emocionales, psicológicos, físicos y sociales. Independientemente de las interpretaciones teóricas abstraídas de la observación social, ser joven es el deseo de muchos y muchas, ejemplos los hay en todas partes: “la fuente de la eterna juventud, los baños con sangre de vírgenes, el botox, etc.” El mundo se abre para los jóvenes, cuentan con la capacidad de adaptarse a los cambios y hablan el idioma de la tecnología. Recientemente me dijeron en la oficina mis compañeras de trabajo –que tienen la edad de mis padres- “la juventud se impone”. Parece que es cierto. Pero, ¿sucede lo mismo en la comunidad de seguidores de Jesús? En el Nuevo Testamento hay varias cartas de Pablo dirigidas a “jóvenes” colaboradores suyos encargándoles tareas difíciles y de mucha responsabilidad. No obstante, en las sociedades de medio Oriente, como en muchas otras, la edad, o mejor dicho, la vejez es sinónimo de sabiduría. ¿Qué sucede con las y los ancianos? Por fortuna, o como evidencia de la heterogeneidad de la comunidad incipiente de cristianos, también contamos con el testimonio de hombres y mujeres ancianas útiles en el Reino como los jóvenes. Recuerdo las palabras de Pedro: “Yo, anciano también…”. Esto significa que en la comunidad de fe la edad no es necesariamente referente directo de nada y que jóvenes, adultos y ancianos se sirven unos a otros a partir de los dones, talentos y llamados que han recibido de parte del Señor Jesús.

Para el mundo, me atrevo a sugerir (después de una abstracción tal vez grosera por su simplicidad) ser viejo no es la meta deseable. Veo a mi abuelo de 92 años de edad, fuerte y robusto, pero lento en sus pasos, meditativo al observar, al cuidar su alimento, tierno al despedirse y pienso que en los términos productivos actuales personas como él no producen ni dan ganancia, son dependientes de todos nosotros. A mi abuelo le visitan sus hijas durante la semana, necesitan cuidados, oídos para sus historias y paciencia para las conversaciones. Definitivamente ser anciano en términos generales de este mundo consumista o líquido (según el anciano Bauman), es un problema, el fracaso.

¿Qué saliste a ver?

Desde que tengo memoria hay una hermana en una de las comunidades de fe donde mis padres formaron parte hace muchos años cuando era un niño: la hermana Petra, una señora llena de energía y fidelidad por Jesús. Hoy llena de sus años de vida pasa los días en casa, rodeada de su familia que con forme pasa el tiempo cada vez crece más. Le quiero. No pienso románticamente, no pienso que la edad signifique automáticamente sabiduría, hay viejos tercos e inmaduros llenos de experiencias. No obstante, hay vidas que han caminado de la mano con Jesús y que a la vuelta de la esquina, aún sentados, llenos de arrugas y canas, observan serenos y curiosos reconociendo con mayor sensibilidad a Dios en todas las cosas; hablan pausados, sin prisas, conscientes tal vez más que la mayoría, que el tiempo está hecho para el ser humano y no el ser humano para el tiempo. Vidas como tales están llenas de interesantes historias y palabras atinadas a nosotros que todavía corremos con ánimo creyendo que por llegar primero nos comeremos el mundo primero.
La hermana Petra no está derrotada, ya no puede caminar por la fragilidad de sus pies pero sigue soñando y esperando ver entrar por la puerta de su cocina al Señor que tanto ama y con quien desde hace años ya desea ir a descansar. Pero no. Ella permanece aún con nosotros, como fiel testimonio de la fidelidad de Dios. Una vara frágil azotada por el tiempo, curtida por la tormenta o la sequía pero firme y floreciendo con la vida que sólo el Espíritu da. Tal vez su vida formará algún día parte de esa grandiosa nube de testigos que nos observan. Pero no. Por lo pronto sigue con nosotros, caminando, orando para que el Reino se establezca, abriendo su vida llena de amor para recibir a los demás, dando la buena palabra en momento oportuno. ¿Pero qué le roba la paz a una vida así? “Ya no puedo hacer…” al escuchar eso recordé las palabras de John Stott en su último libro El Discípulo radical explica, la vejez nos muestra la fragilidad y dependencia que tenemos de la comunidad, pero, concluía el Tío John, “todos somos carga de todos”, al menos en la comunidad de fe. La hermana Petra ya no puede correr pero sigue siendo útil para el Señor, “ya no puedo hacer mucho, sólo orar”. ¡Sólo orar! Y le creo, en la conversación hablaba con tanta naturalidad de su vida devocional, “Estaba limpiando y le decía al Señor…”, “En la tarde le dije…” “Se burlan de mí, pero yo le digo, Señor…”. Su vida no intenta aparentar, no oculta las dificultades de seguir a Jesús, no se limpia las lágrimas del dolor que experimentan los que sufren las perdidas, sus manos cansadas no son impecables, gritan la vida de esfuerzo y trabajo por el evangelio y los que ama, su casa aún está abierta para quien pasa, esa misma sala que ha sido centro de rehabilitación, iglesia, hospital pero sobre todo hogar para los que vienen y van.  La mirada de una vida de lucha y oración el tiempo no la puede ocultar, por el contrario, la resalta.

