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UN CAFÉ

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¿Qué tienen estos cafés que nos convocan semana a semana y recrean una atmósfera pacífica que nos embelesan al punto de habitarlos con tanta familiaridad y soltura como para dejarles escuchar nuestros más íntimos secretos cuando los pensamos, escribimos y hablamos por medio de palabras, silencios o gestos? Todos ellos producen un discurso acogedor, cotidiano, familiar, es una catedral hedonista, un antro para refugiarse del devenir que es fuera de sus paredes. Esos cristales protectores que nos ponen a salvo de la rapiña, de la frustración del trabajo, del miedo al otro, del temor a no ser nadie, del hogar con sus problemas, del otro que espera por nosotros. Son una especie de sala continua que nos exenta de la responsabilidad de sostenerla, de limpiarla. Tal vez por eso su éxito. No en vano su multiplicación en épocas violentas. Su seguridad es simbólica, sus productos generadores de identidad, su servicio de Internet gratuito nos permite conectarnos con “los otros” y que están en...

Un consejo que nadie pidió

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  Escribir es la consecuencia directa y tal vez hasta natural de la lectura. La una y la otra no podrían existir por separados, se necesitan.  Y lo peor, ocupan un espíritu inquieto (como el que empiezo a creer que posees) que los una. De fondo, lo que esto demuestra es la imagen de Dios en nosotros. Por lo tanto, con el poder de la palabra y la escritura interpreta el mundo, cántale, grítale con enfado, susúrrale, invoca al amor, despídelo con frialdad, describe, inventa, destruye, crea. Hay poesía, novela, cuento. Una metáfora pastando las verdes praderas de la imaginación, tómala presa, cómela, descubre la magia que encierra, aprende a usarla; contagia a otro, busca a los que son afines a ti, lloren juntos, rían, canten, dancen a la orilla del mar, en la punta de una montaña, en las banquetas de la ciudad, siéntense a comer, duerman, cuéntense sus historias, imagen juntos, dialoguen, discutan, enfréntense entre sí, ámense, ofrézcanse un abrazo y sobre todo sus palabras...

Algunas veces ocurre así

Se me hace extraño que la primera publicación de este año tenga un tono melancólico (aunque no debería parecerme tan fuera de lo común, ya que ha sido una constante desde antes de abrirlo) propio de una despedida. Pero no una sin esperanza de retorno, de reencuentro. Pero pude dejar alguna nota por aquí o un video por allá para disfrazarme y no lo hice, estoy buscando ser honesto a mi mismo.En fin, no me lo puedo ocultar. Adiós. ¿Estoy triste? ¡No! Estoy más contento por ver a Dios actuar en la historia, en Su historia, de la cual inevitablemente tú y yo formamos parte, aunque la pregunta que sigue en el aire es la siguiente: ¿Nosotros formamos parte de una historia en común? Vaya inicio intenso de año. No puede ser mejor.

Contar nuestros días

El tiempo se nos va de las manos, no estoy seguro si su paso nos va quitando la vida o por el contrario, nos vamos cargando de muchas más experiencias y por lo tanto crecer cansa, y ser viejo es disfrutar ese tipo de cansancio. No sé. Lo único acertado hasta el momento es que conforme pasa el tiempo voy cambiando, pues el tiempo irremediablemente significa cambio. Pero sobre todo significa fidelidad de Dios, que a pesar del caos que puedo ver, creo que en Jesús, su Hijo, está reconciliando todas las cosas con él, y que un día regresará a perfeccionar su Reino. Ya estar por terminar 1 año, el 2011, antes de dejarle ir conviene pensarlo, ¿Pero con qué actitud?, no sé, tal vez lo mejor sea voltear a ver el pasado para explicar el hoy e intentar el cambio mañana. Sí, eso espero. En mi cabeza da vuelta el Salmo 90 Salmos 90 LIBRO CUARTO     La Eternidad de Dios y lo Transitorio del Hombre     Oración de Moisés [ a ] , hombre de Dios.   1 Señor, T...

Son ellas...

Hay algo muy suyo en sus letras cuando las escriben mujeres... esos símbolos interpretan el mundo (re-crean) y contienen su fuerza, ternura, entrega, delicadeza, franqueza y fragilidad... Ahí algunos ejemplos, Angeles Mastreta, Gabriela Mistral, Cristina Pacheco, Lydia Cacho, Sor Juana, Juana de Ibarbourou, Alfonsina Storni... Areli Espinoza, Ale Ortiz, Yicel Espinoza, Melissa Olachea.... +++++++++++++++++++++ Mi boca con un ósculo travieso buscó a tus golondrinas, traicioneras, y sentí tus pestañas prisioneras palpitando en las combas de mi beso. Me libró la materia de su peso. Pasó por mí un fulgor de primaveras y el alma anestesiada de quimeras conoció la fruición del embeleso. Fue un momento de paz tan exquisito que yo sorbí la luz del infinito y me asaltó el deseo de llorar. ¿Te acuerdas que la tarde se moría y mientras susurrabas: "¡Mía! ¡Mía!" como un niño me puse a sollozar?. Alfonsina Storni

El plural singular.

O carta abierta para Ale y Pedro: Los extraño, y me melancolía me lo recuerda, aunque sabíamos que el tiempo – ¡ah! ironías, ese mismo al que juntos tantas veces luchamos por darle sentido- terminaría distanciándonos y que para ese cambio nunca podríamos estar preparados. Pero no nos hemos ido los unos de los otros, nos acompañamos, en menor o mayor medida, en los recuerdos, en el corazón (quiero creer) y en esas ideas tan notoriamente compartidas que al dialogarlas las pronunciamos todos. Pienso que en el fondo sabíamos que sería yo el primero en decirlo y ponerme cursi. No me importa. En el fondo también esto es compartido. También sé, y casi podría apostarlo, que dirán: “exagerado”. Pero, ¿Y qué? El cambio, el cambio, los cambios. No nos hemos perdido, ¿Podríamos? Nos vemos a la distancia, y eso es bueno. Por lo pronto ahora los “Necesitamos vernos”, se repiten y repiten, amenazándonos con nunca cumplirse; las agendas, los compromisos que no se empatan. ¿Qué será de nosotros?...

Preparando la salida...

Algunas ocasiones no entiendo lo precipitado de los tiempos, los cambios bruscos, las ausencias, ¿la cercanía de la soledad?, más las ausencias. Sé que todo cambia, que el cambio nos cambia y terminamos cambiados incluso a nosotros mismos. Después de todo. Nunca somos el mismo más que en él. Termina un año, pero el tiempo cronometrado no lo es todo, no determina los ciclos, los procesos, es mecanizado, un gesto más de nuestra soberbia por llevar el control. No me he quedado tirado lamiendome las heridas, no, ¡Nunca más! Ahora estoy de rodillas ante Cristo, a quien pertenezco, esperando que su paz destile y penetre mi pecho, cubra mi mente, tranquilice mis emociones. Este torbellino de acontecimientos que demandan la vida es el camino que he decidido seguir porque es por donde Jesús me llama, cuesta, sí, claro. Me desesperan aquellos que quieren quitar el sufrimiento por seguir a Cristo. ¿Somos unos estoicos amigos míos? No, ¿Ellos son hedonistas? No lo sé. No quiero clasificar, sino d...