¿Qué saliste a ver?

Estoy convencido que las charlas con las o los viejitos son más que buenos momentos para reírnos o escuchar historias viejas o recicladas. En la comunidad de fe deben formar parte no excluidos, estar ahí para solicitarnos que repitan por favor de nuevo lo dicho por no escuchar, obligarnos a transformar los espacios para hacerlos amigables con sus rodillas, recordarnos cómo era la vida, los éxitos y fracasos en los años previos a nosotros, aconsejándonos a partir de otro momento de vida, regañándonos por la pérdida de cosas valiosas y consintiéndonos con su amor inexplicable hasta que Dios quiera llevarlos a donde sólo él puede darles el descanso por ellos anhelado. Dios quiera algún día pueda llevar tantos años en los bolsillos que ya no me importe contarlos y me convierta en un viejito canoso o calvo que pida hablar más alto; solicite más rampas y menos escalones; recuerde historias de este tiempo en un futuro lejano; aconseje con más tino del que ahora poseo; regañe con más amor y tacto; y consienta con más sabiduría.
Supongo que en la vejez habrá que aprender de qué es tiempo, como dijo el Eclesiastés. Por el momento, esta tarde, la hermana Petra y yo nos despedimos escuchando la canción de Santiago Benavides “Cuando estemos viejos, calvos, gordos”, mientras ella, con mi Ipod en su oído sonreía conforme pasaba la canción y decía: Amén… Amén.
  


viernes, 4 de octubre de 2013

Al desierto se asiste por invitación



El desierto es un sitio de soledad y silencio a donde generalmente no se va por iniciativa propia sino por invitación de Dios. Estamos rodead@s de personas, pendientes, agenda, etc. que pocas veces permanecemos en silencio y soledad, incluso, podemos estar aturdidos o gritando en Internet aun cuando en un cuarto no haya otra persona. Al desierto se asiste por invitación y es difícil rechazarla, es cuestión de discernimiento para entenderse dentro de él. ¿Qué haré ahora?
Henri Nouwen dice que en “la soledad puedo desmontar mi andamiaje: nada de amigos con quienes charlar, nada de llamadas telefónicas, nada de asistir a reuniones, nada de música ambiental, nada de literatura evasiva, sino tan sólo yo desnudo, vulnerable, débil, pecador, desposeído, roto, mi nada. Es precisamente esta nada lo que tengo que afrontar en mi soledad, una nada tan terrible que todo en mí clama por amigos, mi trabajo y mis distracciones, de modo que pueda olvidarla y convencerme de que valgo algo. Pero esto no es todo. En cuanto decido quedarme en mi soledad, hay ideas confusas, imágenes perturbadoras, fantasías incontrolables y asociaciones absurdas que saltan en mi mente como monos en un banano. La cólera y la avaricia comienzan a mostrar sus horribles semblantes. Hablo larga y hostilmente a mis enemigos y tengo sueños lujuriosos en que aparezco rico, influyente y muy atractivo –o pobre, feo y necesitado de consolación inmediata-. Trato así otra vez de escapar del abismo tenebroso de mi vida y recomponer mi yo falso con toda su vanagloria.” 


Sufrí un accidente vehicular, alguien irrumpió en nuestro carril y nos golpeó de frente, salí del automóvil sin complicaciones, caminando, sin dolor. Todo fue confusión, nerviosismo y miedo. Posterior al trauma del accidente y las diligencias legales mi cuerpo resintió lo inevitable. Algo en mi cuello no estaba bien, no obstante no le di importancia y, a pesar de asistir al médico, dentro de mí me decía que todo estaba bien y podría continuar la vida como si nada al día siguiente. Me equivoqué. Dios nos guardó de algo peor, sí, pero no de las consecuencias naturales que un impacto de esa naturaleza afecta a nuestro cuerpo, mi cuerpo. Naturalmente los médicos recomendaron reposo y descanso. Quedé “en la banca”, fuera de la jugada. Recluido en casa, sin poder asistir, planear o supervisar. Pero ¿Por qué le tenía miedo a esto? ¿Por qué algo dentro de mí me impulsaba a aminorar los daños y salir por la puerta a enfrentar el mundo?   Fue todo esto lo que desencadenó una serie de preguntas cuyas respuestas no eran sencillas, por lo tanto, guiado por Espíritu que penetra lo profundo de nuestros corazones, las respuestas fueron mostrando aquello que no se quiere ver y mi necesidad de Jesús.
Imágenes corrompidas del  liderazgo.
Desde hace tiempo he mostrado una actitud escéptica al concepto de “líder” usando en las comunidades de fe, es un “cargo” que no escuchaba en la iglesia cuando era niño, las palabras en ese entonces eran “párvulos”, “intermedios”, “jóvenes”, “dorcas”, varones”, “diácono”, “pastor” y “obispo”. Ahora las iglesias están llenas de líderes y cada vez más esa palabra define un “puesto” que una actitud. ¿De repente nos surgió la necesidad de sobresalir? Se habla de “liderazgo de servicio”, como el “primero en hacerlo”, el primero aquí, el primero allá. Incluso, liderazgo no sé si viene del todo implícito con “responsabilidad”, en síntesis, una división del trabajo, las obligaciones y los beneficios. Pero no cometeré el mismo error que observo en algunas comunidades: traer la jerga y terminología de la administración al cuerpo de Cristo. En ese sentido buscando una palabra en el Nuevo Testamento que nos ayude en este sentido leo que al referirse a los seguidores de Jesús, se usan palabras como “iglesia” o “discípulos”, el término cristiano se emplea solo tres veces en el Nuevo Testamento. John Stott explica esto de la siguiente forma: “En cierta forma, uno desearía que la palabra “discípulo” hubiera continuado en su uso a lo largo de los siglos, a un de que los cristianos fueran conscientes de su condición de discípulos de Jesús y tomaran con seriedad la responsabilidad de estar “bajo disciplina”.
Menciono esto porque pienso que la iglesia y la subcultura evangélica han producido discursos, tradicionales o innovadores, no enraizados en el evangelio. Se reproducen imágenes donde los discípulos son líderes y éstos son definidos con base a una lista de cotejo donde se indican sus características y funciones. Aquellos que amamos a Jesús y deseamos seguirle con toda nuestra vida habremos de anhelar ser discípulos en lugar de líderes. Ya tenemos un maestro, un Carpintero de Nazaret.
El discípulo de Jesús no puede hacer todo ni sabe hacerlo todo. Filipenses 4:13 no es una palabra mágica ni garantía de Dios para esto, léase en su contexto.
El discípulo de Jesús no puede ir sólo. El evangelio no es para llaneros solitarios, es un llamado en comunidad por el Dios comunidad para hacernos un pueblo y anunciar juntos el evangelio al mundo.
El discípulo de Jesús no puede estar bien siempre, y no debe sentir la necesidad de estarlo. Detrás de esto se puede esconder una mentira diabólica de autosuficiencia con la que no se puede pretender seguir a Jesús. Además, el discípulo de Jesús no está ajeno al mundo, está en el mundo y es enviado al mundo por Jesús, pero no es del mundo. Sin embargo a veces experimentamos el dolor e injusticias de un mundo caído y en franca oposición a Dios.
El discípulo no siempre tiene que  hacer para los demás, de hecho no necesita hacer, en Marcos 3:13 Jesús llama a sus discípulos para estar con él,  y después de esto son enviados, el llamado por lo tanto es para estar con Jesús como prioridad y no para hacer. La iglesia es el cuerpo de Cristo donde todos somos ministrados unos a otros, pastoreamos y somos pastoreados, velamos por los demás porque también alguien vela por nosotros. Una hermoso cuadro de la primera comunidad lo presenta Lucas en Hechos 2: 43 “Todos los que habían creído estaban juntos y tenían todas las cosas en común; 45 vendían todas sus propiedades y sus bienes y los compartían con todos, según la necesidad de cada uno. 46 Día tras día continuaban unánimes en el templo y partiendo el pan en los hogares, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, 47 alabando a Dios y hallando favor con todo el pueblo.”
Mis preguntas desde “la banca” no eran porque estaba intranquilo con el Señor o su Palabra, sino con mis propios prejuicios, la imagen corrompida del discipulado cristiano. Ese estar fuera no era una reacción piadosa sino los berrinches de mi pecado de autosuficiencia. ¿Pero por qué Dios la permite? Es una muestra de su amoroso cuidado. En el desierto, diría Nouwen nos salta nuestra propia humanidad, “Entramos en la soledad primeramente para estar con nuestro Señor, y sólo con Él. Nuestra primera tarea en la soledad es, entonces, no prestar atención excesiva a los muchos rostros que nos asedian, sino mantener los ojos de nuestra mente  y corazón en el que es nuestro divino Salvador.”   
  
Estamos tan llenos de fragilidad como de eternidad.
Puedo soportarlo todo, estoy bien, debo estar bien. El accidente me mostró que definitivamente estaba equivocado, soy más frágil de lo que yo mismo imaginé. ¿Por qué Dios no nos creó con una coraza para proteger nuestro pecho o la cabeza? Creo que el plan original no incluía la violencia. Aquí hay algo que el Señor habla a mi vida: No eres invencible, no eres el paladín del Reino, es Jesús, yo soy vaso de barro, frágil, polvo. La lesión me incapacitó algunos días, me impide desarrollarme con independencia en mis actividades cotidianas familiares, laborales, ministeriales, etc. incluso me detiene a andar a una velocidad lenta, portando un collarín mostrando a todos mi necesidad de este instrumento en mi cuello para evitar provocarme un daño más severo. Mi independencia fue destrozada en un instante y no supe cómo. Estos días dependo de otr@s, no a partir de mi lesión, sino que ésta me hace consciente de cuánto lo he sido en mi andar diario a pesar de mi autoengaño de ser plenamente independiente. “Baja las escaleras con cuidado, no subas demasiado rápido, no puedes hacer esto, despacio Abdiel, despacio”. John Stott al hablar de dependencia explica muy bien que la imagen del discípulo de Jesús pocas veces tiene la connotación de dependiente, las iglesias refuerzan la idea de un líder fuerte, autónomo, dispuesto a guiar, cargar y andar siempre por sí mismo. Es una mentira diría Stott, “La negativa a depender de otros no es una marca de madurez sino de inmadurez… Todos hemos sido diseñados para ser una carga para otros”. El ejemplo de dependencia máximo es Jesús, que viene al mundo y nace, ¡el bebé que llora en los brazos de esa jovencita es el Creador del mundo!
Pastorear y ser pastoreado
De repente me encontré rodeado de personas que me aman, personas amadas por mí pero ahora ellos viniendo a verme, preguntando sobre mi estado, ofreciendo su ayuda, oraciones. Pertenezco a una comunidad, estoy inserto en una comunidad de fe que se preocupa por mí. Su amor me desarma, me hace llorar. Tiempo para abrazar, hay momentos de ofrecer apoyo y sostén a otros, una oración, un abrazo, pero ahora era tiempo de recibir, de dejarse abrazar, amar, cuidar. Hay que aprender a recibir amor. Dejarse abrazar y cuidar.
Dios no desperdicia nada, usa todo para sus planes, no sé bien cómo ni creo que deba saberlo. Agradezco al Espíritu Santo por mostrar a Jesús en la Palabra, a la comunidad que me ama, pregunta, sostiene. Este tiempo me invita a trabajar mi dependencia de Dios, a arrepentirme de mi pecado de autosuficiencia, a reconocer mi fragilidad y alabar a Dios por el cuidado que tiene de nosotros.
El devocional en la mañana del día del accidente fue en el Salmo 61, y ésta mi oración:
Dios que escuchas, escúchanos y por tu Espíritu haznos orar lo que necesitamos orar, como estos salmos. Gracias porque eres refugio. Me acerco confiado en que debo orar más y preocuparme menos. Síguenos guardando en ti, cuida a Ale, te pido por los estudiantes de Compa Tijuana y por los nuevos, por la siguiente semana y por dirección. Gracias porque Tú nos sostienes en tiempo de desesperación. Amen.


martes, 1 de octubre de 2013

Sus manos



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Nunca hay una señal de alarma si la responsabilidad radica en otra persona, invade tu cotidianidad sin avisar, la arrolla y con su fuerza la transforma, produce un cambio…
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Cuando hay consciencia del daño, pues semejante violencia no puede suceder sin romper ni producir dolor, la adrenalina no siempre permite el trauma. Hay dudas, preguntas, a veces miedo. El otro, si lo hay, es la primera preocupación, una reacción deseable de una persona que todavía valora más la vida por encima de los materiales.
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Reconociendo los daños se procura al responsable, hay una ráfaga de preguntas lógicas con las que bien podría acribillar. Hay confusión, reina el interés, se alzan las palabras, hay estirones y empujes, el dinero es el móvil. Casi nadie dice: “Gracias a Dios”. Tragedia vial a la espera del desenlace.
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Una autoridad se acerca a esperar el mejor postor, se alzan las ofertas, la falsa tranquilidad, una integridad ambivalente, ojos que observan a la espera de palabras y promesas. No reina la paz, un nuevo choque de realidad, la querella se traslada de arena a uno más salvaje.
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Confusión, caos…
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Se despliega una maquinaria de  intimidación, aparecen los hombres con dientes afilados, hacen gala de sus garras, amenazan silenciosamente con una sonrisa maldita. Una danza de gestos y miradas que acribillan ante la complacencia de los juzgados asentados sobre el fango de sus desperdicios. Esta oscuridad que se alimenta de esperanzas nos quiere cubrir, cree poder ganar, tomar la vida y devorarla. ¡No! ¡No! ¿Nos dejarás caer en sus manos Señor? ¿Te complaces en su  maldad e injusticia? Tú nos librarás, es la esperanza llena de luz en esta sala fría e inanimada de condenación.
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Estás de pie, aquí, allá, arriba, abajo, nos abrazas y limpias nuestras lágrimas, burlas los planes de los perversos, te ríes de sus preparativos, frustras su maldad con la ingenuidad del cordero que al mismo tiempo es león. Abres la puerta para brindar salida, con tus manos tiras el cerco, rompes la red de quienes procuraban nuestro mal.
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Paso la tormenta, hay paz, mi dolor en la espalda y tus brazos con los que me cargas, brindas el descanso, nos llenas de nuevo con tu paz, estás aquí, allá, arriba, abajo, nos abrazas y limpias las lágrimas de nuestra cara. Pones nuestra insignificancia delante de nuestra mirada, estamos tan llenos de fragilidad como de eternidad. Humedeces con ternura tus manos para restaurar estos vasos de barro, sonríes, no estamos quebrados, estamos en tus manos.